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17 de junio de 2008


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México podría ser incapaz de satisfacer la demanda de veinte litros de agua diarios por habitante

La guerra por el agua

Jesús R. Cedillo



Futuras generaciones.
Es urgente para ellos lograr hoy un uso racional del vital líquido

El Plan Nacional de Infraestructura del presidente Calderón dedica doscientos mil millones de pesos a programas de agua potable
y saneamiento; para abatir el rezago se necesitan ciento treinta mil más: expertos. Las fuentes hídricas de nuestro país
se ubican entre las peor calificadas a escala mundial,
revela estudio de Naciones Unidas


Felipe Calderón.
El presupuesto no alcanza

Este reportero lo leyó hace buen tiempo en el diario regiomontano El Norte. Era un cintillo arriba de su cabezal, entrecomillada la sentencia, voy a citar de memoria: “En el futuro habrá guerras por el agua: Miguel de la Madrid.” Nada más profético, nada más devastador, lo cual, al día de hoy, se está cumpliendo con frialdad mortal.
Era el sexenio de un presidente al cual se consideró en su momento un hombre gris, sin matices, pero que dejó una frase célebre para la eternidad. La guerra por el agua está en el mundo entero y nos engulle a todos. La disputa por el vital líquido ya comenzó y es motivo de conflictos internacionales y nacionales (guerras intestinas): México y los Estados Unidos, Tamaulipas con Nuevo León, Sonora con Sinaloa y el Estado de México con el Distrito Federal.
Pero, lo más preocupante, señala un estudio realizado por la Confederación Nacional Campesina (CNC), es la ausencia de una política de Estado para su uso racional, su preservación y seguridad de abasto para las futuras generaciones. Luego vendría una frase demoledora: De no hacerse algo, en menos de treinta años todo el territorio mexicano podría considerarse zona árida. (El Financiero, 16/5/08).
Otros datos para el horror. Estos proceden de un estudio realizado por la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales. En la clasificación mundial, México está considerado como un país con “baja disponibilidad de agua”; mientras los países con buena disponibilidad de la misma, son Canadá y Brasil.
El estudio hace hincapié en que nuestra nación es en su mayoría árido o semiárido (cincuenta y seis por ciento), en todo el país llueve un aproximado de mil quinientos once kilómetros cúbicos de agua cada año, es decir, el equivalente a una piscina de un kilómetro de profundidad del tamaño del Distrito Federal. Desgraciadamente, de esta “piscina” se evapora el setenta y dos por ciento de su contenido. El trabajo detalla que la necesidad de agua es mucha en el país, acentuándose lo anterior en el norte de México, donde se tiene treinta y seis por ciento menos recursos hidráulicos que en el florido sur.
De ese tamaño es nuestro rezago y de ese tamaño son los retos en una materia tan delicada. No obstante, a pesar del yermo y sombrío panorama, el Plan Nacional de Infraestructura presentado para este sexenio por el presidente Felipe Calderón, contempla inversiones en agua potable y saneamiento por el orden de los doscientos mil millones de pesos.
Sin embargo, al parecer no es suficiente; especialistas en la materia hablan de que para abatir el rezago hay que invertir cincuenta y cinco mil millones de pesos al año, es decir, trescientos treinta mil millones en el sexenio. Cifras de Alejandro Leora Hernández, director de la Comisión de Estudios del Sector Privado para el Desarrollo Sustentable (CESPEDES).
Según CONAGUA, el uso de este componente en México es el siguiente: setenta y siete por ciento para uso agrícola, catorce por ciento para el público, y un nueve por ciento para uso industrial.
Silvano Aureoles Conejo, presidente de la Comisión de Recursos Hidráulicos en la Cámara de Senadores, ha advertido que de no establecerse una política adecuada en la materia (como lo es el saneamiento y distribución organizada), México en un corto tiempo (dos décadas) estará en una situación muy grave, en la cual el consumo de agua por habitante no superará los veinte litros diarios.
Según datos recopilados por el senador, el noventa por ciento de ríos, lagos y cuerpos de agua están muy contaminados, mientras que las autoridades oficiales sólo reconocen que de seiscientos cincuenta y tres acuíferos disponibles en México, ciento cuatro están agotados y contaminados, mientras otro veinte por ciento ya no sirven y no se ha reemplazado. El estudio del legislador pone los pelos de punta: las estadísticas hablan de que en el territorio nacional tenemos un costo de apenas 1.5 a dos pesos por metro cúbico de agua potable, cuando el precio real es de seis pesos.
Y para terminar, las cifras que nos ubican en un pésimo lugar en el ranking mundial en cuanto a disponibilidad de agua: un informe de la ONU sitúa a México en el lugar ciento seis de ciento veinte países, debido a la pésima calidad del agua, por las bacterias, sales y adherencias que presentan los acuíferos del país, debido sobre todo a su explotación.
Bien lo decía el presidente Miguel de la Madrid, en un futuro las guerras serán por agua. Como ejercicio de lo anterior, ¿cuánto cuesta un litro de gasolina y cuánto cuesta un botellín de trescientos cincuenta y cinco mililitros de agua que se vende en cualquier tienda de conveniencia? El contraste tan brutal en el precio obliga a investigar un tema no menor por las implicaciones para los que habitamos la franja norte de la República Mexicana.

Sobreexplotación y desperdicio: Agsal vende espejismos


De la Madrid.
Profecía cumplida

Los vicios son los de siempre: sobreexplotación de los mantos acuíferos, demanda creciente, desperdicio y poca o nula educación de los ciudadanos en el uso del agua; todo lo anterior lleva a un destino compartido del cual se vaticina lo peor: la sed nos puede alcanzar en México y en Coahuila en veinte o treinta años.
En el Informe sobre Desarrollo Humano (Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, PNUD) que se realizó en 2006 y se dio a conocer en 2007, justo antes de la ola que ha llevado al petróleo a niveles de precio de venta estratosféricos, se informaba que en nuestro país costaba más un litro de refresco que un litro de petróleo crudo (ciento treinta y cinco por ciento más).
Aunque al día de hoy el petróleo está en su punto de venta más alto, el consumo de agua para ingesta humana se dispara merced a las altas temperaturas que se abaten en los veranos y primaveras tórridas que se presentan, amparado lo anterior con el monopolio o acaparamiento que hacen del agua compañía multinacionales como las embotelladoras de refrescos, industria cervecera y claro, los que venden agua embotellada, muchas veces sin el control de calidad debido.
El Informe del PNUD dice que en México, más del noventa por ciento de la población dispone de llaves o conexión a una fuente de agua, dos tercios de la población y hogares mexicanos tienen acceso a un sistema de desagüe local, pero lo anterior se disipa rápidamente cuando el estudio se aleja de la mancha urbana y se acerca a estados del sur y sus comunidades rurales como Oaxaca, Guerrero, Chiapas y Veracruz.
De seguir el descuido de ciudadanos y autoridades, la sed tomaría ribetes mortales dentro de algunos años. El colapso por el vital líquido puede estar a la vuelta de la esquina, máxime cuando se habla de Coahuila en general y Saltillo en particular, por ser zona árida y semiárida en la mayor parte de su territorio. De acuerdo con datos de la Comisión Nacional del Agua, anualmente cuatro de los acuíferos saltillense mayormente explotados provocan un déficit de 108.45 hectómetros cúbicos (un hectómetro cúbico es el equivalente a mil millones de litros).
De acuerdo con datos de la CONAGUA y de investigadores independientes, los mantos acuíferos ya sobreexplotados en Coahuila son los siguientes:
Cañón de Derramadero (donde se está programando la pomposa “Ciudad Derramadero” con fines para la industria automotriz), San Buenaventura, Cuatrociénegas-Ocampo, Monclova-Paredón, La  Paila, Saltillo-Ramos
Arizpe, Zapalinamé y la Región Laguna. (Fuente: Compendio Básico del Agua en México).
Y la sed o la sequía traen consigo otros problemas que al estilo de un rosario, se van anudando en el campo para luego impactar en las ciudades. A criterio del líder de la Unión Nacional de Trabajadores Agrícolas (UNTA), José Luis López Cepeda, (en el campo) los viejos se están acabando, pero los jóvenes se van por falta de opciones para trabajar pues no ven una perspectiva, ya no de crecimiento y desarrollo… no, ni siquiera con las condiciones para subsistir y garantizar a sus familias el sostenimiento económico suficiente. (Entrevista con Jesús Jiménez Álvarez, Vanguardia. 9 de junio de 2008).
Los datos y las declaraciones se contraponen y chocan entre sí: mientras que la proyectada “Ciudad Derramadero” al sur de Saltillo, vendría a ser un ejemplo de planificación, infraestructura y motor de crecimiento y empleos, para la cual sí hay recursos hidráulicos suficientes (AGSAL), la CONAGUA afirma que en la capital de Coahuila, por el contrario, existe un déficit
continuo.
De zona rural a zona industrial y acaso, dentro de poco tiempo, será zona o ciudad fantasma. La guerra por el agua ya está aquí. E4

 
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