La represión stalinista costó millones de vidas
LA CAIDA DEL MURO DE BERLÍN Y LA GLOBALIZACIÓN
(PRIMERA DE DOS PARTES)
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Francisco Tobías Hernández |

A vuelta de página, un recuento histórico descubre los principales aciertos y desaciertos del socialismo y el capitalismo. Mientras
en el primero la ciencia se utilizaba para incrementar el bienestar de la sociedad, en el segundo se aplicó en aras de obtener
mayor productividad
Coexistencia de dos modos de producción
La revolución rusa surge en el contexto de la primera guerra mundial, con un modelo económico y social distinto al capitalismo, en el cual no existía la propiedad privada, el Estado tenía el control de la economía y se inició la colectivización de la producción tanto agrícola como industrial, esto último con una política de obligatoriedad y represión stalinista que costó miles sino es que millones de vidas humanas.
Luego de la Primera Guerra Mundial, y con otros antecedentes bélicos, principalmente la derrota de España en Cuba a principios del siglo XX, los Estados Unidos saltan a la palestra internacional en calidad de potencia militar y, aunque aún no consolidado, con un sostenido crecimiento económico.
Se pueden mencionar algunos resultados positivos de la Revolución Rusa que hicieron que se pusiera atención a lo que sucedía en ésta:
Inicio y consolidación de la industrialización dirigida por el Estado en los planes quinquenales.
Incremento en el nivel de educación.
Incremento en la esperanza de vida y en los niveles de salud.
Adelantos científicos en función del bienestar social y no del mercado y la ganancia.
Política laica humanista que privilegió el fomento de la cultura, los avances científicos, la discusión filosófica y la organización comunitaria.
Reducción periódica de la hambruna generada por el cambio de modelo económico y social.
Espectacular autonomía militar respecto a las potencias occidentales.
De tal manera que, bajo el esquema de la socialización de la producción y la rectoría estatal, la URSS ofreció resultados grandiosos, sobre todo en cuanto al nivel de bienestar se refiere.
En el contexto capitalista, al término de la guerra, surge la crisis económica de 1929, con desequilibrios económicos agudos propios de los ciclos que sufre periódicamente el sistema capitalista; es así que surge la figura de John Maynard Keynes quien señala que, ante la incapacidad de que el mercado por sí solo provoque un equilibrio sostenido (la oferta no genera su propia demanda, ni el ahorro por sí solo genera la inversión necesaria), debe ser el Estado, como agente externo, el que ofrezca las condiciones para una permanencia del capitalismo. De hecho se puede pensar que el New Deal americano surge de una propuesta de conducción estatal en un sistema de mercado, para garantizar una continuidad precisamente frente a los avances socialistas en niveles de bienestar, ciencia, tecnología y armamentismo.
Mientras que en el socialismo la ciencia y la tecnología se aplicaban al proceso de producción para socializar su resultado, en el capitalismo los avances técnicos se utilizaron para modernizar los procesos de producción, con el fin de obtener una mayor productividad y competitividad, y con ello lograr una mayor ganancia en propiedad privada, esto es la acumulación de capital. Poco más de setenta años convivieron los dos sistemas en un esquema bipolar surgido del reacomodo mundial posterior a la segunda guerra mundial, en la que tanto los Estados Unidos y la URSS se establecieron como las dos superpotencias en todos los ámbitos, sobre todo el militar.
Si en el socialismo la ciencia se utilizaba para incrementar el bienestar de la sociedad en su conjunto, por otro lado en el capitalismo la misma se aplicó para una mayor productividad cuyos aspectos operativos más significativos son:
Incremento en la calidad de las mercancías.
Reducción en el tiempo del proceso de producción.
Incremento en el volumen producido de acuerdo al mercado, ni más ni menos.
Reducción de costos, fundamentalmente en la mano de obra (lo que genera un desempleo permanente mayor o menor según sea el tiempo de los ciclos).
Por un lado, el capitalismo provocó a lo largo de los años un incremento en la productividad por medio de la reducción de costos y, por el otro lado, en el socialismo los costos de producción se mantenían o incluso se incrementaban para mantener el empleo. De hecho, estructuralmente, los países capitalistas se fortalecieron en gran medida gracias a la compra de las materias primas, a precios relativamente baratos, que se realizaban a los países subdesarrollados, los que después compraban el producto terminado, con mayor valor.
Mientras en el sistema capitalista se generaban altos excedentes de capital, parte de estos se destinaron a la investigación militar y al fortalecimiento armado, en el sistema socialista los excedentes, provenientes del mercado internacional y que no eran tan amplios, se dedicaron a mantener las altas tasas de empleo —sobre todo burocráticos— y al armamentismo para hacer frente al otro bloque, lo que tarde o temprano provocaría un descenso en el nivel de vida. Además, los productos de estos países socialistas dejaron de ser competitivos en el mercado mundial.
Se pueden citar algunos errores económicos, políticos y sociales en el eje socialista:
En función de mantener el sistema se atentó contra la libertad individual.
Los costos para mantener a la burocracia fueron demasiado altos.
Los altos costos de la guerra fría.
La deuda externa, incluidos compromisos con los organismos financieros multinacionales.
Los altos costos de producción y la falta de competitividad en el marcado mundial, entre otros.
Por otra parte, los avances y retrocesos del capitalismo:
El incremento en la burocracia para sostener al sistema.
La ampliación en la inversión directa estatal.
Los países avanzados aplicaron la tecnología provocando el aumento en la productividad y por los tanto en las ganancias, mejorando en un primer momento los salarios, lo que no se sostendría a largo plazo.
Las ganancias generaron abrumadores excedentes de capital en los países centrales.
Se agudizaron las diferencias entre los países centrales (desarrollados) con inversiones altamente rentables tanto en bienes y servicios como en inversión financiera, y los países periféricos (subdesarrollados) que no modificaron aceleradamente su papel de abastecedores de materias primas y de transferencias de capital por el pago de intereses de la deuda externa.
En el capitalismo periférico, el estado keynesiano provocó el proteccionismo y los subsidios por medio del incremento de impuestos arancelarios y gracias a este proteccionismo (paternalismo estatal) la productividad y competitividad se redujeron frente a los países desarrollados. 
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