DEUDAS Y DEUDOS |
Juan Francisco Brondo |

Cada sexenio escribo este artículo y cada vez, no importa que gane un partido u otro, sigue la deuda externa que el humor del mexicano la ha llamado ETERNA.
No sé cuando empezó, ni creo he de ver cuando acabará (si es que acaba), ¿qué es lo que se pretende probar? Que el gobernante en turno desea obras de relumbrón. Si los políticos desde el presidente de la república quisieran pasar a la historia con gloria y paz podrían decir no dejo un centavo. Ya no hay centavos, pero no dejo una deuda. No cabe duda de que soy un iluso cuentista desligado de las realidades de la política monetaria. En este mismo periódico propuse que se redujeran los municipios de toda la República Mexicana y me querían mandar a un centro siquiátrico. El nepotismo siempre ha existido… qué bueno que nuestro estado se ha salvado de tan nociva costumbre.
Esto me llevó a recordar a mi madre, mujer de buena cepa… era Cepeda.
En el mes de octubre de 1970, había muerto mi padre de cáncer. Ella tuvo muchos años la dulce tragedia de la diabetes, todos creíamos que se adelantaría a él en el viaje al más allá.
Un día llamó a mi hermana Lourdes y le dijo:
— Oye Lula, en el ropero negro de luna grande, en una bolsa vieja, hay un rollo de billetes, que he ido juntando estos últimos años, ya no veo cuánto es, pero quiero que ese dinero se use para pagar los gastos de la funeraria. No, no llores, ni te asustes tampoco, esas cosas llegan. Estuve más de cuarenta y cinco años casada con tu padre y en ese tiempo no me han tocado la puerta para que yo pague una cuenta o un cobro: El sueldo de tu padre alcanzaba, o lo hacía rendir a como diera lugar, para ropa, comida, uniformes, útiles escolares, médicos y medicinas y sobre todo la educación de ustedes. Cuando algunos empezaron a trabajar me fui a la Industrial Femenil. Allí me dieron los diplomas que están traspapelados en la castaña café. Quiero tener paz antes y después de que me vaya. No quiero que vengan a tocarte la puerta para cobrarte los gastos de mi entierro. Límpiate esas lágrimas y no te desanimes así es la vida.
Muchos años han pasado desde aquella plática y a veces me pregunto si los gobernantes empezando por el presidente de la república pensarán como mi desaparecida madre. Si hubiera podido hacerla secretaria de Hacienda, la nombraría aunque me acusaran de nepotismo. Tendría la conciencia tranquila y nos evitaríamos la pena que nos tocaran las puertas del Palacio Nacional los acreedores extranjeros. 
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