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19 de mayo de 2008


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Abogado publica antología con veintidós obras desclasificadas por el Pentágono

Al otro lado de la alambrada

Edgardo Ramos del Bosque

Algunos de los reos grabaron las palabras en vasos desechables
o las memorizaron. En situaciones extremas el ser humano
es capaz de escribir dentro de sus entrañas, en el aire,
al borde del abismo, donde sus yemas puedan sentir
un corazón ajeno, donde las palabras nunca perderán
su misterio. Guantánamo es un triste ejemplo

En el llamado limbo infernal, desde la prisión de Guantánamo, los detenidos escriben poesía. Narran en su inspiración voces de rabia por la injusticia y la incomprensión; gritos de militancia religiosa o política; lamentos y pensamientos cautivos en un intento por reivindicarse como seres humanos. Contra todo pronóstico, desde los muros de su encierro, han logrado sacar a la luz el libro Poemas desde Guantánamo: hablan los detenidos.
Estos poetas escriben por algo mucho más fuerte que la mera intención artística. Buscan escapar de su realidad y seguir sobreviviendo, aunque algunos no lo logren a causa del régimen de terror que azuzan sus carceleros. Los trabajos fueron recopilados sobre la base de una excelsa paciencia por el abogado Marc Falkoff, defensor de diecisiete presos yemenitas y que ha formado parte de las comisiones de abogados voluntarios que visitan este inaceptable hoyo jurídico.
Fue en verano de 2005 cuando sus clientes le enviaron por primera vez dos poemas, escritos en árabe e incluidos en sus cartas. Toda comunicación de los internos con el exterior es explorada por los servicios de inteligencia norteamericanos; dichos versos fueron considerados peligrosos para la seguridad nacional, y aún permanecen ocultos bajo la etiqueta de máximo secreto.
Falkoff se puso en contacto entonces con otros abogados, y descubrió que a ellos también les habían mandado algunas composiciones. Entre los reos obligados a apoyarse en el arte para dar a conocer sus penurias, se contaban dos que ya habían sido liberados: los británicos Moazzam Begg y Martin Mubanga. Ambos individuos tuvieron la buena idea de salvar consigo parte de su obra rescatándola de un futuro incierto tras los muros de la prisión estadounidense en territorio cubano.
Rimas que evocan el sufrimiento que prevalece en Guantánamo. Veintidós poemas escamoteados a la vigilancia de las autoridades en esa tierra de nadie y bastión norteamericano que se mantiene de manera ilegal en la mayor de las antillas. Páginas usadas para aliviar sus martirios los internos sin posibilidad de juicio dentro de una prisión sin precedentes en la historia moderna. La dedicatoria del libro reza: A mis amigos al otro lado de la alambrada, todo un himno a la sensibilidad humana, a la libertad. Situados en una equivalente tradición árabe, hablan del sufrimiento y sus formas en la poesía penitenciaria musulmana, poemas de ausencia y melancolía por la vida que ahí afuera corre, romances de prisioneros, lloro y razón de sólo unos cuantos, de los detenidos, los custodiados...
Textos ensayados por hombres que han estado o siguen recluidos en Guantánamo, cumpliendo un largo cautiverio sin cargos demostrables ni juicios. Lejos de los derechos más elementales que contemplan las Convenciones de Ginebra. A ellos no se les consideran “prisioneros de guerra” sino “combatientes extranjeros”, un raro eufemismo elaborado en los sótanos de la Casa Blanca para justificar lo absurdo.
La supervivencia de estos trabajos no ha sido fácil pues sus autores, al inicio, ni siquiera contaban con acceso a la escritura y los componían de memoria, idéntico a como se hacía antiguamente en los campos de concentración.
¿De qué manera se las ingeniaban entonces para dejarlos plasmados? Ante la escasez de recursos, impusieron la abundancia de la imaginación. Obligados al único método plausible, arañaban las palabras con una piedra en los bordes de un vaso de poliespuma, que posteriormente fue pasando en secreto de celda en celda hasta que los guardianes descubrieron lo que sus presos se traían entre manos y destruyeron los recipientes. Temían los soldados que esos escritos en árabe fueran códigos secretos que llamaran a la rebelión o cualquier otro tipo de insubordinación. ¿La verdad? Se trataba de simples versos con los cuales los internos intentaban animar su cautiverio. Algunos de estas composiciones sobrevivieron al celo de los militares y han logrado ver la luz que anhela su creador. Otros se mantienen inéditos y siguen siendo considerados “un riesgo para la seguridad” por parte de las autoridades.
A juicio de Falkoff el poema sería riesgoso para el Pentágono así un verso dijera el águila vuela al amanecer. Aunque, sostiene, los agente encargados en Washington no temen tanto a un posible traspaso de claves secretas (quizás porque lo consideren un completo absurdo hollywoodense) como a la eventualidad de que, por medio de los poemas, el mundo se entere de las atrocidades que en dicha prisión se cometen a diario.
Al fin Guantánamo ha encontrado su voz, ha dicho Gore Vidal, escritor y guionista estadounidense. De igual forma a como la hallaron Cervantes, Quevedo, Oscar Wilde, Miguel Hernández, Jean Genet y otros tantos obligados a buscar la libertad del espíritu con la libertad de de las palabras y el arte.
El diario británico The Independent publicó un poema de Jumah al Dossari, detenido en Pakistán. Tiene treinta y tres años y ha intentado suicidarse doce veces desde que está internado. Aún cuando no deja claro si ya lo consiguió, en una de sus visitas, su abogado le encontró colgando de una sábana en un cuarto. El propósito de Guantánamo es destruir a la gente, y a mí me ha destruido, contaba en una carta en 2005. Jumah redactó un poema para convencerse, quizás, de que todavía estaba vivo. Un acto inmensamente solitario, dirigido a sí mismo, un reconocimiento al yo. Después sus palabras adquieren la categoría imprescindible para ser juzgado por el público y llegan al lector. Sus palabras dejaron de pertenecerle, ahora están más seguras porque fueron dedicadas a los amigos… al otro lado de la alambrada.
Estos escritos vienen a representar escuetos ejemplos que, con inaudita claridad, expresan la injusticia y el sufrimiento soportado por las personas detenidas en la base naval de Estados Unidos, enclavada desde hace más de medio siglo en una de las provincias orientales de Cuba, y pertenecen al libro Poemas desde Guantánamo: hablan los detenidos.
Puede que esta poesía no encierre las claves secretas que temen en el Pentágono, pero es, sin lugar a duda, un arma cargada de futuro, como la calificara Gabriel Celaya, poeta español de la generación literaria de posguerra. Es necesario conocerla y redimir así las palabras cautivas de nuestra vergüenza. Escucharlas se convierte ipso facto en una obligación moral y, ante todo, humana.

Acciones extremas

Uno de los detenidos en Guantánamo ha intentado suicidarse doce veces. Se cree que actuando coordinadamente para protestar por las condiciones de detención en esa cárcel, a la que diversos organismos internacionales y de los propios Estados Unidos han denunciado repetidas veces por violaciones a los derechos humanos.
El Departamento de Defensa de los Estados Unidos nunca ha tomado demasiado en serio los intentos de suicidio que se han sucedido en el recinto penitenciario (los cuales, según su propia versión, ascienden a la cifra de cuarenta y un intentos entre veinticinco presos).
Portavoces del Pentágono han llegado a afirmar que los estas acciones extremistas podían ser consideradas "actos de guerra", propias de un conflicto asimétrico, en el que una fuerza menor ataca otra superior.
Entre los "combatientes enemigos" hay reclusos de cuarenta nacionalidades. En 2006 se divulgó una lista en un sitio web del Departamento de Defensa estadounidense en la que revelaba los nombres, nacionalidades y números de identificación de los quinientos cincuenta y ocho presos que actualmente existen en esta prisión. Infelizmente de los setecientos que en total han sido recluidos allí, sólo diez resultaron exonerados. E4

 
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