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Carlos Salinas de Gortari
”La década perdida”
o cuando la desvergüenza
no mide fronteras |
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El ex presidente reaparece con un libro de su autoría bajo el brazo, solo para atizar la hoguera política en momentos de tensión; su apuesta a la desmemoria colectiva, los ataques a Zedillo y a Fox, el abuso del victimismo para descargar culpas y el engaño, lo confirman como el villano favorito de los mexicanos

Carlos Salinas.
No hay libro que lo salve
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Maquiavélico, calculador, estratégico, oportunista; el ex presidente Carlos Salinas de Gortari vuelve a escena con su libro La década perdida en un momento clave de la vida política nacional, que fortalece el impacto de su reaparición: su hermano Raúl Salinas, exonerado por múltiples delitos, salió de la cárcel y busca su reivindicación económica y moral, si acaso esta es posible; la reforma energética que se discute en el Senado despierta el debate sobre los alcances de la soberanía nacional; el renovado ataque de López Obrador contra Felipe Calderón revive el fantasma del fraude electoral; el PRI, fortalecido en los estados, se prepara para las elecciones de 2009; el fantasma del abstencionismo pone en jaque la credibilidad de las instituciones políticas.
En este ambiente, el polémico ex presidente retorna a las primeras planas con un análisis sobre los sexenios que le sucedieron, el cual, más que aportar datos nuevos sobre la situación de México en los últimos doce años, parece enfocado a reivindicar su conducción al frente del país entre 1988 y 1994, misma que en muchos casos fue detonadora de los problemas que describe y que atribuye a errores de los mandatarios neoliberales Ernesto Zedillo y Vicente Fox.
Este es el segundo libro escrito por Salinas en su exilio no forzado. El primero, publicado en el año 2000, fue México, un paso difícil a la modernidad, en el que realiza un recuento de su gobierno y analiza el encarcelamiento de su hermano Raúl y la crisis financiera que Zedillo atravesaba en sus primeros días al frente de la Presidencia.
Después de ocho años, su nuevo libro sale a la luz y en él acusa a sus sucesores (sin nombrarlos literalmente) de llevar al país al desastre con políticas neoliberales “fundamentalistas” que desembocaron en la peor crisis desde la revolución de 1910. En el otro extremo, arremete contra el “populismo” de López Obrador, aunque deslinda al PRD de las acciones de su caudillo, destacando a políticos dentro de esa organización que sí han trabajado por un verdadero cambio de izquierda.
También se muestra así mismo y a su familia como “víctimas” de un sistema judicial manipulado para encubrir y distraer la opinión pública de la “venta del país al capital extranjero”. El desfalco del Fobaproa, la crisis de Pemex, el fracasado acuerdo migratorio con Estados Unidos, son algunos de los ejemplos que el ex presidente utiliza para describir La década perdida, un término utilizado por primera vez en Gran Bretaña para designar al período de la postguerra (1945-1955), y retomado para describir la depresión económica de América Latina en la década de 1980 y los diez años que siguieron al colapso económico japonés en la década de 1990.
Todo documentado, con cifras y estadísticas que respaldan sus sentencias y adornadas con un estilo impersonal que echa mano de informes de gobierno, publicaciones de organismos, artículos periodísticos, entrevistas y referencias históricas.
Un texto que sin duda es bien recibido por quienes fueron beneficiados durante su sexenio y que podrían ver en él un resurgimiento del “gran líder político”, aunque las reacciones en general apuntan a un Salinas que busca consolidar su papel de víctima, acosado por las autoridades, redimido en sus supuestos aciertos económicos y en el rol del último gran priista de la historia.
Visto desde muchos puntos de vista, el libro de Salinas puede tener razón acerca de que los últimos años ha sido una década perdida, aunque lo que debería saber el ex mandatario es que la memoria colectiva no se ha perdido y que no importa cuánto haga por limpiar su imagen, su sexenio será recordado como uno de los más nefastos para la historia del país.
La mancuerna perfecta

Exilio irlandés.
Cuando los demonios
andaban sueltos
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Carlos Salinas advierte que es necesario replantear la idea de liberalismo social, debido al fracaso de la alianza entre el neoliberalismo (encarnado en Zedillo y Fox) y el populismo autoritario (de López Obrador), la cual denomina “la mancuerna perfecta”.
La primera piedra cae sobre Zedillo al considerar que fue el culpable del “error de diciembre” de 1994, fecha a partir de la cual se tomaron decisiones que convirtieron un problema en una crisis “y provocaron la ruina económica y social más grave desde la revolución de 1910”.
Advierte que el rescate bancario ejercido a través del Fondo Bancario de Protección al Ahorro (Fobaproa) fue una operación fraudulenta recordada como “el saqueo a los mexicanos”. En este sentido, acusa a los neoliberales de entregar el sistema de pagos de México a los extranjeros, acentuando el estancamiento económico y duplicando una deuda sin precedentes en casi doscientos años de independencia.
Culpa a Zedillo y Fox de pactar tras la derrota del PRI en la elección presidencial del 2000. El nuevo presidente habría encubierto desviaciones del período anterior para mantener la estabilidad macroeconómica.
Y concluye que la alianza Zedillo-Fox ha heredado lo peor del liberalismo: falta de confianza de los mexicanos en sí mismos, atropello a las libertades y debilitamiento del estado de derecho.
“La esencia del neoliberalismo está en su fundamentalismo de mercado… Los gobiernos neoliberales convirtieron en doctrina el llamado Consenso de Washington. Todo en el marco de un país (México) postrado social y económicamente, pues en unos cuantos años entregaron el sistema de pagos, duplicaron la deuda pública y lo contaminaron de la enfermedad holandesa. Entre los neoliberales el mercado representó la realidad absoluta, el crecimiento económico fue una meta privada”, dice Salinas.
Pero lo que parece olvidar el “escritor” es que fue justamente durante su gobierno que se fortaleció el neoliberalismo iniciado por Miguel de la Madrid en 1982, sexenio durante el cual su nombre fue uno de los más importantes.
Entre 1988 y 1884, Salinas favoreció una política privatizadora que sentó las bases de los programas económicos que seguirían Zedillo y Fox. Con el apoyo del Congreso, del PRI, el PAN y los grandes capitales, Salinas impulsó el Tratado de Libre Comercio, sin consultar al sector social que ahora pide la renegociación del capítulo agropecuario.
Bajo la premisa de que “presidente que devalúa (la moneda) se devalúa”, Salinas habría postergado la depreciación del peso, en los últimos meses de su administración, para que la crisis le estallara a Zedillo. Al final esto fue lo que ocurrió y marcó el inicio de la debacle económica de los años posteriores.
Populismo y soberanía

Villano favorito.
El juicio social, inapelable
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Salinas acusa a López Obrador de ejercer un “populismo autoritario”, debilitando la organización popular y dándole la espalda a una alternativa moderna de izquierda. Un “populismo barato”, “demagógico”, que comparado con el populismo ruso del siglo XIX, o los movimientos latinos anteriores a la Segunda Guerra Mundial, “resultaría un insulto”.
Es más, en este sentido, arremete contra los de su mismo partido, diciendo que López Obrador fue apoyado por lo que llama la “nomenklatura del PRI”, grupos tradicionalistas que se abocaron a recuperar las cuotas de poder perdidas por las reformas salinistas.
El mismo término —“nomenklatura”— utilizó Salinas para culpar a los dinosaurios del PRI del asesinato del candidato presidencial Luis Donaldo Colosio, ocurrido el 23 de marzo de 1994 en la colonia Lomas Taurinas, de Tijuana. Por cierto impune, pues de los autores intelectuales jamás se supo. Las galerías fueron conformadas con el encarcelamiento de Mario Aburto, señalado como el “asesino solitario”, cuento que, por cierto, nadie se creyó.
Salinas habla de programas sociales clientelares, aun cuando él mismo fue quien llevó este tipo de programas a su máxima expresión con el Programa Solidaridad (que defiende a rajatabla en su libro), el cual no fue más que un instrumento de manipulación política.
Pero al hablar de Obrador, Salinas exime al PRD como partido asegurando que “... los problemas y las deficiencias de quien encabezó la jefatura de Gobierno en la capital durante esos años —2000 al 2006—, no deben generalizarse al partido que lo llevó al poder”.
Dice que dentro del PRD hay dirigentes y militantes comprometidos con una verdadera alternativa progresista que promueven el respeto del estado de derecho y el fortalecimiento de la vida institucional. Esto quizás se deba a su acercamiento con políticos perredistas como Rosario Robles o Jesús Ortega.
La desmemoria e inmoralidad de Salinas de Gortari le permiten hablar de la poca claridad de los dos comicios presidenciales (los de Zedillo y Fox) posteriores a su mandato, cuando la elección que lo llevó a la Presidencia fue el más polémico y oscuro de la historia de México, a partir de la célebre “caída del sistema”.
Salinas atribuye el deterioro de las instituciones y de la vida democrática a la pérdida de la soberanía como principio fundamental del proyecto nacional. A modo de ejemplo estadístico, menciona la progresiva desaparición de la palabra “soberanía” en los informes presidenciales.
No cabe duda de que el momento para hablar de soberanía es el más propicio, principalmente por el debate de la reforma energética en el Senado. En este sentido, asegura en su libro que México no supo aprovechar los ingresos extraordinarios que recibió de la venta de petróleo entre los años 2000 y 2006, que le permitieron aumentar sus ingresos en setecientos mil millones de pesos. Según Salinas, esos ingresos fueron “desperdiciados” al emplearse para aumentar en ese lapso en 40 por ciento el gasto corriente, mientras que la inversión directa cayó 4.6 por ciento. “El valor contable de Pemex se volvió negativo durante el neoliberalismo”, advierte. Sin embargo, durante su sexenio se hizo poco por limpiar al sindicato de la corrupción que lo aqueja hasta hoy en día.
El papel de víctima
Salinas se considera a sí mismo un chivo expiatorio para ocultar la crisis del país, acosado por “una justicia que sirvió de herramienta para declarar inocentes y culpables a discreción”. Aquí también se sirve de las estadísticas argumentando que la probabilidad de ser condenado por un delito en México es de 1 por ciento, la más baja del mundo. E incluye en su martirologio personal a sus hermanos Raúl, quien pasó diez años en prisión, y Enrique, asesinado en 2004.
Pero a pesar de su espectacular reaparición, Salinas no dará la cara por completo para presentar su libro, sino que lo fomentará a través de foros universitarios para analizar el desastre económico que él mismo dejó como herencia a varias generaciones de mexicanos.
Al estilo de los ex presidentes Carlos Menem de Argentina y Alberto Fujimori de Perú, busca cambiar la sentencia histórica sobre su mandato, y lo hace apostando a la desmemoria colectiva.
Sin embargo, en un país de poca lectura y con escasa confianza en los políticos, su fracaso está asegurado. E4 
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