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El gobierno y el Congreso recurren a mitos para justificar
la inversión extranjera en Pemex
Corrupción sindical, tráfico de influencias
y enjuagues políticos lastran la reforma: Meyer |
Luis Mac Gregor
Ciudad de México
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México necesita una nueva política fiscal y gobiernos con autoridad para aplicarla; privatizar parte de la industria petrolera beneficiaría a unos pocos, como la venta de Telmex favoreció a Slim
y a Salinas, aunque al ex presidente se le puede juzgar
por muchas cosas, menos por idiota, no dejó huella

Lorenzo Meyer.
Los políticos van tras
el tesoro de Pemex |
La propuesta de reforma energética provocó un debate sobre los alcances de la iniciativa del presidente Calderón y las limitantes de una legislación que protege un recurso que comienza a escasear en el mercado mundial, la toma del Congreso por el Frente Amplio Progresista, que duró del 10 al 25 de abril y el acuerdo de discutir el futuro de Pemex de aquí a mediados de julio, antes de votar la reforma en las cámaras de Diputados y de Senadores.
Lorenzo Meyer comparte su visión de la coyuntura con los lectores de Espacio 4. Su autoridad para opinar sobre el asunto la respaldada una larga trayectoria en investigaciones históricas, muchas de ellas relacionadas con el petróleo.
El historiador e investigador del Colegio de México opina que el principal problema de Pemex es la corrupción y la presión fiscal que ejerce el Estado sobre la paraestatal, la cual es capaz de estrangular el crecimiento de cualquier otra empresa en el mundo, ya sea de capital público o privado.
A esto se suma la subsistencia de un sindicato corrupto que desde su creación sólo busca privilegios y engrosar sus filas, así como una larga tradición de administradores designados por el presidente de turno que han utilizado a la paraestatal en beneficio personal.
Pero quizás la denuncia más grave del investigador es que los beneficios de Pemex sirven para comprar la complacencia de los gobernadores priístas por un gobierno federal que carga la cruz de la ilegitimidad y carece de un proyecto de nación. A modo de ejemplo de ese pacto pone a Mario Marín, Ulises Ruiz, Fidel Herrera e incluso Humberto Moreira.
Desde su punto de vista, el argumento de la falta de tecnología para excavaciones en aguas profundas, es un mito para justificar la inversión extranjera que tarde o temprano terminará apropiándose del recurso, como ha sucedido en Brasil.
Señala que la historia de México demuestra que la apertura de los servicios públicos a la inversión extranjera es sólo una manera de beneficiar al capital privado, y cita los casos de los ferrocarriles del porfiariato y la privatización de Telmex, la cual terminó beneficiando a Carlos Salinas, aunque sea difícil probarlo.
Cree que la modificación del régimen fiscal para Pemex, aprobada en 2007, no es suficiente para quitarle presión financiera. Más bien se trata de una maniobra para evitar que pierda demasiada rentabilidad y se mantenga vendible.
La reforma que el país necesita, concluye, debería estar apuntada a vigilar la alta burocracia de Pemex a través de una fuerza institucional independiente al estilo del IFE, el cual, si bien se ha corrompido con los años, contribuyó a fomentar el respeto al voto.
Critica la designación de Mouriño en función de secretario de Gobernación, pues a todas luces ha obtenido réditos personales con la firma de contratos de Pemex a favor de sus empresas, lo cual habla mal del mandatario panista.
Considera que el petróleo se ha convertido en un tema político, en un tira y afloja entre una derecha, que busca abrir Pemex a la inversión extranjera para adquirir parte de las acciones, y una izquierda que busca mantenerlo bajo la tutela del Estado y se resiste a legitimar al gobierno.
Advierte que la reforma es sólo una adecuación legislativa para mantener a Pemex como caja chica, esta vez para comprar a gobernadores, y que ningún cambio funcionará si no existe un proyecto a largo plazo que proteja los recursos del país.

Villano favorito.
Privatizaciones entre amigos |
¿Considera necesario abrir Pemex a la inversión externa?
No. La prioridad es enfrentarse a un sindicato abusivo, con claras prácticas de corrupción, lo cual no ayuda a una sana administración. Al sindicato le importa mantener filas engrosadas, no ser eficaz. Otro problema son los administradores de Pemex nombrados por cada presidente. Suelen ser proclives a usar sus puestos para sacar ganancia de la relación con Pemex y sus proveedores. Se trata de todo un arco iris de necesidades: la renta del buque, las botas… Los beneficios suelen ser altos para quien firma los contratos.
Pero el principal problema es que ninguna empresa del mundo, pública o privada, puede triunfar si a sus ingresos el fisco le recauda más del cien por ciento. Si a Carlos Slim le obligaran a pagar el ciento once por ciento de sus ganancias, su empresa iría a la ruina. Eso sucede en Pemex, que ha llegado a la absurda situación de endeudarse para pagar impuestos. Esto no ocurre en ninguna otra empresa petrolera. Si Pemex fuera tratada al igual que otras de su ramo, seguramente esta plática no tendría lugar. El Estado le quita recursos. ¿Por qué? Desde los sesenta, el mismo, encabezado por el priísmo y ahora por el panismo, ha sido incapaz de hacer una reforma fiscal digna de ese nombre. El gobierno mexicano recibe, en el mejor de los casos, once por ciento del Producto Interno Bruto (por la vía de los impuestos). Un país de nuestra misma naturaleza recibe el doble. Brasil es un ejemplo.
¿A qué atribuye esta situación?
No se quiere cobrar impuestos. Políticamente no se tienen los pantalones para enfrentarse a todos: a los grandes y a esa multitud de pequeñitos dentro de la economía informal. Históricamente, México ha tenido penuria fiscal. Si el problema se enfrentara habría recursos para que el Instituto Mexicano del Petróleo adquiriera o desarrollara tecnología. No necesitamos compartir un petróleo que probablemente llegó a su punto máximo de producción en el mundo, y de ahora en adelante va empezar a escasear. En este mercado, lo que escasea sube de precio ¿Para qué vamos a abrir la empresa y los posibles tesoros petroleros a otros si podemos hacerlo nosotros? No está escrito por el dedo de Dios que México sea incapaz de tener esa tecnología y de dominarla; pero se necesita un gobierno capaz de no petrolizarse, de no ser adicto a los ingresos petroleros.

Carlos Slim.
Con Telmex, un rico en país
de pobres |
De acuerdo con la Comisión de Energía del Senado, es necesario establecer relaciones con empresas extranjeras para adquirir conocimientos sobre tecnología de aguas ultraprofundas.
Son unos estúpidos. En el programa de Carmen Aristegui se entrevistó a un ingeniero petrolero brasileño y señaló que no es una tecnología muy difícil de crear, incluso él mismo se propuso para hacerlo. Mencionó la existencia de muchos ingenieros brasileños jubilados quienes pueden venir y colaborar. Pero existe otra cosa, en México hay posibilidades de explotar en aguas someras y en la superficie, en la tierra. Por ejemplo, existen depósitos petroleros que se abandonaron cuando el petróleo tenía un precio muy bajo y pueden reactivarse.
La insistencia de que sólo queda una posibilidad es de carácter político. Se le han sacado todos los recursos a Pemex por años, para dejarlo como una compañía prácticamente en quiebra y ponerla frente a las empresas extranjeras, cuyo deseo de volver no ha cesado nunca. Entonces surge la pregunta ¿La mala política que el gobierno federal ha seguido frente a Pemex, especialmente a la hora de cortarle toda posibilidad de grandes inversiones por la cantidad de impuestos que se le cobran, es simplemente resultado de una tontería o es deliberado para llegar a los spots de la paraestatal?
¿Qué buscan los políticos de Pemex?
El tesoro… como los mexicanos estamos genéticamente impedidos para encontrar ese tesoro, necesitamos que el hombre blanco venga.

Romero Dechamps.
Sindicato petrolero,
el otro poder |
¿En qué se benefician?
Hay grandes negocios. La empresa extranjera que llega, por fuerza, debe entrar en contacto con los políticos. Con la privatización de Teléfonos de México no se ha podido demostrar un beneficio directo a Salinas, pero todos lo sospechamos. A Salinas se le puede juzgar por muchas cosas, menos por idiota, no dejó huella. Aunque ¿de dónde vienen los cien millones de dólares que su hermano fue a buscar a Suiza? Ni modo que fueran de su trabajo honesto. El porfiriato es un ejemplo perfecto. Se le dieron las concesiones ferroviarias a mexicanos, quienes luego las vendían a extranjeros. No se trajo ningún capital de afuera, lo sacaron de los subsidios que el gobierno daba a la empresa ferrocarrilera para comenzar sus trabajos.
¿Puede México seguir un esquema de inversión conjunta como Petrobras?
El proceso de expropiación petrolera se inició por lo menos desde Madero, en 1911, hasta 1938. Fueron casi treinta años, merece una cierta consideración ese esfuerzo. Le escuché decir a un ingeniero petrolero brasileño que Petrobras no es ejemplo para México, sino que México sigue siendo ejemplo para Petrobras. Quienes adquirieron las otras acciones de Petrobras en Brasil, lo hicieron a un precio ridículo comparado con el que ahora ostenta el petróleo. Ya se encontró que en realidad fue una entrega de la riqueza nacional, de un patrimonio del país por un plato de lentejas.
A Petrobras se le puso en bolsa y las acciones las compraron estadounidenses. Ahora ya no es brasileña como antes. Los propios ingenieros de la empresa lo consideran un error. ¿Cómo se justificó la semiprivatización de Petrobras? Diciendo que el gobierno brasileño necesitaba recursos para educación, salud y combate a la pobreza. Que la búsqueda de nuevos campos en aguas profunda la hiciera la empresa privada. Bueno, la educación, el combate a la pobreza y todo lo demás siguen en Brasil tan mal o peor que antes; pero ya no tienen el control completo del petróleo. E4 
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