

NÚMEROS ANTERIORES
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Comic life |
Ricardo Bernal Hernández |

If I have the choice
To back those days…
Those was the best
Days of my life….
Brian Adams
Summer of 69
El guasón escapó, Batman fue tras él, no le aunque estuviera herido. El acertijo, compa del guasa man, le había clavado un estilete en la pierna. Chingado –pensé-, quisiera alivianarte, Hombre Murciélago. Pero estoy aquí ensotado. Apenas daba vuelta a la página, cuando alguien me arrebató la revista. Luego la voz de siempre, esa que me pudría. ¿De nuevo leyendo esto Carlitos? ¿Qué nunca entiendes? Vi al profe Gerardo, sus lentes fondo de botella me calaban en la punta del glande, corbatita azul con puntitos blancos perfectamente planchada. Luego venía el sermoncito de siempre.
Tal lectura era chatarra mental, ¿Por qué no leer a un mentado Rulfo o Julio Verne? ¿No teníamos metas en la vida o qué? ¿Con quince años y ya quería que filosofara? ¡Ah, chinga! Mi onda era la botana, dar el rol con la banda. Pero también le atoraba tupido al jale, por las mañanas. Vendía elotes, con su salsita, limón y crema. Mayonesa cuando había. Luego por la tarde a la secundaria, mientras el jefe vendía globos en el parque y la jefa cosía ajeno. El salón completo guachaba todo, con cara de reírse pero nones. Después los aguantaba al salir y les partía la madre. A riscazos o moquete limpio, no le aunque llamaran a la jefa.
— No es mío, profe —le dije ahuevado al Gera—. Parece que es del José. Le encanta leer esto.
— No te creo. Le atraen los Simpson y Superman, pero también Octavio Paz y García Márquez. Es lo que deberían hacer tú y todos en este salón.
Sentí ganas de vomitar, salí. Todos me vieron pasar, el profe Gera ni tronó. Era buena onda y en la escuela tenía famita de comprensivo. Que leyó mucho de psicología y se portaba a todas margaritas. Esto me pudría, aunque fui muy canijo nunca reventó conmigo. Íbamos a la cafetería, disparaba burgers y cheskos. Luego quesque le echaba rollo de mis broncas en el chante y me iba a portar bien. Pero después piñaba algo del almacén para venderlo o rayaba con mi navaja el carro del profe de matemáticas. Si uno de ellos se pasaba de lanza yo redactaba un papel, lo firmaba toda la banda del salón y a cambiar al tichercito.
Pero el profe Gera nunca nos habló fuerte y puso castigos. Le entraba mucho a esa musiquilla quesque folclórica, tocaba flauta y quena en un grupillo folk. Algunos le decían rojillo pero le valía wilson. Y luego como que el Pepe era de su onda. Me hervían las tripas cuando les veía leer en la biblioteca, mientras yo echaba rebane en la cancha de básquet o jugaba alguna cascarita de soccer. Fui a la cafetería y me tragué una torta de pierna que no pagué. Luego a encestar como dos horas. Se la hice de bronca a un bato que me arrimó un codazo. Nadie se metió, pero dijo que al tiro, cuando menos lo esperara me iba a llegar con su banda.
Iguanas ranas pa´ mí. Hacía dos semanas que se la partí a otro compa, en una kermés, nomás de puros puntos. No regresé a clase, tenía inglés con el profe Gonzalo, panzón y cara de cereal u garbanzo inflado. Sociales con la maestra Josefina, ruquita de cincuenta primaveras, se parecía a mi guelita. A biología a guevo que entré, profesora Armandina, igualita que Marylin Monroe. Al día siguiente fui con un camarada del barrio a Monterrey. Nomás a dar el rol. Ahí sí tuve que sacarle una feria al jefe. Ya saben, pa´ lo que se ofreciera, botana, cheskos y demás. Claro, mis comics de Batman y Robin, el Hombre Linterna, Hulk y los Cuatro Fantásticos.
Volví al chante el domingo, a la secu hasta el lunes, con chingos de hueva, pa´ variar. Nomás me animé por las últimas dos horas. La maestra de artística, Ivonne, llevó una minifalda que pa´ que les cuento, tenía yo pegados los hojaldres a sus pantorrillas, cual estampilla postal.
A la salida caminé por detrás de la escuela. Había un basurero y aproveché para fumar un tabaco. Se lo agandallé al profe del taller de mecánica. Apenas lo encendía cuando seis batos salieron por enfrente. Era el compa que madrié en la cancha de básquet. Corro al cien y por el otro lado saltan otros cuatro monos. La banda del que tranquié en la kermés. La unión hace la fuerza, pensé. Tiré el cigarro, la mochila. Me quité el cinto y lo así a modo de arma. ¡Pos a darle bien y tupido —grité—, órale cabrones, jijos del condón puteado¡, al menos moriría peleando.
Cuando venían sobre mi esqueleto alguien saltó detrás de mí, por la barda. Eran el profe Gera y su discípulo Pepe. Los imaginé como el dúo dinámico, Batman y Robin. Los batos parecían no tener miedo. Ya viendo al profe de mi lado que empiezan los chingadazos. El Pepe estudiaba artes marciales y tumbó a varios. El profe tenía condición y desmacetó a dos tres. Nomás vi mole y patitas pa´ que son, los dejé ahí, entre basura y polvo.
Al otro día vi al Pepe. Parches en la cara, labio hinchado. No dijo nada, chitón, de vez en vez me sonreía. Pa´ mí era igual. El profe Gera también lucía golpes en la cara. En un brazo siete puntadas, lo navajearon. Tampoco habló, como si no hubiera ocurrido lo de ayer.
Pasé aquel último año en secu, lo más suave fue la pachanga de graduación. Le perdí huella a mucha banda de aquellos años. Unos se fueron a partir madres a la prepa, otros cambiaron de ciudad y país, algunos según supe estaban en el penacho, marcando el paso. Ya no estudié, jalé en esto y lo otro. Me casé dos veces y dejé algunos chiquillos por ahí. Del Pepe se rumoraba que le llamó una compañía gringa, désas que mandan cohetes al espacio. Quesque era ingeniero u algo así. Mucho se comentó que el ticher Gera se fue con todo y chivas a Sudamérica, donde guerrilla y pueblo le parten máuser al gobierno, pa´ eso me gustaba, pos siempre andaba quesque con ondas revolucionarias. Cómo estará la cosa, dicen es líder del movimiento insurgente.
Pero ¿a mí que chingados lo que hagan o no los demás? Estoy en la cantina, con un calor de poca madre. Oigo la sinfonola y atiende Mary, mesera ya ruquita pero aguanta un piano. Llevo ya tres sorgos, se me acaba el villano. Recuerdo lo que tuve y perdí: amigos, a mis jefes, aquellas viejas. Que si hubiera estudiado sería diferente, dice el cantinero. Que si hubiera esto, que si hubiera lo otro, que si hubiera aquello. ¡Chinguen a su máuser! Lo que me emputa es no acabalar la del estribo. Mejor pido prestado y guardo lana pa´l último número de Batman y Robin.
Ricardo Bernal Hernández (Saltillo, Coahuila, 1967). Ha colaborado con crónicas urbanas, cuentos y reseñas cinematográficas en Vanguardia, Gaceta del Saltillo, La Humildad Premiada y El Taladro. Ha participado en diversos talleres de narrativa, poesía y crítica cinematográfica en Coahuila.
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Periférico Luis Echeverría
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Espacio 4 y el suplemento cultural
El pez en el agua, son publicaciones catorcenales del Grupo Editorial Coahuilense SA de CV, editados por los talleres gráficos de esta casa editora. Saltillo, Coah. Registro en trámite. |
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