|
Voto de castigo A los ciudadanos no sólo hay que invitarles a votar para formar gobierno, tarea de las autoridades comiciales, sino explicarles por qué deben hacerlo en determinada dirección, responsabilidad de los partidos. Convencerles de que acudan a las urnas se logra sólo con información, argumentos, programas y candidatos persuasivos, dignos de crédito. Para la renovación del Congreso local, el PRI ofrece dar continuidad a un programa social que su presidente, Rubén Moreira, da por iniciado hace menos de tres años.
El principal y casi único partido opositor, Acción Nacional, por conducto de su líder Jesús Flores Morfín, apela al voto de castigo para dotar a Coahuila de un Congreso independiente y digno; es decir “en pie y no de rodillas ante el gobernador”. Una legislatura —aduce— que abandone el papel de invitado de piedra y participe, como ocurre a escala federal, en la distribución del presupuesto y llame a cuentas al Ejecutivo, pero que a la vez siente bases efectivas de colaboración entre ambos poderes para aprovechar mejor las potencialidades del estado.
Dos propuestas, la del PRI y la del PAN, que la sociedad debe meditar y valorar desde ahora, cuando faltan seis meses para las elecciones del 19 de octubre que se anticipan altamente desairadas. En el mejor de los casos, los niveles de participación rondarían el cuarenta por ciento. Es decir, votarían poco más de setecientos mil ciudadanos de un total de un millón ochocientos mil que integran la lista nominal. De ellos, Flores Morfín asegura que su partido tiene identificados a cuatrocientos mil.
En una entrevista de dos partes, similar a la que antes concedió a Espacio 4 Rubén Moreira, el presidente de Acción Nacional presenta un informe de sus trabajos al frente del partido que ocupa la Presidencia de la República desde diciembre de 2000. La descripción habla de un trabajo serio, organizado y profesional. Sin embargo, aun cuando todo lo andado a partir del inicio de la gestión del diputado Flores Morfín se ajuste a la realidad, y no hay razones para ponerlo en duda, la percepción social es diametralmente opuesta.
Falta, pues, que el PAN y sus líderes se pongan de acuerdo en lo esencial: ¿qué hacer para ganar la mayoría en el próximo Congreso? ¿Alcanzará para ese propósito apostar por el voto de castigo y la irritación social contra el gobierno? Pues Flores Morfín no llegó por sí solo a la presidencia del comité estatal sino por consenso de fuerzas al interior de Acción Nacional, ante la falta de un liderazgo aglutinante. Dejar la responsabilidad de la elección a un solo hombre, como a veces parece estarlo el diputado, es escapismo puro y la mejor forma de asumir por adelantado una derrota. |