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25 de marzo de 2008


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El reconocido educador y periodista merece un sitio en la Rotonda de los Coahuilenses Distinguidos

Al rescate del profesor
José Santos Valdés

Jesús Santos González

Si bien es cierto el politécnico o la Universidad —según el caso—,
nos proporcionaron conocimientos y títulos; no menos verídico
es que a San Marcos, gracias a José Santos Valdés, le debemos nuestra formación y mística de compromiso social
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egresados de San Marcos

Con el objetivo de reivindicar, ante las nuevas generaciones, la memoria de uno de los educadores coahuilenses más relevantes del siglo XX, cuyo legado cívico, literario, pedagógico y de compromiso social, a casi dieciocho años de su sentida desaparición física, sigue vigente en los miles de ex alumnos del sistema normal rural esparcidos en la república, un numeroso grupo de estos, egresados de las escuelas normales rurales de San Marcos, Zacatecas, Cañada Honda, Aguascalientes, Galeana, Nuevo León, Tamatán, Tamaulipas, Aguilera, Durango, Salaices y Saucillo, Chihuahua, Santa Teresa, Coahuila y otras, han emprendido la recolección de firmas de apoyo a la solicitud que, en fecha próxima, planean presentar a gobernador Humberto Moreira Valdés, con la finalidad de que dicho mandatario solicite al Congreso Estatal, expida el decreto correspondiente a fin de que los restos del ameritado maestro coahuilense profesor José Santos Valdés, sean inhumados en la Rotonda de los Coahuilenses Distinguidos, sita en el Panteón de Santiago de esta ciudad.
Dicha petición además de contar con la aprobación de la familia de tan ilustre educador, escritor, periodista, filósofo de la educación, luchador social e impulsor de la escuela rural mexicana, está siendo apoyada por destacados maestros que durante la larga trayectoria del educador, nacido el 1 de noviembre de 1905 en el Rancho Camargo, del municipio de Matamoros, Coahuila, tuvo como maestro y director de las escuelas normales rurales de Tamatán, Tamaulipas, Galeana, Nuevo León, Tenería, Estado de México, San Marcos, Zacatecas y el Mexe, Hidalgo, y con ello el privilegio no sólo de abrevar directamente de él sus enseñanzas, sino también por lo que si haberlo sido, fueron formados en las bases pedagógicas por él establecidas, de gran fama y renombre en el sistema educativo, que ya antes de 1968 contaba con veintiocho planteles esparcidos en toda la nación.
Asimismo, la comentada petición se apoya y fundamenta en la exposición de motivos que tuvo el XXI Congreso Constitucional del Estado Libre y Soberano de Cohuila para emitir con fecha 15 de febrero de 1910, el Decreto No. 1118, publicado en el Periódico Oficial No. 2, fechado el 19 de ese mismo mes y año, por el que se creó la Rotonda de los Coahuilenses Distinguidos, exposición que hace suya los cientos de firmantes de dicha petición al considerar que la vida y méritos del profesor José Santos Valdés se ubica en los supuestos de tal iniciativa; por lo que —afirman los promotores—, nos permitimos solicitar de la manera más atenta y respetuosa, que en uso de las facultades legales de su alta investidura, y en estricta justicia a la memoria, trayectoria, ejemplo, legado cultural, pedagógico, político y educativo del eminente maestro coahuilense, José Santos Valdés García de León, tenga a bien girar al Congreso del Estado la iniciativa de decreto, por el que se autorice la inhumación de sus restos que se encuentran en la ciudad de Lerdo, Durango, en la rotonda que la entidad federativa cuyo gobierno usted preside, tiene destinada para rendir homenaje permanente a los hijos ilustres de Coahuila, y con ello lograr, afirman en otro de los párrafos del escrito en mención, que los restos de tan ameritado maestro puedan descansar para siempre, al lado de otros destacados educadores —hijos al igual que él—, de la Benemérita Escuela Normal del Estado, como lo son los profesores Carlos Espinoza Romero, José Rodríguez González, Severino Calderón González, Rubén Moreira Cobos, Apolonio M. Avilés y Federico Berrueto Ramón.

¿Quién fue el profesor José Santos Valdés?

A fin de ilustrar a las nuevas generaciones que, además de no haberlo conocido, posiblemente jamás han oído hablar de tan destacado educador coahuilense, enumeramos a continuación algunos de sus rasgos biográficos más destacados.
Nació el 1 de noviembre de1905, en el rancho Camargo del municipio de Matamoros, Coahuila, siendo sus padres el señor Pedro Valdés Rosales y la señora Cristina García de León.
En 1911, inició su educación primaria en la escuela rural de San Lorenzo de Parras de la Fuente, Coahuila, la que concluyó sin hacer sexto año, en junio de 1920, en la Escuela Centenario de San Pedro de las Colonias, Coahuila.
En septiembre de 1920, se inscribió como alumno de primer grado en la Benemérita Escuela Normal del Estado de Coahuila, con sede en la ciudad de Saltillo, abandonando sus estudios en el ciclo escolar de 1923-1924 para desempeñarse como director de la Escuela Rural de la hacienda de San Marcos —hoy ejido— del municipio de San Pedro, Coahuila.
En septiembre de 1924, se inscribió de nueva cuenta en la hoy Benemérita Escuela Normal del Estado de Coahuila, como alumno del cuarto grado, terminando su carrera de profesor de educación primaria en junio de 1926, siendo presidente del jurado en su examen profesional, el también ameritado maestro coahuilense Apolonio M. Avilés.
A la terminación de sus estudios profesionales, fue comisionado al Estado de Sonora, desempeñando el cargo de director de la Escuela Primaria Superior para varones “Talamantes” de Navojoa, Sonora, en la que tuvo como discípulos a los hijos del ex presidente Obregón, de nombres Álvaro, Mayo y Francisco, de los mismos apellidos.
De 1927 a 1932, fue inspector de Zona en las escuelas primarias de Hermosillo, Sonora, entidad en la que tuvo que salir de manera imprevista, pues según su propia versión el entonces gobernador Rodolfo Elías Calles me dio veinticuatro horas para abandonar el territorio porque era un peligroso comunista.
El 16 de julio de 1932, resultó designado profesor de la planta en la Escuela Central Agrícola de Tamatán, Tamaulipas, antecedente de la después Normal Rural “Lauro Aguirre” de dicho lugar y entidad federativa; institución en la cual instrumentó por primera vez su proyecto de código disciplinario que le daría renombre nacional, por sus resultados formativos y pedagógicos, que haría extensivos después en los demás cargos educativos que ocuparía con posterioridad al frente de las direcciones de las escuelas normales rurales de Galeana, Nuevo León, Tenería, Estado de México, El Mexe, Hidalgo, y San Marcos, Zacatecas.
Posteriormente, en 1934, se desempeñó como maestro de planta en la Escuela Regional Campesina de Santa Lucía, Durango, siendo designado más tarde director Interino con su carácter de Jefe de Enseñanza Normal de dicha institución.
En 1935 fue nombrado Jefe de la Misión Cultural número 18 con circunscripción en los estados de Querétaro y Tabasco, cargo que ocupó hasta 1937 en que fue nombrado Jefe de Brigada —único en el país— operando en La Laguna y dirigiendo, al mismo tiempo, tres misiones culturales y un instituto de investigaciones científicas.
En septiembre de 1937, ocupó la Dirección de la Escuela Regional Campesina, posteriormente Normal Rural “General Mariano Escobedo” de Galeana, Nuevo León, donde gracias a su basta experiencia de antiguo misionero y profesor de planta de las escuelas centrales agrícolas, convirtió a la institución no sólo en un centro cultural, político y social de la región, sino también de elevado nivel académico al implantar como ya se dijo con anterioridad, un código disciplinario sin precedente en la historia que dio origen a controversias apasionadas en el ámbito educativo nacional y que tenía como característica especial, el que los miembros de la comunidad escolar, es decir, maestros, alumnos y empleados administrativos, así como personal técnico y manual, en un plano de auténtica democracia, decidían la organización y normas de conducta.
En 1939 ocupó el cargo de dirigente de los trabajadores de la enseñanza superior campesina  al tiempo que prestó sus servicios en la Escuela Nacional de Agricultura de Chapingo, Estado de México, en función de maestro de la cátedra de civismo, elaborando el programa y el texto correspondiente que fue aprobado sin discusión por el Colegio de Maestros.
En 1941 fue nombrado director de la Escuela Regional Campesina, antecedente de la después Normal Rural de Tenería, Estado de México, cargo en el que duró dos años, pues en 1943, fue designado director de la Escuela Regional Campesina de Chicontepec, Veracruz.
Posteriormente, en 1944, fue ascendido a inspector de misiones culturales a propuesta del propio secretario de Educación Pública, Jaime Torres Bodet, ocupando por cierto la plaza que había quedado vacante al jubilarse el maestro Rafael Ramírez Castañeda, quien, en un hecho insólito de los anales de la educación, que habla por sí mismo de los méritos y la grandeza que para ese entonces ya tenía ganada a pulso el destacado mentor coahuilense, el eminente educador mexicano puso como condición para hacerlo, que se designara en su lugar al profesor José Santos Valdés, pues de otra manera como así lo refieren sus biógrafos, no aceptaría su retiro.
El 7 de marzo de 1948 pasó a ocupar la Dirección de la Escuela Normal Rural “General Matías Ramos Santos”, de San Marcos, Zacatecas, institución en la cual llevó a cabo una labor educativa, que aún trasciende hasta nuestros días, pues la implementación de su código disciplinario alcanzó en San Marcos su máxima expresión, al grado que la huella formativa y elevación académica que imprimió José Santos Valdés hasta el año de 1955, en que fue asignado para dirigir los destinos de la Escuela Normal Rural de El Mexe, Hidalgo, no solamente es bien recordada por todos sus alumnos directos, sino también por las subsecuentes generaciones que se formaron en las bases educativas de disciplina, democracia y trabajo por él implantadas. Dio motivo a que el periodo de siete años en los que el maestro coahuilense estuvo al frente de la dirección de la escuela, sea conocido como la “época de oro de San Marcos”, por el espíritu del mismo nombre que distingue aún a todos sus egresados, originando que innumerables biólogos, ingenieros, médicos y licenciados egresados de sus aulas, admitan con orgullo: Si bien es cierto el politécnico o la Universidad —según el caso—, nos proporcionaron conocimientos y títulos; no menos verídico es que a San Marcos, gracias a José Santos Valdés, le debemos nuestra formación y mística de compromiso social.
Después de haberse desempeñado como director de la Escuela Normal Rural de El Mexe, Hidalgo, en 1956 fue designado visitador de la Dirección de Enseñanza Agrícola, para posteriormente, en 1959, pasar a ocupar la Dirección de la Escuela Normal y Preparatoria de Ciudad Victoria, Tamaulipas, para el año siguiente, 1960, ser nombrado inspector de Enseñanza Normal, cargo con el que se jubiló en noviembre de 1965.
Con el objetivo de vitalizar el ramo, en 1967 fungió el rol de comisionado por el mismo secretario de Educación Pública, como inspector de Enseñanza Normal en la zona norte de la República, cargo que desempeñó hasta 1970, en que dejó definitivamente el servicio educativo oficial.
Cabe mencionar, que José Santos Valdés es uno de los diez educadores de México que ha merecido que su busto ocupe un lugar en la galería que para tal efecto se exhibe en el propio edificio de la Secretaría de Educación Pública, ubicado en Donceles y República Argentina de la capital del país.
A partir de su retiro, en 1970, el maestro José Santos Valdés, continuó desarrollando su fecunda labor periodística en diversos medios de varios estados del país, a través de su conocida columna “A Bayoneta Calada”, hasta el domingo 5 de agosto de 1990 que dejó de existir en su domicilio de Gómez Palacio, Durango, a la edad de ochenta y cinco años.
Poco antes de fallecer, el 31 de mayo de 1990, el Congreso del Estado de Durango lo condecoró con la presea “Francisco Zarco” y el diploma “A la virtud y al mérito” por sus actos relevantes en el aspecto cultural en beneficio de la sociedad; reconocimiento que recibió de manos de José Ramírez Gamero, gobernador del estado.

Labor periodística de José Santos Valdés

Aunado a su trayectoria pedagógica y cultural, su labor periodística es también de gran relevancia y valía.
Participó en diversos periódicos y revistas de Tamaulipas. De 1920 a 1934 escribió en la revista Educación, también en El Maestro Rural y Tesis. Por años colaboró en el diario El popular, en El Universo Gráfico y en la revista Todo.
De 1958 a 1968 fue articulista de la nacionalmente famosa revista Siempre, dirigida por el tabasqueño José Pagés Llergo, siendo compañero de pluma en dicha publicación de reconocidos escritores y hombres de letras como Vicente Lombardo Toledano, Francisco Martínez de la Vega o José Alvarado. En esa misma época fue colaborador de la revista Política, dirigida por Manuel Marcué Pardiñas, como también de la revista Magisterio, que lo aceptó de colaborador desde el primer número, medios en los cuales José Santos Valdés se distinguió como apasionado defensor de los sectores más desprotegidos y de las causas más nobles de las luchas del pueblo mexicano.
En Torreón, por muchos años, fue colaborador habitual de los periódicos La Opinión y El Siglo, así también de El Porvenir, editado en la ciudad de Monterrey. Siendo durante dieciocho años consecutivos colaborador de los periódicos El Mundo de Tampico, Los Heraldos de San Luis Potosí, Aguascalientes, Zacatecas, Irapuato, León, y La Voz de Michoacán.
Mención aparte merece su destacada participación en el periódico El Día, editado en la ciudad de México, donde entre los seiscientos artículos en él publicados, se incluyen trabajos de índole educativa e histórica; siendo además colaborador del periódico Vanguardia editado en la ciudad de Saltillo que acogió su columna “A Bayoneta Calada” como una de las más importantes de su sección editorial.

Labor editorial de José Santos Valdés

Dicho aspecto se puede dividir en dos apartados: en el primero, el de los folletos y ensayos, y el segundo, el de los libros publicados.
Entre los folletos y ensayos salidos de la pluma e investigación de dicho ameritado maestro, cabe destacar: “Motivos de Educación Socialista”, “La Religión y la Escuela Socialista”, “La Escuela Regional Campesina y sus Problemas”, “Meditaciones sobre el Artículo Tercero Constitucional”, “Los Maestros y la Revolución Mexicana” (primer premio en un curso nacional), “Amelia” (cincuenta mil ejemplares, aprobado y elogiado en una asamblea nacional de educación de la S.E.P., mediante un documento firmado por los asistentes), “Educación Democrática” (problema de nuestros días), “50 años de Misiones Culturales”, “La Escuela Rural Mexicana”, “Interpretación de los Programas para la Escuela Primaria de la S.E.P.” (1967, 4 ediciones) y “La Reforma Educativa” (1971, 2 ediciones), etc.
Los libros publicados por tan distinguido maestro coahuilense son: Civismo (texto de la escuela nacional de agricultura de Chapingo, 1940), La Batalla por la Cultura (1944), Democracia y Disciplina Escolar (1946), Deserción y Reprobación Escolares (1969), Federico Berrueto Ramón (1969), Madera (1968), La Enseñanza de la Lectura y la Escritura (1967), Matamoros, Ciudad Lagunera (1973) y El Enredo (estudio crítico y despiadado de la educación primaria y normal en México).

Colofón

Así, bien puede decirse que si Tamaulipas se siente orgulloso con maestros como Lauro Aguirre Espinoza; Nuevo León con Moisés Saenz Garza; Oaxaca con José Vasconcelos; Colima con Gregorio Torres Quintero; Campeche con Luis Álvarez Barret; Jalisco con Soledad Anaya Solórzano; y Veracruz con Rafael Ramírez Castañeda; Coahuila lo está merecidamente con el profesor José Santos Valdés.

 
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