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25 de marzo de 2008


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El gobierno federal pide a los Estados Unidos rastrear arsenales
incautados en méxico en los tres años últimos años

El contrabando de armas
de guerra abre  otro
frente en la lucha contra
el crimen

Jesús R. Cedillo


Entre la música de corridos y los decomisos de pertrechos bélicos
salta a la vista uno de los frentes que ataca sin descanso
el gobierno de Calderón contra el crimen organizado.
En Tijuana y Tamaulipas los golpes mejor asestados.


Libre mercado.
En EEUU la venta es legal, aquí no.

Los trovadores, los cantantes —y no los sabios politólogos de café y menos los eruditos narcotraficólogos— lo saben desde siempre: imagen es poder y las armas forman parte fundamental del terreno minado en que se juega y en que se vive y muere en un día.
El corrido “Las monjitas” del grupo Exterminador así lo cuenta: Una troca salió de Durango/ a las dos de la mañana/ dos muchachas muy chulas llevaban/ coca pura y también marihuana/ pero se disfrazaron de monjas/ pa’ poderla llevar a Tijuana.../ Una dijo: me llamo Sor Juana/ la otra dijo: me llamo Sor...presa!/ y se alzaron el hábito a un tiempo y sacaron unas metralletas/ y mataron a los federales/ y se fueron en su camioneta...
Las armas son fundamentales en la nueva guerra que se libra con los diversos cárteles de la droga en México. Mejor armados que las autoridades y corporaciones policíacas e incluso militares, los narcotraficantes y miembros del crimen organizado en México empiezan a comprar armamento sofisticado y cada vez más poderoso, con miras a defender sus espacios de poder y operación.
Según datos de Georgina Sánchez, —consultora independiente, especialista en prospectiva y seguridad— México realizó importaciones de armas ligeras, pequeñas y municiones por un monto de treinta y dos millones cuatrocientos mil novecientos setenta y siete dólares en 2005. Los orígenes principales de estas armas son Estados Unidos, Italia, Francia, Israel, la República Checa, Alemania, China y Austria.
Según datos de la analista, en Estados Unidos se venden anualmente a compradores privados de cinco a seis millones de armas. En 2004, la ATF pudo identificar mil ochocientos crímenes con armas en México, de los cuales Georgina Sánchez asegura que de noventa a noventa y cinco por ciento tenían como origen expendedores de armas de Estados Unidos. Datos disponibles dicen que de cien mil expendios de armas que existen legalmente en los USA, diecisiete mil de éstos se encuentran en los puntos fronterizos con México.
La guerra contra el narcotráfico y el crimen organizado que les decretó el presidente de México, Felipe Calderón Hinojosa, se libra en varios frentes, uno de ellos es la compra-venta y uso de poderosas armas por parte del crimen organizado. En los tres primeros meses de este año, el gobierno de Calderón ha dado varios golpes a estas organizaciones criminales decomisando cargamentos históricos cuantificados en millones de dólares.
En marzo de este año y luego de un intenso tiroteo en la ciudad de Tijuana (sede del cartel de los Arellano Félix o cartel de Tijuana), se decomisó el arsenal “más grande que se haya obtenido”, dijo a la Agencia Reuters Justo Buenaventura Jaime, mayor del Ejército en aquella zona.
El arsenal decomisado a saber: noventa y un armas largas, treinta y dos armas cortas, alrededor de cincuenta mil cartuchos de diverso calibre, granadas, tres fusiles con lanzagranadas, ametralladoras M-60, fusiles AK-47, AR-15, escopetas calibre 15, pistolas y ametralladoras MP-5. Según varios reportes periodísticos, algunas de las armas decomisadas estaban bañadas en oro blanco y amarillo y varias de ellas llevaban grabados motivos rancheros y calaveras.
Los trovadores y cantantes de corridos ya lo habían anunciado con su voces de profetas y juglares populares, en un corrido titulado “De Sinaloa a Durango”. Los Matadores del Norte así lo cuentan: Yo me paseo en Culiacán/ en una Ranger del año/ no me gusta lo corriente/ traigo carro americano/ también mi 45/ con cachas de oro brillando... lo kitch se confunde con lo que ahora se le conoce como Art Narcó, según expresión del investigador de la frontera norte, José Manuel Valenzuela.
Si el anterior decomiso histórico se había realizado en Tijuana, en febrero de este año, un mes antes de aquel, elementos del Ejército habrían decomisado en Miguel Alemán, Tamaulipas, tal cantidad de cartuchos que serviría para abastecer a un batallón, según información de la PGR y el diario El Universal.
En la acción llevada acabo en el rancho “El Mezquitito” en el municipio de Miguel Alemán se aseguraron ochenta y tres mil trescientos cincuenta y cinco cartuchos de diversos calibres, ochenta y nueve armas largas, cinco armas cortas y una ametralladora calibre 7.62 milímetros, tres granadas de fragmentación, doscientos treinta y cinco cargadores para diferentes calibres, un cartucho explosivo B-4. Amén, lo anterior, de decomisar nueve toneladas de marihuana, nueve camionetas de diversas características, siluetas para prácticas de tiro, uniformes negros y camuflados de color verde y fornituras de color negro. Presumiblemente todo lo anterior pertenecería al poderoso cartel del Golfo.
Días después, en el municipio de Reynosa y de acuerdo con la averiguación AP//PGR/TAMPS/NL-III/379/08, policías federales cumplimentaron una orden de cateo otorgada por un juez en el domicilio localizado en la colonia Enrique Cárdenas, donde incautaron ochocientos diecinueve kilos trescientos gramos de material pirotécnico.
Resulta paradójico que en un mundo de comunicaciones al minuto, estamos menos comunicados. Lo anterior se desprende una vez de la visión centralista que emana del centro de la república (Distrito Federal) donde las periferias (norte, sur de México) se agitan y convulsionan y sólo hasta que las olas rebotan en la capital del país, entonces se torna “noticia relevante”.
En febrero de este año el revuelo causado por un decomiso de armas en la colonia “Portales” de la capital mexicana, puso a temblar a las autoridades del Distrito Federal acaso por creerse inmaculadas y ausentes en esta guerra entre narcos y la lucha del gobierno federal en contra del crimen organizado.
Entre el armamento decomisado en febrero de este año en la colonia Portales  de la delegación Benito Juárez, en la Ciudad de México por parte de la SSPDF, se encuentra una ametralladora Barret antiaérea, calibre 50, la cual funciona con censores de calor y atraviesa blindajes de acero y concreto, se aseguraron seis fusiles semiautomáticos de asalto (AK-47 y AR-15), pistolas tipo escuadra, diez granadas de fragmentación, ochocientos treinta y cuatro cartuchos útiles de diversos calibres, treinta cargadores milimétricos de alto poder, siete chalecos tácticos color negro, once equipos telefónicos y cuatro equipos de radio.
El narcotráfico y el crimen organizado no descansan, las autoridades mexicanas tampoco. En Cancún, el día 1 de marzo pasado, la secretaría de Seguridad Pública Federal encontró en un departamento de la zona hotelera veintidós armas —veinte de ellas largas—, catorce grandas, sesenta y siete cargadores y mil quinientos cartuchos útiles de diversos calibres. También se hallaron veinticinco radios de comunicación y letreros falsos para vehículos con siglas de la policía.
Los resultados están a la vista. En los meses de enero y febrero de este año, el director de la Oficina para el Alcohol, el Tabaco y Armas de Fuego (ATF, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos, Michael Sullivan, ha informado que en los últimos tres años México ha reportado para su rastreo unas doce mil armas, que han sido incautadas en ese país a bandas criminales. El número de armas que las autoridades mexicanas nos han reportado para su rastreo creció en cincuenta por ciento entre 2005 y 2006 y otro cincuenta por ciento a lo largo de 2007, dijo Sullivan a la Agencia de noticias Notimex.
Según la ATF, en 2007 las autoridades mexicanas decomisaron y reportaron para su seguimiento en Estados Unidos, mil trescientas cuarenta pistolas, mil doscientos dieciséis rifles, trescientos setenta revólveres, doscientas setenta y nueve pistolas cortas, once ametralladoras, ocho pistolas de bolsillo, un aditamento destructivo (no especificado) y dos armas de tipo desconocido.
Los inconmensurables Tigres del Norte ya lo sabían desde hace mucho. Antes de que esto se hiciera una moda, en su corrido “Lo que sembré allá en la sierra” se canta: No crean que soy muy confiado/ también ando prevenido/ y traigo dos R-15/ también un cuerno de chivo/ por si me buscan pelea/ también yo les hago ruido.
Y sí, efectivamente, el gobierno federal ha buscado pelea. Los resultados están a la vista. E4

 
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