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26 de febrero de 2008


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El mutis pone de relieve las relaciones entre el poder económico
y su influencia en la TV

Marcial Maciel:
Silencio sepulcral

Renata Chapa

Pese a lo denunciado en múltiples espacios de comunicación,
muchos “Legionarios” cerraron filas con su líder, guardaron
silencio y continuaron con los golpes de pecho sin dar crédito
alguno a las acusaciones sobre las prácticas sexuales de Maciel

 


Los acusadores.
José Pérez, José Barba y Saúl Barrales

Luego de este par de años,
mi reiterado abrazo
a don Francisco González,
por nuestro segundo casual reencuentro, ahora en la
prensa nacional

En alguna ocasión, varios participantes de una clase de solfeo ofrecieron explicaciones sobre la belleza que cada quien encontraba al escuchar las notas musicales. Describieron los distintos tipos de estados de ánimo que sentían al oír un “fa”, un “si” o el “do” sostenido. Recurrieron a novedosas metáforas para asociar lo que pasaba por su mente cuando entraban en contacto con determinadas armonías. Aquello fue un incesante intento por definir lo indefinible: la excelsitud de un sonido musical.
Después de varios minutos de exposición y de amena audición, la persona que guiaba al grupo hizo evidente la manera en que todos habían caído en su “trampa” expositiva. Puntualizó en la vehemencia con que habían defendido el valor del sonido y la nula importancia que todos los convocados le habían dado al silencio, componente fundamental en la producción y análisis musicales.
También en otro momento, en un espacio diferente, los miembros de un jurado repartían los premios de cierto concurso de comunicación oral. El público parecía conforme con el tercer y segundo lugares entregados. Y cuando llegó el momento de nombrar al ganador del primer sitio, sólo unos cuantos reflejaron el desánimo propio de ver perder a “su gallo”. Los demás aplaudían y chiflaban convencidos de que la máxima presea se la llevara ése que, a pesar de no haber seleccionado un tema de mucho impacto, ni contar con un timbre de voz tan llamativo y tampoco maniobrar con ancho bagaje argumental, había reflejado seguridad de hierro.
El ganador, desde la primera frase, había convencido de su fortaleza escénica gracias a su parsimonia, según comentaban de manera generalizada en las filas aledañas. La cadencia con que pronunció cada frase combinada con la dosificación de los silencios se tradujo en rotunda victoria. El silencio, por paradójico que parezca, lo había convertido esa tarde en el mejor orador.
Precisamente el jueves 31 de enero llegó la noticia de la muerte del fundador de la congregación religiosa “Los Legionarios de Cristo”, Marcial Maciel Degollado, en un hospital de Houston, Texas. Con bastante probabilidad, los que tuvieron el contacto más rápido con la información sobre el deceso del sacerdote fueron los cibernautas que, por decir, visitaban Yahoo. Ellos pudieron leer el recuadro donde se confirmaba la muerte del polémico Maciel, acusado de abuso sexual contra seminaristas menores de edad; otros, algo escucharon por la radio. Era de esperarse que, durante la noche, los noticiarios de televisión dieran cuenta detallada del asunto.
Joaquín López-Dóriga abordó, ese jueves, diferentes asuntos durante más de la mitad de su noticiario. Los encabezados fueron dedicados a las últimas del narcotráfico, capturas y escapes. Cerca de las once de la noche, apareció la nota sobre el fallecimiento del líder de los legionarios. Con una duración no mayor a los treinta segundos, el también participante de “Tercer Grado” mencionó lo básico: el nombre del occiso, el padre Marcial Maciel; causa del fallecimiento, muerte natural; su principal aportación en vida, fundar a “Los Legionarios de Cristo”. Y punto final. Ninguna mención, ni alusiva siquiera, a los actos de pederastia por los que Maciel había sido acusado años atrás. Tampoco salieron a relucir los nombres de los Papas que tuvieron que ver con el caso, Karol Joseph Wotjyla, Juan Pablo II, y Joseph Ratzinger, Benedicto XVI. El silencio de López-Dóriga fue elocuente, vívido. Mas no así las razones, con nombre y apellidos, que le llevaron a manejar con tal discrecionalidad la noticia.
Del mutismo del apodado “Teacher” López-Dóriga, pueden desdoblarse varias inferencias. Una de ella, acaso la más fuerte, es la que asocia el poder multimillonario de quienes están al frente de la empresa televisora (finalmente quienes determinan que sí y que no en pantalla), con los otros poderes multimillonarios con los que Maciel comulgaba y viceversa (Bernardo Barranco, especialista en religiones, calificó a Maciel Degollado como un hombre pragmático que supo combinar la intransigencia de la Iglesia en sus valores tradicionales como la familia, contra el aborto y la formación de líderes, con la obtención de recursos económicos, principalmente de empresarios… Maciel tuvo relaciones fructíferas con potentados como Manuel Espinosa Yglesias, Carlos Slim, Emilio Azcárraga Jean, Carlos Peralta, Alejandro Burillo, los hermanos Vázquez Raña y más: Milenio, (01/01/2008). No son secretos los niveles de audiencia ni de influencia del espacio nocturno de noticias de “El Canal de las Estrellas” y tampoco la marcada posición económica de los católicos que llevan por enfrente la bandera de Maciel. Pese a lo denunciado en múltiples espacios mediáticos, muchos “Legionarios” cerraron filas con su líder, guardaron silencio al respecto, y continuaron con los golpes de pecho sin dar crédito alguno a las graves acusaciones sobre las prácticas sexuales de Maciel.
El domingo 4 de diciembre de 2006, en El Diario de Chihuahua apareció una crónica de la polifacética Feria Internacional del Libro 2006. En ella se coló una breve estampa relacionada con Maciel Degollado: José Manuel Ruiz Marcos presentó su libro La orden maldita. La verdadera historia de los Legionarios de Cristo, de la editorial Planeta. Ruiz explicó el argumento principal por el que tantos años el padre Marcial Maciel logró convencer a tantos niños de participar en actos sexuales y la manera en que los pequeños de entre diez y doce años accedían a ello con la idea de poder “sanar al padre de los terribles dolores de su enfermedad”, ésa que denominó “retención del semen”. Por su parte, la comentarista en tal mesa, Sanjuana Martínez, autora a su vez del libro Manto púrpura. Pederastía en tiempos del cardenal Norberto Rivera, criticó los actos de Maciel, y dijo que era “doblemente reprobable que las autoridades eclesiásticas y políticas no hicieran nada al respecto”. Casi al final de la sesión, desde la segunda fila pidió la palabra un hombre que dijo tener casi setenta años. Declaró haber sido víctima del padre Maciel. Luego de darle la razón a Ruiz Marcos, también fue enfático al destacar que si a la violencia se le responde con violencia, eso no habrá de componer nada. “Lo importante aquí es comprender y luego, perdonar” (R. Chapa, “FeliFIL”, El Diario, 04/12/2006).
El pasado viernes 1 de febrero de 2008, Sanjuana Martínez publicó en su espacio periodístico, “A bocajarro”, lo siguiente: En la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, y ante más de doscientas personas, un hombre de unos setenta años alzó su mano y pidió el micrófono. “Me llamo Francisco González Parga. Sufrí abusos sexuales de un sacerdote desde mi niñez hasta los veintiún años”. Su voz comenzó a entrecortarse, pero continuó: “Soy una víctima más de Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo”. Acompañado de su esposa, Don Francisco decidió compartir aquel 3 de diciembre de 2006 (…) su mejor secreto guardado: “Nunca he podido hablarlo, pero lo hago aquí y ahora porque hay gente que no cree. (…) Él era un encantador de serpientes. Nos cautivaba. Nos hacía creer que complacerlo sexualmente era nuestra misión. Que satisfacerlo era mandato divino” (Milenio, 01/02/2008).
El silencio, regresando a la lección de la clase de solfeo narrada al inicio, es arma de inmenso valor no ponderada en tal dimensión por muchos. Para la inmensa mayoría pasa desapercibido y, por eso, no es inocua la fuerza que puede adquirir quien lo sabe explotar. El silencio puede ayudar a exaltar lo bello, lo enternecedor, lo que enaltece, pero también puede ser usado de manera contraria. Como recurso manipulador de la inmundicia social. El parapeto perfecto para el acomodaticio “dejar hacer, dejar pasar”.
Queda un último caso, el cuarto, donde el silencio será para algunos la conclusión de una vida ejemplar, intachable, recta, digna de la beatificación; y, para otros, lo más aborrecible, execrable y violento que gira en torno a uno de los hijos de la Iglesia católica. Es el silencio sepulcral que guarda Marcial Maciel en su natal Cotija, Michoacán. Nada se puede hacer al respecto. Se fue, como dicen varios de sus acusadores, “sin pedir perdón”. En silencio. E4

 
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