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26 de febrero de 2008


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La Ley Electoral de Coahuila protege contra la participación del narco en elecciones; sin embargo, el riesgo existe

Soy presidente de un partido, no de una fracción;
al PAN lo incomodo porque
lo confronto: Rubén

(SEGUNDA PARTE)

Gerardo Hernández G.

Moreira dice que los panistas inflan el tema del nepotismo
en el estado, para él inexistente, cuando son ellos quienes
dependen de núcleos familiares; deslinda al PRI de campañas
sucias; desvela presiones para que sea excluyente
y tome venganzas; y anuncia que si no gana la mayoría
del Congreso tomará otra decisión sobre su futuro político


Debate Radiofónico.
Moreira con el senador panista Ernesto Saro

Rubén Moreira, presidente del PRI, admite que en política “no se puede todo”. Se lo dice al PAN, para que lo entienda el senador Guillermo Anaya, y se lo aplica a sí mismo: el presidente del partido no puede pensar en ser candidato al gobierno. Lector asiduo, recurre a la Odisea para marcar distancia de una sucesión —la de 2012 aún lejana— cuya nómina lo incluye, sólo para distraer. Cita el canto de cuando Odiseo ordena a su tripulación taparse los oídos con cera y él se ata al mástil para no arrojarse a las aguas del mar al escuchar el canto de las sirenas.
En México —bromea— tenemos dos deportes nacionales: la charrería y el futurismo. En ese ejercicio, entiende que ante la falta de noticias, su nombre se baraje entre los prospectos al gobierno, un recurso que a veces sirve para vender, pero advierte que su aspiración como presidente del PRI es serlo por cuatro años y ganar elecciones. Si no logra la mayoría en el Congreso, anuncia que tomará otra decisión sobre su futuro político. En la misma línea, señala que los presidentes de los comités municipales tampoco pueden ser candidatos a alcaldes. Eso desnivelaría la competencia.
En la entrevista, Moreira deja entrever presiones dentro del PRI y de algunos sectores de la administración, que no identifica, por su política aperturista. Al respecto, reflexiona: Soy presidente de un partido —incómodo para el PAN—  no de una fracción, aun cuando alguien quiere presionarme… para que tome una actitud de fracción…. no puedo caer en esa tentación… entiendo a quienes, de mala fe, me presionan haciendo que yo caiga en el garlito de sospechar de otros priístas o de tomar revancha, lo cual, acota, no hará para no dividir al partido y no exponerlo a derrotas como ocurrió en el pasado.
Sobre las críticas del PAN y otros grupos, por la influencia de la familia Moreira en el gobierno, y los señalamientos de columnistas de medios nacionales, por las prácticas de nepotismo en Coahuila, recuerda que en una democracia no se le puede impedir a nadie que sea lo que quiera, asegura que el tema se ha inflado, descalifica a Acción Nacional por abordarlo con absoluta irresponsabilidad y recuerda que son ellos, los panistas, quienes han construido su partido en base a núcleos familiares, como el compadrazgo de Anaya con el presidente.
Cuando se le pregunta si no resulta tentador impulsar a otro Moreira al gobierno, para asegurar la continuidad del proyecto social de su hermano, responde: 1) hasta ahora, nadie se había fijado que mientras más rápido caminen los de atrás, los marginados, más rápido avanza el ferrocarril; en este sentido, aún faltan tareas por hacer; y 2) el proyecto social tiene que encabezarlo alguien que gane la elección; sin embargo, quien pretenda ser gobernador del estado, no puede estar dentro de los cuadros directivos del partido. En el PRI hay muchas opciones.
Basado en los triunfos de de su partido en 2007 y lo que va de este año, vislumbra que el PRI se encamina a ganar el Congreso federal en 2009, por lo que recomienda al presidente y los panistas locales empezar a ver las cosas de distinta manera, si no quieren que el resto de su administración se convierta en un infierno.
Interrogado sobre la participación del narcotráfico en operaciones electorales, como se presume pasó en Tamaulipas, donde dinero de las drogas habría servido para apuntalar a los candidatos del PRI, el presidente del comité estatal admite ese riesgo, llama al Estado mexicano a diseñar leyes que lo reduzcan y atenúen al máximo el flujo de dinero a las campañas políticas, pero aclara que en Tamaulipas funcionó el partido y los candidatos fueron los mejores.
Moreira anticipa que en Coahuila su partido postulará candidatos congruentes, con arraigo y que tengan la posibilidad de realizar buenas campañas, no a los más amigos ni a los más moreiristas, y de ello asume el costo pues en el PRI caben todos. Por último, asegura que si alguien ha sido víctima de guerra sucia ha sido el gobernador. El PRI no entrará a ese juego. En Torreón, comenta, los panistas se exhiben solos. Lo mismo los jefes policíacos que el alcalde que no paga impuestos.

Para el país resultaría peor ser gobernado por el Congreso si el partido del presidente no logra mayoría en la siguiente legislatura.
Pero así puede pasar, según la ley, pues aún no se diseñan instrumentos para mantener la estabilidad, faltan márgenes. El presidente, aunque mi opinión pueda no interesarle, debería reflexionar y medir su papel en las elecciones en función del apoyo real, porque si a mitad de año su partido no marcha bien y uno de nosotros —PRI o PRD— obtiene la mayoría en 2009, tendría que empezar a tender lazos y dejar de presionar a las entidades pues, al final, los gobernadores sí tienen un peso muy importante. El análisis no se ha puesto en la mesa, pero en Coahuila, a partir la segunda mitad del año, se verá una presión hacia el presidente. A año y medio de las elecciones federales, el PRI se encamina a tener la mayoría del Congreso, porque tiene más gobernadores, porque la política federal no funciona y porque estamos ganando elecciones. Salvo Baja California, Calderón no ha ganado ninguna, perdió Tabasco, Yucatán, Durango, Chihuahua, Oaxaca, Tamaulipas, Sinaloa, Puebla, Veracruz, la capital de Aguascalientes y Quintana Roo con el PRI, y Chiapas, Michoacán y Baja California Sur con el PRD. Si la tendencia continúa, lo cual es muy probable, el presidente y los panistas locales tienen que empezar a ver las cosas de distinta manera, si no quieren que el resto de su administración se convierta en un infierno.
¿Y qué tal si las derrotas fuesen estratégicas? Salinas se legitimó con el encarcelamiento de “La Quina”, tras una elección fraudulenta. Calderón, cuestionado por el PRD, podría presentarse como un presidente “demócrata” para después apretar. Incluso en el PAN se denunció la injerencia de Los Pinos para “dejarse ganar”. Pasó en Puebla, donde un gobernador con las credenciales de Mario Marín obtuvo veinticinco de veintiséis diputaciones locales.
n Si fue estrategia, está mal. El presidente necesitaba demostrar que su partido sí ganaba elecciones, pero vemos que no es así. Algunos ya empiezan a decir, “sino ganó éstas ¿cómo ganó la suya?”. La cuestión es simple, los partidos quieren ganar elecciones. Los triunfos de Marín y Ulises Ruiz, en Oaxaca, nos llevan a reflexionar sobre la visión que el centro del país genera sobre algunos estados, y que no necesariamente es lo que los electores sienten. Ulises gana la totalidad de las diputaciones, o sea que todos los sectores votaron por él, por el PRI. Si hubiese ganado sólo en la sierra o en las colonias marginadas, serían sectores muy específicos, pero ganó en todas partes. Con  Marín pasó lo mismo y con Eugenio Hernández, en Tamaulipas, igual. El ciudadano de estas entidades no piensa como, al parecer, se indica desde el centro, lo cual lleva a dos hipótesis: o los analistas nacionales no conocen los estados e ignoran las dinámicas; o sus construcciones, simplemente, no son acertadas.

La hipótesis es que en Tamaulipas el gobernador Eugenio Hernández dio luz verde al narcotráfico para intervenir en las elecciones a favor del PRI. ¿Existe en Coahuila el riesgo de que recursos de las drogas penetren en los partidos?
No creo que haya pasado eso en Tamaulipas. El PRI supo cómo hacer elecciones y lanzó a sus mejores candidatos. En Reynosa postuló a un ex presidente municipal, ex senador y ex precandidato a la gubernatura. El ciudadano sabía que votar por Lubert era hacerlo por una figura que genera expectativas políticas y eso fortalece el voto. En esa ciudad observé una magnífica operación política, todos los grupos se unieron para ganar. Es evidente que existen grupos relacionados con la delincuencia que tratan de intervenir en las elecciones, pero el Estado —no me refiero a Coahuila, sino al Estado mexicano— debe tener instrumentos para evitar esa posibilidad y atenuar al máximo el flujo de dinero a las campañas. Coahuila está blindado, por el bajo tope de las campañas y porque el acceso a los medios de comunicación es sólo a través del Instituto Electoral. Sin embargo, tiene que mejorar el control de la propaganda electoral, porque es evidente que Jorge Zermeño, en la campaña para gobernador, rebasó los topes. No digo que esté relacionado con la delincuencia. Otros estados lo han intentado y el PRI lo propuso en la reforma, pero no salió. El objetivo es crear una especie de contraloría que vigile los detalles: cuántos pendones se pusieron, y dónde; por allí pudiera darse un exceso en el gasto. Además, debe fortalecerse la transparencia, el uso de las comunicaciones y la manera en que se plantee la propaganda, aunque disminuya la posibilidad de una buena campaña en  los medios, lo cual es preferible a que se utilicen esos espacios con recursos ilícitos.

Tras la experiencia de Tamaulipas, ¿cuál será el criterio en la elección a candidatos a diputados en Coahuila: los más moreiristas, los más amigos, los priístas más comprometidos, los que según las encuestas puedan ganar con mayor margen o con menor riesgo…?
Dirá que la respuesta es simplona, pero se postulará a los mejores. Ahora, ¿quiénes son los mejores? Para empezar, tienen que ser candidatos con arraigo, congruentes con los principios de nuestro partido, que no sorprendan a los electores, porque esto le costaría al PRI votos ahora y después. Lo de menos sería lanzar a los más populares, pero debemos cuidar que su actuación como diputados tampoco merme la votación del partido en elecciones futuras. ¿Quién más? Quien tenga la posibilidad de hacer una muy buena campaña y esté en disposición de hacerla, es importante puntualizarlo. Existe otra circunstancia: antes, con una buena campaña de marketing, en tres semanas decíamos a quién íbamos a lanzar y en las últimas tres decíamos que nuestro candidato iba a ganar, porque en marketing nunca puedes decir que vas a hacer algo si no sabes quién lo va a hacer y cómo lo va a hacer, se aplica hasta para vender un Nescafé. Ahora tenemos un problema en el tiempo y con los topes de campaña. No podemos posicionar a alguien que no sea conocido.
La selección de candidatos será por el método que decida el consejo político estatal el 1 de marzo, en Saltillo, entre dos opciones: 1) convención de delegados, y 2) consulta directa a la base. Ambas implican elecciones territoriales de candidatos y de delegados. Me inclino más por la consulta porque al final, como dicen, la democracia no es perfecta, pero es lo mejor que conocemos. La elección por asamblea genera presiones sobre el voto de  los delegados cuyo número, a pesar de ser finito, es muy grande. Hablamos de mil quinientos en Coahuila. ¿Imaginemos una elección de esas proporciones? Por eso prefiero la consulta, pero la decisión no es mía. El partido tiene que postular a sus mejores hombres. Soy presidente de un partido, no de una fracción del partido, aun cuando alguien me quiere presionar, en alguna parte, para que yo tome una actitud de fracción. Aunque pertenezco y recibí el apoyo inicial de una fracción del partido, no puedo caer en esa tentación. Por otro lado, entiendo a quienes, de mala fe, me presionan haciendo que yo caiga en el garlito de sospechar de otros priístas o de tomar revancha. Esa actitud es de mala fe en un noventa por ciento, aunque habrá quien lo hace sin saber.
Sin embargo, no puedo tomar revancha de cosas que no sucedieron ni de disputas al interior del partido. Quiero seguir siendo presidente del PRI los siguientes cuatro años, no representar a una fracción. Deseo ser presidente de un PRI que gane elecciones, no de un partido que por divisionismo no las obtenga. Apoyar a una sola fracción de mi partido implicaría que el PRI, en lugar de multiplicarse, se dividiera y que en cada elección el grupo vencedor tomara algún tipo de revancha con la fracción que no ganó. Repito, soy el presidente de un partido en el cual caben todos, incluso muchos que se fueron y que no pertenecen al PRI y que yo he invitado. Asumo el costo, pero lo más interesante: hago la talacha.

¿Quiénes han vuelto al redil y cuál ha sido su respuesta?
No es que hayan vuelto al redil. Mucha gente se apartó del PRI, consciente o inconscientemente, supongo que por falta de operación. Alguna gente creyó que se le cerraban las puertas y buscó opciones; grupos grandes del PRD están hoy con el PRI. Otros no salieron del PRI, pero se mantuvieron apartados y hoy tienen alternativas dentro del partido. A mucha gente le gustaría pertenecer al PRI, pero se enroló en otras organizaciones y ve difícil regresar con nosotros. El PRI, pues, está hoy más abierto. De treinta alcaldías que ganó en 2005, hoy tenemos dos más en lo que llevo como presidente del partido.

La crítica al gobierno de su hermano pasó del populismo al nepotismo, por parte del PAN y de algunos grupos sociales. Hoy, para diputaciones, alcaldías e incluso para la gubernatura, se habla de los Moreira en paquete. Comentaba usted, en referencia al senador Anaya, a su compadrazgo con el presidente y a su aspiración de ser gobernador, que “no se puede todo”. ¿Tienen claro ustedes también esa limitación, sin desconocer que en un país libre y democrático juegan todos los que tengan aptitudes y derechos a salvo?
En principio, no es nepotismo. El nepotismo es una figura legal que en mi caso no se da, y quien lo diga lo hace por ignorancia o con perversidad. Discusiones de este tipo se han inflado ante la imposibilidad de criticar otras cosas del gobierno. No se critica el desempeño del gobernador, del partido o el liderazgo de Carlos mi hermano en el sindicato de maestros. No, se habla del vínculo de sangre que nos une, que es motivo de orgullo personal, y que tampoco se puede ocultar. Frente a eso pueden aparecer otras conductas que también deben ponerse sobre la mesa. ¿De dónde surge un compadrazgo? ¿De un vínculo de sangre, de manera natural? ¿O de la ambición por llegar a alguna parte? Porque, en el caso de Anaya, no se hizo compadre al vecino de al lado.
El tema se ha inflado, y lo digo con respeto. Cuando el PAN habla de nepotismo, lo hace con absoluta irresponsabilidad. Primero, porque Acción Nacional se ha construido en base a núcleos familiares y la lista entre ellos es muy grande. Segundo, su actitud es irresponsable porque buscan en mí una respuesta agresiva contra figuras nacionales, las cuales podrían desquitarse y molestar después a autoridades locales. Tercero, en una democracia no se le puede impedir a nadie que sea lo que quiera. Cuarto, Carlos, mi hermano, es líder sindical mucho antes de que Humberto fuera gobernador; lo es, por decisión de los maestros, de un sindicato que ni siquiera es el mayoritario, porque al menos una de las otras dos secciones tiene más agremiados. En mi caso, y lo digo con  modestia, al PAN le gustaría que yo no fuera presidente del PRI, pero a los priístas sí les gusta que lo sea. A los panistas les resulto incómodo porque la corriente —ahora sí— que represento dentro del partido les va a estar señalando y confrontando siempre, además de que propicia el fortalecimiento ideológico del PRI,  lo que a ellos, evidentemente, no les conviene. Es una corriente que no da cuartel y tampoco lo pide. Nunca me he quejado por nada, pero cualquier agresión la respondo según su tamaño.
A los panistas les gustaría que yo no estuviera en la presidencia del PRI, pero eso no lo deciden ellos, sino los priístas y los resultados. Si ganamos la mayoría del Congreso, seguiré teniendo la confianza de los priístas; si no, tomaré otra decisión. Por último, diría que no se vale hacer crítica cuando se ignora la historia del estado, de México y de la familia. Tampoco se vale criticar, como lo hacen muchas de estas personas, cuando no se conoce lo que ellos mismos viven en su partido. Hay analistas y medios que ante la pasividad del PAN se desesperan y empiezan a tomar el rol de su partido, lo critican y le hacen reclamos como si fueran correligionarios, algo así como “ándale, muévete, no ves que nos están ganando”. Eso me divierte, pero no me preocupa mucho en términos electorales porque su influencia, frente a un padrón de un millón ochocientos mil electores, es mínima.

Recién nombrado en el partido declaró a Espacio 4 que usted, como presidente del PRI, no podía aspirar a ser candidato al gobierno. ¿Se sostiene en lo dicho?
El presidente del PRI tiene que pensar en las elecciones del 19 de octubre, si no se empieza a enredar. El presidente del PRI no puede pensar más que en desarrollar sus funciones, y esto va también para los presidentes de los comités municipales. Ellos tampoco pueden pensar en ser alcaldes; si lo hacen, deben separarse del cargo. A todos ellos les he pedido colocarnos por encima de los grupos e intereses internos. Nosotros no podemos imponer el nuestro porque entonces desnivelaríamos la lucha. Si algo le ha hecho daño al PRI es cuando toma posiciones de ese tipo. En marzo tendremos elecciones internas y una petición que yo les hago es que no favorezcan a un solo grupo, porque necesitamos el concurso de todos para ganar, lo pienso y así se está haciendo. Obviamente, en este país uno de los deportes nacionales, aparte de la charrería, es el futurismo: no toma alguien protesta cuando ya están viendo quién puede ser el sucesor. Ahora mismo le pasa al PAN, cuando el presidente de la República apenas tiene poco más de un año en el cargo. El futurismo lo practicamos incluso con otros países, vemos a los Estados Unidos y decimos quién le seguirá a Bush. Es un deporte que, ante la falta de noticias, a veces sirve para vender.

Aun así, ¿no resulta tentador, en vista de que hay actores de la familia en primer plano, continuar con apellido en el poder?
No, es más tentador que continúe un proyecto social. En Coahuila los priístas tenemos que hacer algunas acosas para vivir en un estado mejor. Por ejemplo, hasta ahora nadie se había fijado que mientras más rápido caminen los que están atrás, en la marginación, más rápido avanza la parte delantera del ferrocarril, y todavía faltan tareas por hacer. Nadie se había dado cuenta de que teníamos municipios donde el doce por ciento de la población no sabía leer ni escribir. Son cifras de países africanos, en algunos casos, mientras el resto del estado ocupa niveles de países europeos. Allí sí hay una tentación, que continúe el proyecto social.

Formularé la pregunta más directa, porque flota en el ambiente. En ese caso ¿no garantizaría mejor la continuación de ese proyecto social alguien de la familia? O es que, como usted mismo admite, “no se puede todo”.
El proyecto social, para ser claro, tiene que ser encabezado por alguien que gane la elección, primero. Si no, podemos tener la pretensión de continuar con un proyecto, como priístas, y no ganar la elección. Segundo, el partido lo tiene que decidir; tercero, el que pretenda ser gobernador del estado no puede estar dentro de los cuadros directivos del partido; cuarto, en el PRI hay muchas opciones para eso. Sin embargo, por el hecho de que yo sea presidente del PRI, y evidentemente para tratar de distraer la atención y armar una buena nota, el nombre se pone sobre la mesa. Falta un buen tiempo para eso y nadie tiene la vida asegurada. Además, quién sabe cómo evolucionen las cosas en el país y en el estado para dentro de cuatro años.

En el mismo contexto, también se baraja el nombre de su hermano Carlos.
Para empezar, el presidente del PRI y los priístas tenemos que hacer lo que Odiseo, quien, al acercarse a la isla donde escuchó el canto de las sirenas, pone cera en los oídos de los navegantes y él mismo se amarra al mástil para no escuchar. Nosotros tenemos que estar amarrados al mástil para poder ganar, porque las cosas se están haciendo bien y en eso hay que tener mucho cuidado.

Para las elecciones de otoño ya hay visos de guerra sucia. El PAN se queja de ello a raíz del escándalo por el vídeo de los jefes policíacos con una bailarina.
Nosotros, en lo personal, fuimos víctimas de ella. En la campaña de Humberto Moreira hubo una guerra sucia institucionalizada, se compraron tiempos en medios, se diseñó una campaña donde calificaban al gobernador de “chundo”, se trataron de generar espíritus regionales que laceran a los coahuilenses. Fue una guerra abierta, con artistas reconocidos en los medios, con una compañía ligada al candidato de Acción Nacional. En aquel momento el PRI no se quejó, ni Humberto Moreira ni su coordinador de campaña, que era yo. Hacia el futuro vemos que puede haber una campaña sucia, pero el PRI no va a entrar en ese juego; entre otras razones, porque tenemos cuatro semanas para hacer una campaña y si nos entretenemos con eso no vamos a avanzar. El PRI se desliga de lo que aconteció en Torreón, no tuvo nada que ver. Me parece irresponsable que el alcalde de Torreón señale a alguien de mi partido como el autor de las filtraciones. Primero, porque no es cierto; segundo, porque no tiene pruebas; y tercero, porque las conductas del alcalde y de sus funcionarios son ciertas y desfachatadas. Los medios reprodujeron las escenas donde aparece el director de la Policía, filmado, al parecer, por varias personas.
Y si el señor José Ángel Pérez no pagó el Predial, fue de sus mismas oficinas de donde salió esa información, porque es un impuesto municipal. No pueden trasladarnos a nosotros la culpa de las filtraciones, porque no es cierto. Me parece una respuesta muy tonta centrar el tema en “quién filtró”, cuando el problema está en por qué no pagó los impuestos o en la conducta de los policías. Hago un paréntesis, no se trata de una afición en el ámbito de la vida privada de las personas, ellos son policías que interactúan con niños, señoras, que entran a los hogares a rescatar, a ayudar. Imaginemos que a un ginecólogo lo vemos en la tele en ese tipo de diversiones, ¿a ver quién va y lo consulta? El médico no se podría defender con el argumento de que es su “vida privada”. Existen actividades para las cuales están vedadas ciertas conductas. Si esos señores, con todo respeto, hubieran sido del Departamento de Alumbrado, mientras el servicio en las calles esté bien, no habría problema. Pero no, los policías son los que nos protegen, los que infraccionan a señoras en las calles, los que atienden la cuestión delictiva donde pueden intervenir mujeres. E4

 
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