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26 de febrero de 2008


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La metrópoli lagunera cuenta al fin con una obra, del sector privado, digna de sus cien años

TORREÓN:
de las ruinas del DVR
al coloso del centenario

Themis Sánchez


Con corte de listón, misa, bendiciones, revista y corridas de toros
se inauguró el pasado 8 de febrero la que ya clasifica entre las
mejores plazas taurinas del país. Su magnificencia, fruto
del empuje regional, es una bofetada con guante blanco a las
obras de gobierno, especialmente al difunto Distribuidor Vial


Coliseo Centenario.
Obra de lujo para Torreón

Coloso, Coliseo… No es necesario ser un erudito en lingüística para establecer la relación entre ambos términos. El poderío de uno siempre se verá reflejado en el otro. Desde que en el año 70 D.C. el emperador romano Vespaciano decidiera erigir un anfiteatro sin precedentes en su imperio, sabía muy bien que dadas las dimensiones del mismo y las vastas posibilidades que ostentaba a la hora de concentrar personas —admiradores directos de semejante creación—, crear divertimentos o pasearse apenas por su extensa arquitectura, ocasionaría un impacto social y cultural importante. Pero más que eso, el Coliseo se convertiría en símbolo de una ciudad, de una potencia, en un monumento que trascendería al influjo del tiempo.
Los siglos no han logrado derribar la totalidad de sus muros y, de este lado del mundo, otra ciudad con arquitectónico nombre, Torreón, ha debido aguardar justamente cien años para erigir lo que, desde ya, clasifica entre las mejores construcciones de México: el Coliseo del Centenario.
El mensaje del ayuntamiento, a propósito de su inauguración, hace referencia a que la apertura de nuevos y modernos espacios de entretenimiento en dicha urbe representa una opción que fomenta la convivencia de las familias torreonenses en torno a espectáculos como la música, el arte de la tauromaquia, el deporte y diversas formas de expresión. Sin embargo, es mucho más.
Representa también una victoria de los habitantes, inversionistas y dirigentes de Torreón, quienes ansiaban contar con la presencia de una obra capaz de evocar con prestigio y magnificencia a toda la Comarca Lagunera en su primer siglo de existencia. Algo más impactante que una escultura religiosa o el nombre de un bulevar.
Presentada bajo el título de plaza de toros, el Coliseo Centenario traspasa ampliamente tal estima. En su extensa arena pueden alternar distintas manifestaciones no sólo del deporte, sino también de la cultura o celebraciones de carácter político o social. Con capacidad para casi diez mil espectadores, de inmediato fue comparada con la Monumental Plaza México, supuestamente la más grande y cómoda del mundo, pero que no cuenta con las innovaciones del recién estrenado recinto torreonense, cuya arquitectura combina armoniosamente los elementos característicos del Coliseo Romano original con las líneas agudas y desafiantes que preponderan en el diseño moderno.
El mero éxito con que se le cataloga y la aceptación profesada por los ciudadanos de la metrópoli coahuilense ya implica un reto para la puesta en marcha de la construcción del nuevo estadio que ha de abrir sus puertas al equipo de fútbol Santos Laguna. No obstante, las únicas puertas que se han abierto por el momento, fueron las del Coliseo del Centenario para su inauguración, a la cual asistieron autoridades, empresarios y políticos. Eso sí, ninguno de ellos tuvo la fortuna de ser el primero en dar la vuelta al ruedo. De ello se encargó el obispo de Torreón, José Guadalupe Galván, quién ofreció una misa y bendijo el albero y las instalaciones.
La ceremonia recordó aquella otra del 30 de enero de 2004, en la que también Guadalupe Galván bendijera el tristemente célebre Distribuidor Vial Revolución, en proceso de demolición a consecuencia de su mala ejecución, luego de que le costara la vida a dos personas. Los responsables —entre los que se manejaba el nombre del ex secretario de Obras Públicas, Jorge Viesca, recientemente exonerado— siguen sin recibir castigo.

DINEROS PÚBLICOS VS. DINEROS PRIVADOS


Ruinas.
Así quedaron los ciento veinte millones de pesos del DVR

Alguien puede juzgar prematuro establecer comparaciones, pero asimismo ha de tildar de temerario a quien, ante el esplendor del Coliseo del Centenario, pueda augurarle un futuro tan desastroso; al cotrario. Además, pende sobre ambas obras una enorme diferencia. Por el DVR respondía el estado —siempre a riesgo de coyunturas políticas, corrupción, desinterés o aprovechamiento de los recursos con fines personales—, por esta otra dan la cara Arturo Gilio Rodríguez, cabeza del proyecto, Ramón Iriarte Maisterrena y Arturo Gilio Hamdan. No hay secretos ni novedades que contar. Los resultados propuestos por la iniciativa privada siempre terminan superando a sus similares del gobierno. Y es que, como decía mi abuelo, lo que es de todos, no es de nadie, o mejor y más universal, al ojo del amo engorda al caballo.
No hay móviles electorales en el caso de Arturo Gilio y compañía. No le interesa ganarse la aceptación de la población ni le preocupa lo que otro partido, ajeno al suyo, le pueda o no criticar. Para él y sus socios importa que la obra se ejecute correctamente. Y emplea la expectativa económica  y social. Nada más. Y, ciertamente, nada más se necesita en tales casos.
Con el gusto que caracteriza el trabajo bien hecho y, quizás, por no limitarse la realización de este magno recinto a un proyecto más que anotarse en un currículum político o restringirlo a una promesa de campaña que ha de cumplirse sin importar la eficiencia con que se haga, simultáneamente a la inauguración se lanzó el primer número de la revista oficial Coliseo.
De factura impecable, completamente a color, ya anuncia en su portada, junto con la fachada de la obra que representa, la llegada, el próximo mes de marzo, del cantante Juan Gabriel. Prueba de la flexibilidad que presume muy acertadamente esta plaza. Con la visión de estar a la vanguardia en información de los eventos y actividades culturales y artísticas que se desarrollen en este centro de espectáculos mensualmente, aportando información de toda índole referente al desarrollo de los conciertos, corridas de toros, y todo aquel espectáculo que tenga que ver con el Coliseo, para que de esta manera los laguneros tengan y disfruten de una guía oficial muy completa, presenta el editorial de la propia revista.
En su edición primigenia incluye entrevistas a dos de los toreros que saldrían al ruedo el primer día, artículos referentes a la historia taurina, técnicas de este peligroso arte, biografías y hasta una síntesis de los atavíos que suelen emplearse, el llamado Traje de luces. Revista pensada para complacer el gusto de los amantes de la tauromaquia.
Aunque no hay duda de que el plato fuerte lo constituyeron las corridas de toros propiamente, ejecutadas de manera magistral por el navarro Pablo Hermoso de Mendoza, considerado el mejor rejoneador del mundo; Eulalio López “El Zotoluco” encarnando la figura mexicana; y el triunfador de la Plaza México, Ignacio Garibay. A propósito de la ocasión, el primer animal que salió al ruedo se llamaba, justamente, “Centenario”, de la ganadería de Bernardo de Quirós y, para satisfacción de los allí presentes, el primero de los toreros en “tocar pelo” haciéndose de una oreja fue el “zotoluco”.
Las puertas ya están abiertas y el público ha comenzado a hacer suyas las palabras de Arturo Gilio cuando les dijo: Siéntanse todos dueños de este lugar, pues fue construido para todos ustedes. ¿Quién sabe si el Coliseo del Centenario retará a su antecesor romano con quinientos años de espectáculos? Por el momento puede darse por satisfecho con representar los primeros cien de una ciudad que ha sabido crecerse y encontrar soluciones propias cada vez que otras no les satisfacen.
No sería Vespaciano, sino otro emperador, Tito, quien terminara la construcción de la obra original y el primero en disfrutar de su majestuosidad. Este 2008, afortunadamente, ha deparado una historia muy distinta. Quienes iniciaron la construcción del nuevo Coliseo la vieron finalizar, y no fue un soberano con ramas de olivo sino todo un pueblo quien se regocijara con su evento iniciático justo cuando parecía que el aniversario a honrar sería coronado con otra corona, pero de espinas. Del futuro que se avecina, con el orgullo premiado, la multiplicación de ingresos económicos, mayor afluencia de turistas nacionales y extranjeros, el consecuente auge del comercio a pequeña y mediana escala, más la posibilidad de sumar otras alternativas de entretenimiento, todos se alegrarán, claro… con excepción de los toros. E4

 
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