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12 de febrero de 2008


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Praxis evolutiva
Alejandro Esparza Farias y Espinosa

La ciltura es una dimensión de la sociedad por
la que ésta se expresa o se muestra a sí misma
en forma de rasgos distintivos, de sistema
de diferencias o de singularidades formales

¿Cuál es la cadena que ata finalmente al artista a su proceso de creación, si no es un mismo eslabón perdido buscado por cada uno? Esta podría considerarse una reflexión Baudelaireana, constante, cierta, aunque tal vez ingenua. Pero si hemos de ser honestos, la cualidad en la creación determina poco a poco las características de la calidad. En el procedimiento en el que se disciernen ciertos aspectos estructurales del contenido, el artista va configurando de lleno, toda una gama de elementos que le son afines a su propósito final. Estos elementos forman en sí mismos las herramientas ideológicas y abstractas —intangibles, en el lenguaje contemporáneo—, que enriquecen su concepto, al cual adaptará durante un tiempo determinado, un sinnúmero de ideas, abstracciones, figuraciones y hasta alucinaciones, encaminadas a dejarse llevar por la inspiración creadora, que sólo entonces aplicará en todas estas herramientas, convertidas ahora en materia prima, viva y plena, las cualidades de sus instrumentales para lograr completar el volumen y la forma, la perspectiva, el núcleo del contenido, y la idea de su ejemplar de creación que pasó milagrosamente al mundo de lo tangible.
Lo anteriormente citado obedece no sólo a cierto orden disciplinario de la posterior manifestación estética, sino que pone como ejemplo, en una generalidad muy propia, lo que en sí intenta sintetizar el fenómeno del proceso de la creación. Esto, va encaminado a considerar que en la praxis evolutiva, se requiere contar concientemente con la participación de varios sectores del panorama artístico, en el cual se van viendo involucrados; artistas, promotores, instituciones gubernamentales y privadas, periodistas, medios informativos impresos y masivos, críticos, teóricos, impresores, espacios, tecnología, y un gran etcétera que culminará con la parte fundamental de todo el propósito de creación: el espectador. Ningún arte, por más seco y superficial que esto suene, existe sin público.
Gilberto Giménez Montiel, en su libro Teoría y Análisis de la Cultura, (Conaculta-Icocult, 2005), define en su capítulo cinco, “Identidad y Memoria Colectiva”, lo siguiente: Como hemos señalado, una de las funciones de las representaciones sociales se relaciona con la identidad. En efecto, las representaciones sociales también implican la representación de sí mismo y de los grupos de pertenencia que definen la dimensión social de la identidad. Por lo demás, los procesos simbólicos comportan, como hemos visto, una lógica de distinciones, oposiciones y diferencias, uno de cuyos mayores efectos es precisamente la constitución de identidades y alteridades (u otredades) sociales. Visto de tal manera, debemos subrayar la necesidad de que exista entonces el arte, como un ente o fenómeno identificador de —y hacia— la sociedad, de la cual emanará el espectador, al formar éste también, parte del arte. Ello aparenta ser siempre muy lógico y sencillo, sin embargo, se debe poner interés especial en la formación de públicos, para que ellos, al mismo tiempo de que las exigencias de perfeccionamiento hacia los creadores, van generando nuevas expresiones y experiencias de excelsitud en la representación genuina del arte, conformen no solamente lo que Robert Fossaert define como redes de sociabilidad, sino como Núcleos de Identidad Total. Para que esto sea posible, será necesario especificar entonces que debe plantearse al arte cual una realidad. Una gran realidad que involucra a la sociedad y que se involucra en ella, ya sea pues desde su propia historia, su antropología, su devenir sacro, racial, político, cultural, legal, salubre, sexual, psicológico y finalmente, siempre en búsqueda de una identidad compartida, para lograr lo que Greimas define a la hora de relacionar a la cultura con la sociedad: La cultura no es más que la sociedad misma considerada como significación. Esto refiere entonces que la cultura puede ser también según el parecer de Giménez Montiel, una dimensión de la sociedad por la que ésta se expresa o se muestra a sí misma en forma de rasgos distintivos, de sistema de diferencias o de singularidades formales.
Antropológicamente, la relación actualizada de todo lo anteriormente expuesto, nos va a plantear  una estructura básica de elementos configurativos respecto a la definición del sentido claro del arte, la cultura y la sociedad. Pero más importante que esto, nos va a plantear la justificación de su existencia, con respecto a su función y praxis. Así pues, entenderemos por factores todo aquello que construye, delimita, propone, dispone, crea y organiza lo relacionado a la cultura, enfocado desde diversas perspectivas; la creación, la promoción y la expectación. Para que ello nos resulte interesante podemos comenzar a discernir sobre lo oportuno que es exponer nuevamente la pregunta con que inició el presente artículo: ¿cuál es la cadena que ata finalmente al artista a su proceso de creación, si no es un mismo eslabón perdido buscado por cada uno?
Como sustancia vital de las representaciones sociales, tenemos que señalar los procesos de promoción y difusión del objeto-artista hacia el gran ente, el espectador-sociedad, encaminados a exaltar todo fenómeno de una manera clara y concisa. Pero además, habremos de incluir el uso de las actualizaciones teóricas y de la tecnología, como parte de una estructura esencial que nutre desde la ejecución, y desde hace décadas, a la humanidad. De esta última no es posible desprenderse, más que para el conocimiento pleno y la comprensión de la evolución humana. Dentro de esta evolución, habrá que entender también sus procesos de conducta y desarrollo, así como idiosincrasia, tomando en cuenta que el arte y la cultura, tienden a realizar la tarea de Google Earth, al situar al mundo en medio de un gran espejo caleidoscópico desde el cual se desprenden las más amplias gamas de representación de éste y de su entorno, valorando incluso, el hecho de que ya no estamos solos en el universo. Ello confiere responsabilidades y compromisos irreductibles, los cuales no inciden a la hora de hablar de actualizaciones, sino que acrecientan la gran praxis evolutiva.

 
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