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A la altura de sus novelas, las cartas del gran escritor checo esperan por develar sus múltiples secretos
FRANZ KAFKA:
CHERCHEZ LE FEMME
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Rafael de Águila |
El autor de "La metamorfosis" quizás no fue tan poco estimado
como elucubran algunos biógrafos. Sus relaciones con Felice
Bauer, Gertre Weil, Grete Bloch, Julie Woricek, Milena Jesenká
o Dora Dymant sugieren lo contrario. La respuesta ha de ser
entrasacada de sus propias obras

Franz Kafka (como Ludwig van Beethoven y Vincent van Gogh) no se casó nunca. A todos les unen algunos otros nexos; el arte, severos conflictos existenciales, angustias, soledades. Sin embargo, si bien Ludwig van Beethoven y Vincent van Gogh fueron desdichados en materia de aceptación femenina, en especial éste último, ello no puede afirmarse en el caso de FK. FK no fue despreciado por el sexo femenino. No fue rechazado como LVB o VVG. (1) No podría, incluso, inferirse que no fuera amado; los hechos más bien parecen demostrar lo opuesto. Pese a la historia de compromisos hechos, rehechos y desechos con Felice Bauer, a la tercera de sus rupturas, esta vez con Julie Wohricek, FK no se decidió jamás a hacer con el género lo que Soren Kierkeegard hiciera con su Regine Olson; lector y ferviente admirador de Kierkeegard, parece seguir su derrotero al desechar a Felice pero las reincidencias posteriores le desvían del camino del filósofo de la angustia. Los que se han extendido (y se extienden) sobre las angustias y leitmotiv kafkianos suelen hablar no poco del padre. Los hechos, no obstante, hacen presumir que la vida (y la obra) de FK estuvo dramáticamente signada por mujeres: Felice Bauer, Grete Bloch, Julie Wohricek, Milena Jesenká, Dora Dimant. Al menos se advierte la importancia de tres de ellas: Felice Bauer, Milena Jesenká y Dora Dymant. Algunos han llegado a ver el vínculo de Kafka con cada mujer como un intento de solución a sus cuitas con el padre. Una salida a lo edípico (los siquiatras españoles Pilar Zapatero y Castaño López aducen Complejo de Cronos, de Edipo, de Castración) materializada en la búsqueda de una vida en familia lejos del poder paterno, idea esa que no carece de fundamento.
Recreemos el currículo de affaire Kafkianos: 1912 / 1914: encuentro con Felice Bauer, compromiso, ruptura con ella; viaje a Riva; idilio de diez días con la suiza Gertre Weil; al retorno Felice Bauer envía a Grete Bloch como mediadora, comienzo del idilio con la enviada; 1917: tuberculosis y ruptura definitiva con Felice Bauer; 1919: compromiso con Julie Woricek; 1920/22: apasionada correspondencia con Milena Jesenká; 1923: encuentro con Dora Dymant. A escasos meses del fin de su vida se muda con ella a Berlín.
Entre los tantísimos aspectos que caracterizan el desconcertante mundo del genio praguense causa estupor el enorme fervor por la letra escrita. En Kafka la relación epistolar parece estar llamada a sustituir (o constituir un sucedáneo) de las (para él) peligrosas relaciones personales. La vida de Kafka, hombre oralmente silencioso, está henchida de cartas, millares de cartas, gran parte de su relación con su eterno amigo Max Brod se levanta sobre ellas; si se decide a presentar batalla al padre le escribe una enorme misiva de cien páginas, propone matrimonio a Felice y redacta una carta de cuarenta páginas, escribe interminablemente a las mujeres de turno, a menudo varias veces por día. Con algunas de ellas cunde el absurdo; la propia relación se sostiene y se estructura desde esas cartas. Tal es el caso de Felice Bauer y Milena Jasenká, mujeres con las que los contactos físicos del escritor fueron breves, escasos, problemáticos. En 1912, poco antes de conocer a Felice, Kafka escribió a M. Brod: si a las muchachas se las pudiera atar con las letras. Eso parece intentar. Aunque por instantes (y no son pocos) más bien parece pretender alejarlas. Una muy intensa relación epistolar lleva a las féminas a aguardar años, a soportar estoicamente rupturas, desconciertos y enormes contradicciones (como Felice), a traicionar amigas (como Grete), a ansiar encuentros personales a los que el escritor se niega o ante los cuales siempre acumula uno y otro obstáculo (como resultó con Milena). Las cartas que Kafka enviara a dos de esas mujeres fueron suficientes para conformar dos intensos volúmenes epistolares; “Cartas a Felice”, y la más famosa, “Cartas a Milena”, algunos de cuyos textos se citan entre la correspondencia de amor más célebre de la historia.
Escribir es colocar la bandera de Robinson en el punto más alto de la isla, confesaría en su diario. Kafka, a juzgar por esta afirmación, es un náufrago que anhela ser salvado, mas caso sin precedentes; se acerca el salvador y el náufrago se amuralla en su isla, pretende que el salvador quede al pairo, apenas a unas millas ahí delante, cuando lo sabe allí respira profundo, y... comienza a enviarle cartas, tantas que la magnitud de esa correspondencia genera el mayor de los asombros. Este hombre que escribió multitud de relatos y tres novelas, que solía llevar libretas de apuntes y un meticuloso diario, al que el trabajo diurno obligaba a escribir noche y madrugada, invirtió un enorme caudal del tiempo de su corta vida en… escribir cartas. Y en la apoteosis de esas cartas las mujeres, según parece, llegaron a amarlo. Felice, inmune a una muy extraña modalidad de sadomasoquismo gráfico, resiste cinco años de correspondencia, (2) cartas que al calor de incomprensibles contradicciones habrían logrado desanimar a cualquiera, Felice, en cambio, resiste, parece invulnerable a todo, hasta al intento de investigar el buen nombre de su familia, aún en 1916 le alcanza la ternura para hacer feliz al escritor por diez días a Marienbad; felicidad de la que ni tan siquiera Kafka, experto en pormenorizadas autoindagaciones, logra desentrañar las causas. Por su parte Grete Bloch, empeñada en su misión de rescatar a Kafka para Felice, no duda en traicionarla, fluyen ahora hacia ella las cartas, más apasionada y alegre que Felice, sufre asistiendo al compromiso del escritor con la confiada amiga. Julie Wohricek se compromete con Kafka, van a casarse, el padre de Franz se opone, aduce para ello la baja extracción social de Julie (el padre de Julie es zapatero; ella misma tendrá más tarde éxito fabricando sombreros), Franz pierde el piso donde presuntamente vivirían, el compromiso queda en suspense; no pueden casarse sin un sitio donde vivir. La emprende entonces con la famosa y multicitada carta al padre. Y es el momento de Milena; la industriosa Milena, la madre Milena, como el mismo, pese a los escasos veinticuatro años de la muchacha, la llamara. Según parece con Milena fueron apenas tres los encuentros; unos cuatro días en Viena, un fin de semana en Gmund, poblado cercano a la frontera checo austriaca y un breve contacto en Praga. Milena es fuego puro, escribiría a Brod. La muchacha se niega a abandonar al marido, Franz le exige que no le escriba más, se niega a verla, pide encarecidamente a Brod que le advierta en el caso de que viaje Milena a Praga o a los Tatra para huir de esos sitios. (3) Tiene por delante unos meses de vida cuando encuentra a la veinteañera Dora Dymant en el Báltico. A juzgar por las fotos la judía polaca es bella, una belleza tierna y dulce, no la belleza enigmática de Milena, o el rostro franco y simple de Felice. Con Dora se eclipsa toda la historia anterior de dudas, posposiciones y obstáculos; muy pronto se muda con ella a Berlín, Kafka vive al fin solo con una mujer, no tienen dinero pero parecen felices, sueñan con viajar a Palestina, estudian yiddish, leen a Goethe, a Kleits, historias de Grimm y Andersen, hacen planes, pero la enfermedad de Kafka se agrava y Dora deviene ferviente enfermera. Ya en los últimos momentos, en intento sublime, Franz escribe al padre de Dora; la pide en matrimonio, el padre se niega. La bandera ha estado todo el tiempo en el punto más alto de la isla. Se arría apenas tras aquellos minutos fatales en Kierling. Sólo a un salvador se le ha permitido acercarse, un salvador que pese a todo no alcanza a salvarlo. Ludwig van Beethoven y Vincent van Gogh izaron sus banderas y quedaron abandonados. A FK no le faltaron salvadores.
Kafka escribe a quienes contemplan desde lejos el ondear de la maltrecha bandera, mas… en ocasiones semeja un hombre que escribe a sí mismo; un hombre que escribe con la tenue esperanza de ser salvado y la fatídica sensación de que no lo será nunca. Entre todas las mujeres fue Dora el destinatario menos beneficiado, fue ella a la que menos escribió. Pudiera decirse: puesto que Dora vive junto a él no era preciso escribirle, pero las cartas de Kafka a Brod están llenas de alusiones a Felice Bauer y Milena Jasenká; polémica, juicios, rechazo, pasión, temor, enormes contradicciones, sentimientos que aúllan a bordo de frases llenas de pesimismo o, en ocasiones, extraño fervor. Nada de eso parece haber ocurrido con Dora. Se le menciona simplemente, son alusiones llenas de calma, escuetas, llanas, y pronto pasa la judía polaca asomarse a las cartas con una simple D. (4) A menudo completa ella misma las cartas del enfermo con una ingenuidad y belleza que seducen, al firmar las cartas de un cada vez más débil Franz también lo hace con la primera letra de su nombre: D. (5) Si Kafka se despide de Brod llamándole: mi buen Max, reincide ella en esa despedida. Kafka ya no escribe cartas a una mujer; ahora, junto a esa mujer, escribe las cartas. Dora Dymant fue, a la vera de Kafka, lo que Felice Bauer a la lejanía. Refiriéndose a las cartas de Milena, el artista escribió: los besos enviados por carta ya no bastan, se los beben los fantasmas, con Dora cartas y fantasmas quedan bye, un misterio todo cuanto sucediera con los besos.
Elías Canetti se extiende sobre el impacto de la relación con Felice en la obra de Kafka, la trascendencia del intercambio epistolar, especialmente en dos momentos; el último cuatrimestre del año 1912, fecha en que se escribe “La Condena”, “Metamorfosis”, los primeros capítulos de “América” y, más tarde, en 1914, poco menos de un mes después de la ruptura con Felice en Berlín, (6) momento en que inicia “El proceso.”, y casi sin respirar, la emprende con “En la Colonia Penitenciaria.”. En “La Condena”, dedicada a F.B, y escrita la noche del 22 al 23 de septiembre, dos días después de haber enviado a la muchacha la primera carta, se mueven cuatro personajes cuyos correlatos no pueden ser más precisos: el padre, un amigo del hijo, el hijo y su prometida; personaje este último para el que se ha elegido el nombre de Frieda Brandefeld. FB. No se trata de la única irrupción de tales siglas. En “El proceso”, el personaje femenino de mayor impacto (al que Josef K. besa en los capítulos iniciales y que apenas se deja ver en el capítulo final, momentos antes de la ejecución) nace a los ojos del lector como Fraulein Burtnsner, otra vez esas dos letras, conocida la reincidencia de Kafka en el uso de iniciales se queda en libertad de establecer las inferencias. Canetti, no obstante, sugiere que las siglas FB en esa novela no responden a Felice Bauer sino a la letra inicial del apellido de Grete (Bloch), coincidente también con la B del texto; Fraulein Burtnsner bien podría ser Fraulein Bloch. La tesis no deja de tener fundamento; por la fecha en que Kafka escribía “El Proceso” las relaciones con Felice Bauer eran problemáticas, con Grete Bloch, en cambio, florecía una correspondencia vital y hasta alegre; GB era una gruta de salida a su compromiso con FB. Por otro lado resulta sintomático que uno de los capítulos de esa obra tome por nombre precisamente: “La amiga de F. Burtsner” y que a “la amiga” en cuestión no se le dote de una descripción positiva. Una FB, presunta salvadora en el momento de la ejecución de Josef K., parece, siempre de acuerdo a las tesis de Canetti, acercarse más a una Fraulein Bloch que a una Fraulein Bauer. “El proceso”, bien se sabe, no es una obra concluida. Según Brod, Kafka la abandonó al variar las condiciones que rodeaban su vida. (7) ¿Eran esas condiciones el fin con Felice Bauer? Muchos se han extendido acerca de las complejas y variadas interpretaciones de esa obra; las tesis de Canetti, sin embargo, no carecen de fundamento. De no andar erradas ello no supondría en modo alguno la negación de las complejidades del extraño mundo kafkiano; la intensa y misteriosa madeja que se cierne sobre Josef K. (madeja que aún más intensa y misteriosa se cernía sobre FK) siempre resultará un enigma.
Un intento reduccionista sobre la novelística kafkiana podría clasificar “América” como la huída, “El proceso” como la culpa y “El castillo” como la fallida búsqueda de la anhelada solución. Si Canetti vincula el misterio de “El Proceso” y aun la “Metamorfosis” a Felice Bauer, ¿cabría vincular las últimas creaciones del genio de Praga a Dora? Tomemos, por ejemplo, “Josefina la cantora o el pueblo de los ratones”, esa última y magistral narración de aquel hombre ya seriamente invadido por el bacilo de Koch. (8) Si en la “Metamorfosis” Gregorio Samsa, devenido asqueroso bicharraco, despierta en mitad de su propia habitación, la familia acechando más allá de la puerta, en “Josefina...” el personaje central (presunto alter ego del artista) se mueve en el entorno de sus congéneres como un igual, rata entre ratas, cierto, Josefina no es una rata cualquiera, se distingue de sus peludos compañeros por sus peculiares (e imprecisas) habilidades para el canto. Gregorio es despreciado, inspira asco, temor; Josefina es consentida, puede que no comprendida pero de alguna manera admirada. Gregorio y Josefina resultan típicos outsider kafkianos, mas no quedan dudas; la exclusión del primero es más enfática. Si Gregorio parece representar la tragedia en una connotación privada y personal, Josefina parece llevarnos de la mano a la tragedia universal. Una dramática tournée de la tragedia de la persona a la tragedia del género. ¿Semejante hipótesis, de ser cierta, se sostendría sobre los efectos de la relación con Dora? (9) Supongamos que Kafka hubiera logrado prorrogar la batalla contra el sádico bacilo, que fructificara la relación con Dora, cabe preguntarse: ¿qué impacto habría representado la joven polaca en la obra de Franz Kafka? Si “El Castillo” fue la fallida búsqueda de una solución, ¿habría el checo bosquejado la solución en una cuarta novela? Las interrogantes se hunden en el peligroso terreno de la virtualidad.
Canetti (que ha sometido a agudo análisis las cartas a Felice) no se extiende a las posibles influencias de Julie Wohricek o Milena en la obra kafkiana. (10) Dado el impacto de esta última sobre el escritor y la escasa importancia que parece otorgarle el propio Kafka a la primera, Milena podría ser considerada una candidata de mayor fuerza que Felice en el juego de las influencias. Pero Milena no es ser que pueda quedar tranquilamente al pairo, gozar de la calma chicha frente a la colina donde ondee la bandera de Robinson. Ya lo ha escrito Franz, ella es puro fuego. Si no llegan cartas suyas el escritor se debate en la más terrible ansiedad, si llegan… la ansiedad no es menos agobiante. Adolescente que no duda en robar dinero al Dr Jesenský, su padre, en posar desnuda para pintores, en casarse con un judío sin importarle el antisemitismo paterno, más tarde traductora, editora, periodista por la fuerza de su empuje, drogadicta, bisexual, comunista que levanta su opinión sobre los dictados del Partido, (11) activista de la resistencia tras la ocupación nazi de Praga, respetada por todos en el campo de concentración de Ravensbruck, el fuego arde en ella; el juicio de Franz Kafka demuestra ser justo. Mas si de influencias se trata la ecuánime y racional Felice parece haber significado más.
Cualquiera resulten las interpretaciones de la obra kafkiana (teológicas, sociológicas, biográficas o sicoanalíticas) el misterio no cesa; la vida y la obra de Kafka continuarán atizando el interés y el asombro de millones de humanos. Apenas cuarenta años de angustiosa vida le bastaron para trascender a lo universal. Tres novelas inconclusas (los entendidos discuten aún el orden de los capítulos) llenaron el siglo XX (sin dudas continuarán llenando también los venideros) y sembraron vastísimas influencias. Una vida enigmática, diarios, apuntes y cartas no menos enigmáticos escoltan un grupo de relatos de magistral factura y aún mayor enigma. Sobre las mujeres que lo rodearon se regodeó la fatalidad; las tres hermanas mueren en un campo de concentración nazi, idéntica suerte corren Grete y Milena. (12) Dora morirá tan pobre en Londres que no alcanzará el dinero para que su hija Franzcisca (femenino de Franz para el hijo que no logró tener con Kafka) coloque una lápida sobre la tumba. (13) Años después la propia Franzcisca, sin un centavo y síquicamente alienada, se dejará morir literalmente de hambre en la misma ciudad. Felice, la muchacha de rostro franco y sereno que Kafka encontrara un 13 de agosto de 1912 en casa de Max Brod, emigró a los Estados Unidos, toda la vida guardó las cartas del que un día fuera su prometido, en 1955, restándole ya poco tiempo de vida, las vendió a un editor con la condición de que fueran publicadas en fecha posterior a su fallecimiento. Hasta ese instante fue sólo dos siglas en la vida de Kafka: FB. Ahí están todas esas mujeres. Entre todas ellas prefiero la imagen de Dora Dymant, Dora, enviada a última hora al correo en Kierling para evitarle el dolor de presenciar la agonía final del escritor, un tuberculoso que con la muerte sentada ya a la cama, desea ver por vez postrera a la muchacha, tenerla allí, a un lado, mano de mujer sobre pálida frente de tísico, se busca a Dora que retorna agitada, trae flores, las ha comprado, Kafka sonríe, pide que le sostengan, se incorpora, quiere oler las flores, lo hace, la enfermera de turno ignora de dónde logra sacar fuerzas aquel moribundo. Sólo quien ha conocido a Dora sabe cuan grande fue su amor, escribió más tarde Klopstopck, que veló al otro lado del lecho en Kierling.
Hermana, amante o amiga, Dora Dymant será la imagen más sagrada en la vida de ese hombre atormentado y genial (demasiado sabio para vivir y demasiado débil para luchar) (14) que, desde la exaltada redención de la eternidad, responderá día a día, siglo a siglo, al nombre de Franz Kafka.
NOTAS:
1. En Carta a Brod, Kafka se refiere a: ...lo femenino, magnífico y espantoso. M. Brod escribiría más tarde: Kafka atraía a las mujeres, él se resistía a creerlo pero las atraía.
2. El volumen de cartas asciende a la abrumadora cifra de setecientas cincuenta páginas.
3. Uno de los más recientes biógrafos de Kafka, Reiner Stach, aventura que la relación Kafka / Milena poseía condiciones para fructificar. Merece respeto el prolijo trabajo de Stach, pero el juicio parece infundadamente optimista.
4. 8/8/23, carta a M. Brod: Fui al teatro con 3 judías del Este parece ser la primera alusión a Dora. El 28/9: "Dora estaba aquí." El 24 / 10 alude a un conocido de D. 3 días después: comí con D. en la ciudad. Según Canetti durante todo ese tiempo es E., o sea, Emmy, la amante de Max Brod, mención continua en las cartas al amigo.
5. En carta a Max Brod del 20/4/1924 Dora escribe: Por favor, envía el dinero a la dirección del Sanatorio. Cariñosamente, D. Tanto ha influido la manía kafkiana de las siglas en la muchacha que el 20/5/1924 señala en carta a Brod la existencia de una factura de A. de la Librería Pr.
6. A este encuentro en el Hotel “Arkanischer Hof” el 12 de julio de 1914 Kafka, que asiste acompañado del poeta Ernest Weiss, le llamó: “El tribunal.” Canetti sostiene que “El proceso” tiene un marcado punto de contacto con este acontecimiento. "El otro Proceso de Frank Kafka". Canetti, Elías.
7. En “América”, novela también abandonada por Kafka, el joven Karl Rossman, recién llegado a New York, pierde su baúl, lo ha dejado al cuidado de alguien llamado Franz Butterbaum. FB. Otra vez esas dos letras. Quizá la novelística estaba tan firmemente atada a las angustias situacionales que al desaparecer ciertos detalles de esas angustias, las novelas, que obligatoriamente se prolongan en el tiempo, corrían idéntica suerte.
8. Llama la atención en esta última obra la inversión del género en el nombre del protagonista de “El Proceso”; ya no es Josef, ahora es Josefina. Por otra parte Kafka confiesa en carta a Max Bord su temor intenso a los ratones.
9. A Kafka se le ha señalado como enemigo de todo Poder. Canetti identifica su punto central como el miedo a la supremacía del prójimo. O la cercanía de la muerte debilitó esos temores o ciertas excepcionalidades en Dora tuvieron ese efecto. Para mayor asombro, Yehuda Koren en "The Guardian" (7 de agosto de 1999) cita declaraciones de Dora acerca de que era la alegría una constante en Kafka, más aún, asegura que las depresiones no eran una característica dominante en su vida.
10. El legado de Grete Bloch resulta de otro orden; una carta suya fechada en 1940 se extiende sobre un hijo fallecido a los siete años. La carta fue entregada por el destinatario a Max Brod. El niño, se presume, fue fruto de la relación Kafka/Grete.
11. De interés el hecho que tanto Dora Dymant como Milena Jesenká profesaron ideas comunistas o en algún momento de sus vidas militaron en ese Partido.
12. En 1995 Milena fue condecorada post mortem en Yad Vashem, Jerusalén, por sus esfuerzos en función de poner a salvo a hebreos de la persecución nazi.
13. La tumba de Dora Dymant, fallecida el 15 de agosto de 1952, se consideró perdida por mucho tiempo. En agosto de 1999 familiares de Dora, residentes en Israel, localizaron el sitio en un cementerio londinense y colocaron una lápida. En ella se grabó la sentencia de Klopstock sobre la entereza de su amor.
14. Obituario de Milena Jesenká a la muerte de Kafka. 
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