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Anaya representa la vuelta al centralismo, el desgobierno
y el gasolinazo, entre otros males: Rubén
Las coaliciones múltiples
obligarían
al PRI a ceder
altos porcentajes de votos(PRIMERA PARTE)
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Gerardo Hernández G.
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El presidente del PRI evalúa las condiciones políticas del estado,
a la luz de las elecciones del 19 de octubre; más que treinta y un
diputaciones se juega un proyecto social que vela por el interés
de todos los coahuilenses, advierte

Rubén Moreira.
Dar cuartel al PAN
es ceder la plaza |
El control político del estado lo tiene Humberto Moreira, el PAN lo sabe. Lo sabe también Guillermo Anaya —“personificación del viejo centralismo”—, quien utiliza su compadrazgo e influencia con el presidente Calderón para operar políticamente desde las delegaciones federales con miembros de su clan sin experiencia en el servicio público. Sin embargo, advierte el presidente del PRI, Rubén Moreira, el senador tiene estigmas personales y partidistas que le perseguirán toda la vida, como el gasolinazo y el centralismo.
Para el hermano del gobernador, las elecciones del 19 de octubre no sólo pondrán en juego la mayoría del Congreso, sino un proyecto social que defiende la educación pública, los derechos de todas las personas y los presupuestos para los más desprotegidos. Por la trascendencia de la elección, y ante la posibilidad de aliarse con otros partidos, previene:
Una coalición múltiple sería electoralmente suicida, pues el PRI tendría que ceder porcentajes de su votación, prerrogativas y tiempos en radio y televisión, lo que jugaría en contra del partido y de sus candidatos en comicios ulteriores. Además los priístas, con justicia, me pedirían cuentas personales. La cuestión es compleja, firmar una coalición en esos términos sería una falta de responsabilidad con mi partido que el tiempo le cobraría.
Pero como el PRI necesita que el voto social no se disperse, la solución que plantea es la formación de coaliciones en municipios específicos y con un solo partido, así como candidaturas comunes que no afectan los porcentajes de votación ni los presupuestos de las organizaciones que también postulen a los pretendientes del Revolucionario Institucional.
Moreira prevé unas elecciones poco participativas y una tendencia en Coahuila hacia el bipartidismo PRI-PAN, por efectos de las reformas electorales estatal y federal. Sostiene con argumentos —organización, método, trabajo y compromiso social de su partido— las perspectivas favorables para su formación política en los comicios de octubre, frente a un PAN errático y lastrado por Fox, los desatinos del gobierno federal y la injerencia del presidente Calderón en elecciones locales, denunciada por líderes de su propio partido.
Críptico en algunas respuestas, Moreira, el hombre ubicuo, el “burócrata callado” por el que hasta hace poco nadie daba tres cacahuates y que ahora figura en columnas políticas como futuro candidato al gobierno del estado, el líder que le devolvió al PRI ánimo y combatividad, el hermano —¿cómodo?, ¿incómodo?— del gobernador, prometió que su partido dejaría de ponerle al PAN la otra mejilla y lo ha cumplido. Acaso en exceso.
Sin embargo, arguye: si al PAN y al gobierno de Calderón les das cuartel, te toman la plaza, pues Acción Nacional no tiene palabra. Por último, en esta parte de la entrevista, profetiza:
Si el PRI o el PRD ganan la mayoría en la Cámara de Diputados en 2009, políticamente el sexenio de Calderón será sólo de tres… ese día se acaba. El país sería gobernado entonces por el líder de la fracción que controle el Congreso.
Las elecciones intermedias son plebiscitarias. Más allá del discurso, ¿cómo vislumbra las del 19 de octubre?, ¿cuáles son las perspectivas reales de su partido?
Me gustaría que fueran participativas, pero no las veo así porque los topes de campaña y el ánimo social, en una elección sólo de diputados, no atraen tanto al elector, lo cual es una lástima pues de lo que se trata es de que la gente vote. La perspectiva del PRI es ganar —nadie sale a perder—, porque somos el partido con mayor aceptación en la comunidad, estructura en los veinte distritos y trabajo para triunfar en todos. Ante esto sale un argumento perverso, porque falta a la verdad: el vulgarmente llamado “carro completo”. Jamás un partido tendrá la totalidad del Congreso, pues los votos de las demás fracciones serán representados en los diputados que ostentan esa denominación. Si un partido compite en un distrito lo hace para ganar, y no hay forma de que otro impida ese deseo, excepto con malas prácticas o lo que antes eran “concertacesiones”. Ni una cosa ni otra pueden suceder en la democracia.
El diputado Jesús de León emplazó al presidente de su partido a trabajar de tiempo completo o renunciar. Además, advierte que el PRI contará con recursos y personal del gobierno para ganar las elecciones, aunque el PAN también es gobierno; en su caso, federal.
Cómo se maneja la dirigencia de ese partido es asunto que sólo a ellos compete, no tengo derecho a opinar sobre su desempeño al interior. Sin embargo, el PAN está alejado de los problemas de la comunidad y hoy confronta su discurso con la realidad de ser gobierno. Antes, para el PAN, era sencillo criticar a diario las acciones del gobierno pues no tenía una responsabilidad que se le pudiera cuestionar. El diputado olvida que ellos ocupan la Presidencia, y que desde esa posición actúan no solamente en el estado, sino en todo el país. De León es deshonesto cuando evade los señalamientos de Manuel Espino al gobierno de Felipe Calderón. Específicamente, acusó a Juan Camilo Mouriño de realizar prácticas indebidas en la elección de Yucatán. Eso, para empezar, debió aclararlo Acción Nacional. El diputado panista Nordhausen, de Campeche, ha sido muy insistente en cómo la Federación interviene en los estados, y eso tampoco se aclara. De León hace declaraciones electoreras para calentar el ambiente, pero carece de fundamento. Sus argumentos son parciales porque, hasta hoy, quien ha intervenido en elecciones estatales es la Presidencia de la República, a decir de Manuel Espino, y los abogados dicen que a confesión de parte, relevo de prueba. La prueba es que el ex presidente del partido asegura que Calderón interviene.
La estrategia del presidente del PAN, Germán Martínez, para retener la Presidencia en 2012, es ganar el Congreso federal y los estados. En particular los del norte. ¿Qué reacciones espera el PRI de Coahuila en este sentido?
De las declaraciones del dirigente del PAN y de la situación nacional se desprenden dos cosas: 1) es un duro golpe al discurso que algunos panistas locales tienen en relación con los gobiernos priístas, pues ajeno a cualquier pudor, Martínez dice “vamos por el poder de la mano del presidente de la República”, y hace una evidente demostración de la cercanía con Calderón. Dudo que alguien cuerdo y honesto niegue que el presidente puso a Germán Martínez, al secretario del partido y a los más importantes miembros del CEN. Y 2) vemos un PAN muy pragmático, ajeno al pensamiento de Gómez Morín en el sentido de que la lucha de su partido “era una brega de eternidades”. La idea de ellos es mantener el poder y adquirir más. Despojados ya de sus principios fundacionales, muestran su verdadera cara: desde la cercanía del partido con el gobierno, que hasta hace poco le criticaban al PRI, hasta el hecho de que operadores de la Presidencia y el PAN se mezclen para tratar de ganar elecciones. Sin embargo, el peor enemigo de un político es el exceso de confianza. Hay que trabajar arduamente. Mi pronóstico es que las elecciones van a seguir la tendencia nacional, porque el gobierno panista no ha podido hacer clic con las necesidades de la gente, porque el gobierno de Fox les pesa todavía, por las disputas internas del PAN, porque la economía no va a marchar bien este año, porque ellos son los responsables del país y porque ahora no tienen a nadie a quien culpar de los problemas. En todo caso, tendrían que culparse ellos mismos.
¿Considera pues que el PAN ya empezó a buscar culpables por una eventual derrota el 19 de octubre?
Ante la imposibilidad de ganar una discusión, un recurso de la ultraderecha es tratar de empatarla y para eso recurre a la confusión y al uso de los rumores y de la mentira. Como al PAN lo dirige una minoría, quienes lo encabezan se convierten en maestros del complot. Bajo esa lógica, ya empiezan a generar la idea de que las elecciones de diputados no les interesan y que si pierden no tendrá la menor importancia, que buscarán otras más atractivas. Mienten, el Congreso local les interesa mucho, pero como están viendo que las cosas no les favorecen, hay que buscar argumentos. La misma Presidencia, cuando se viene el vendaval del gasolinazo, en forma poco responsable lanzó comerciales culpando a alguien indefinido. Ellos querían la reforma fiscal, pero no son capaces de soportar el peso político de la decisión. Buscar culpables es una práctica de la ultraderecha, del PAN, pero son gobierno y deben afrontar los costos.
¿Qué representa para el PRI y para el gobierno ganar el Congreso?
La continuidad de un programa de desarrollo social. Significa que podamos aglutinar los votos que representan a los liberales del estado, los derechos sociales, los intereses nacionalistas, porque es evidente que en Coahuila chocan dos formas distintas de hacer las cosas. No sólo la lucha del PRI y el PAN, o del gobierno de Humberto Moreira con algunos grupos, no, es la lucha de dos programas sociales. El PRI quiere ganar las elecciones para que este proyecto continúe, de lo contrario se verá en peligro. Por eso convocamos a todas las fuerzas a que se unan al proyecto social que defiende la educación pública, los derechos de todas las personas, los presupuestos para los más desprotegidos. El 19 de octubre no sólo significa la elección de veinte diputados —o de treinta y uno, incluidos los de representación proporcional—, está en juego un proyecto social.
En una entrevista anterior adelantó que el PRI dejaría de poner la otra mejilla, pero ¿no se le ha pasado la mano, al grado de polarizar posturas con algunos sectores?
Jamás he actuado contra las personas que simpatizan con el proyecto social y con el PRI, pero sí he sido firme con quienes propician una corriente contraria y en relación a las declaraciones de otros partidos. Sí hay que polarizar las posiciones y definirlas bien, pues de lo contrario el elector puede llegar a confundirse. Y el PAN, por su misma situación, trata de confundir. El presidente hizo una frase: “voy a rebasarlos por la izquierda”, pero no lo puede hacer —de nuevo trata de confundir a la población— pues guarda posiciones irreducibles de las cuales nunca podrá desprenderse. Hemos sido firmes en la respuesta y eso también ha desanimado los ataques. Nuestra afirmación es la misma: no pedimos ni damos cuartel, porque quien da cuartel al gobierno federal y al PAN le toman la plaza. En los estados hay ejemplos que no cito para evitar problemas de otro tipo. El PAN no tiene palabra y por eso se le dificulta tanto hacer consensos. Los panistas no cumplen sus compromisos y evaden los costos de decisiones, como el gasolinazo. Cuando el presidente no quiere asumir el precio que le corresponde, rompe el pacto no escrito, que supongo que se hizo, y genera desconfianza con los demás actores que dicen: “en el momento en que mediáticamente no te convenga un acuerdo, nos vas a dejar colgados de la brocha”. Quien da cuartel corre ese riesgo con el PAN, porque no hay palabra. Son proyectos totalmente distintos el de ellos y el nuestro, dos formas de ver la vida: el tricolor y el azul.
A la luz de la reforma electoral del estado y en la disyuntiva de afianzar un proyecto social, ¿recurrirá el PRI a alianzas con partidos de escaso peso en las urnas? ¿Las necesita?
Es una gran responsabilidad. Las figuras que se puedan usar son la coalición y la candidatura común. Necesitamos que el voto social, el del ciudadano que piensa como nosotros, no se disperse, pero por otro lado también está el hecho de que el PRI no puede poner en peligro su mayoría ni sus porcentajes, los cuales sirven no sólo para esta elección, sino también para determinar los topes de campaña, el financiamiento público y los tiempos en los medios electrónicos de las siguientes tres elecciones: las de alcaldes, diputados, y gobernador. Se trata, pues, de una decisión bastante compleja que el presidente del partido tiene que asumir con responsabilidad. Si llegáramos a una coalición tendríamos que entregar porcentaje de nuestra votación a cada uno de los partidos que se unieran al nuestro; y si lo hacemos con muchos, cada uno reclamaría mínimo el 3.5 por ciento para acceder al Congreso. Esa situación podría volverse en contra nuestra, tanto al momento de distribuir las diputaciones plurinominales como en las siguientes elecciones, pues de tener una cantidad significativa de votos —del cincuenta por ciento ahora— bajaríamos al treinta y cinco o hasta el treinta por ciento. Esta cesión sería objeto de reclamaciones por candidatos que hoy no compiten, pero que lo harán en el futuro, y además comprometería el presupuesto con el cual vive hoy nuestro partido.
En suma, en Coahuila no hay partido al que le convenga una coalición múltiple, a menos de que no tenga pretensiones políticas o de que sea un suicida electoral. Al PRI, como fuerza mayoritaria, le podrían convenir coaliciones en municipios muy específicos y tal vez con un solo partido. Con el resto —debo ser honesto— conviene la candidatura común que nos permite a cada uno a sumar porcentajes y ganar diputados según nuestro trabajo, así como tener campañas independientes. La coalición implica también que todos los partidos utilicen un solo presupuesto; la candidatura común, en cambio, permite a cada partido utilizar sus propios recursos. Para una campaña resulta más conveniente esa figura. Adelante con los partidos que quieran sumarse a candidaturas nuestras, pero la coalición, como presidente del PRI, no podría firmarla porque firmaría la disminución de prerrogativas y tiempos en televisión para las siguientes tres elecciones. ¿Qué me pasaría con los siguientes candidatos a alcaldes o diputados cuando vieran que su tiempo en medios electrónicos se fue a la mitad de lo que ahora tienen porque cedí porcentajes a diestra y siniestra? Sería una deslealtad personalmente peligrosa a futuro, porque al partido y a mí nos exigirían cuentas políticas.
La reforma electoral del estado apunta hacia el bipartidismo PRI-PAN. ¿Fue un acto deliberado?
Ignoro si fue deliberado, pero el esquema, como está, apunta al fortalecimiento de dos fuerzas, a menos de que una tercera se gane ese puesto con votos. La propia reforma federal tiende a esa dirección. En ambos casos, calculo que los tiempos en televisión para los dos partidos principales serán de once minutos diarios y de siete para los ocho restantes, espacio muy reducido por cierto. Desconozco si esté bien o mal, pero si la reforma se hubiera dado con otro partido fuerte en el estado, a los tres habría favorecido. Pero además, es una afirmación que ya he hecho: Coahuila es de dos fuerzas políticas. Los votos de Roberto Madrazo y de López Obrador, sumados, dan los porcentajes de la votación de Humberto Moreira; los porcentajes, no la votación. Andrés Manuel se llevó a electores potenciales del PRI, porque su discurso encaja mucho con el discurso tradicional de nuestro partido. Coahuila, insisto, es un estado de dos fuerzas. Las otras, distintas al PAN, se han nutrido en un noventa por ciento del PRI o de grupos afines.
En la sucesión de 1993, Salinas destapó a Montemayor con demasiada premura. Hoy parece que el presidente Calderón hace lo mismo con el senador Guillermo Anaya, compadre suyo, quien opera a través de las delegaciones federales con gente de su equipo.
El gobierno federal hace un manejo partidista del poder. La decisión del presidente, de imponer a Germán Martínez y a su compadre en la dirigencia del PAN, es la prueba más fehaciente, confirmada por Nordhausen y Manuel Espino. En lo personal no temo ni me alarma que las delegaciones estén hoy ocupadas por panistas. Se necesita ser muy inocente para no advertir que detrás de las designaciones está la influencia del compadre del presidente. Calderón tiene derecho a ocuparlas, pero su partido pagará el costo político de usar la estructura política federal con fines electorales, como cuando el PRI lo hizo. Sin embargo, el país cambió: las instancias federales son hoy cada vez más normativas y los recursos se descentralizan más aunque, hago un paréntesis, la Sagarpa trata de centralizar los recursos mediante el cambio de reglas de operación. La inexperiencia de los funcionarios del PAN, en las delegaciones, también correrá contra ellos. El gobierno está pagando muchos favores políticos. Patricio Patrón, alguien que al parecer no tiene estudios relacionados con la ecología, asumió la Profepa.
Si revisamos los perfiles de los delegados federales, descubriremos que son eminentemente electorales. No hay razón para poner a alguien sin experiencia a dirigir el desarrollo social. Me divierte cómo el gobierno federal es una contradicción constante. Lo que el PAN criticó siempre de la política de este país lo hace ahora de la manera más pragmática y sin pudor. Sin miramiento rompe con cualquier situación y ejecuta lo que a su parecer más le conviene. El senador Anaya no me preocupa, ya lo he dicho, pues siempre cargará con el peso de una política panista errática. En él se materializan todos los males que su partido le ha causado al país. Anaya pretende ser figura estatal, pero a él le debemos el gasolinazo y los intentos de privatizar Pemex. A él le cargaremos algo que nos aterra y ofende a los coahuilenses: el centralismo. El senador personifica a las figuras que antes venían del centro, y que su partido criticaba.
Sin embargo, el PRI ha votado a favor de iniciativas del gobierno federal en el Congreso. Aquí hay una contradicción.
La postura del PRI en el estado es en defensa del interés de los coahuilenses, lo hemos manifestado y nos ha costado críticas. Analistas nacionales cuestionan nuestras posiciones, pero también, fuera de Coahuila, nos han traído el beneficio de tener un gobierno muy bien calificado, cosa que nadie pone ya en tela de juicio. Los propios panistas admiten que el gobierno de Humberto tiene dos características: altas calificaciones en todos los sectores, pero también que los coahuilenses reconocen que el control político del estado lo tiene Humberto Moreira. En esta vida no se puede todo. Quienes votaron por el gasolinazo, del signo que sea, se alejaron de lo que el pueblo pide. Quienes estamos en contra del aumento a las gasolinas y de otras cosas a lo mejor nos alejamos de los intereses centrales, pero nadie en el pueblo nos puede cuestionar ni reprender por lo que hicimos. En esta vida no se puede todo, pero uno siempre es libre de decidir lo que uno quiere y nosotros no queremos estar en contra del pueblo.
La injerencia de la Presidencia en elecciones locales y el electoralismo en las delegaciones federales, que usted señala, ¿no le generan presión al gobierno, al estado y a la sociedad con vistas a la sucesión de 2011?
Sí, aunque no dejamos de ser el 2.3 por ciento de la población de este país. El año entrante, si el presidente y el PAN quieren tener mayoría en el Congreso, estarán más preocupados por el estado de México, Veracruz, Jalisco, que tienen más de treinta diputados federales. Además, si el PAN mantiene el rumbo actual, perderá la mayoría en la Cámara baja. Si las cosas no se componen, el PAN tendrá que ser responsable y buscar más vínculos con otros partidos, de lo contrario la ingobernabilidad será evidente y el sexenio, políticamente, acabará en tres. En el momento en que cualquiera de las otras dos opciones políticas (PRI y PRD) tengan mayoría en el Congreso, así sea por un diputado, ese día se acaba el gobierno panista. Calderón tiene hoy la posibilidad de gobernar porque el PRI ha sido responsable —lo dejó tomar protesta y le ha ayudado en algunas cuestiones—, pero en el momento en que el PRI o el PRD controlen el Congreso, el país será gobernado por el líder de la fracción mayoritaria en la Cámara de Diputados, lo que no pasa desde tiempos de Zedillo. E4 
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