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15 de enero de 2008


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La iniciativa de un hombre deprimido al otro lado del orbe deviene campaña mundial

El poder de un abrazo

Edgardo Ramos del Bosque

Desde Australia atravesó Asia, Europa, América y ya llegó
también a México. La necesidad de un contacto
físico afectuoso y sin otro propósito que el de ayudar
es respaldada por científicos. En su libro Abrázame, Kathleen Keating, directora de Educación de un hospital psiquiátrico
de California, abunda alrededor del tema

Hace unos días, un anciano y su esposa tocaron a la puerta de mi casa. El frío de la tarde de estos días de invierno se dejaba sentir. Los rayos del sol iluminaban sus ojos claros… ojos cansados y enfermos.
—¿No tendrá unas monedas que me regale? Ando con mi señora, pero no tenemos dinero para regresar a nuestro rancho, vine a una consulta, mire.
Me extendió una receta y la tarjeta del doctor particular que le estaba atendiendo, para que le llamara y comprobara lo que me estaba diciendo.
Sin pensarlo dos veces metí la mano al bolsillo y le di unas monedas, pero después pensé: ¿Realmente será cierto o es otro estafador disfrazado de enfermo y con el mismo pretexto de siempre? Sin embargo, algo especial en su mirada me hizo comprender que no mentía. ¿Desean comer algo? —les pregunté—, No, una mujer les había dado ya algo para matar el hambre del día.
Comenzamos a platicar. El señor me contó algunas cosas del rancho de donde venía y los avatares por los que pasaba cada mes que tenía consulta en la ciudad. Extrañamente se ganó mi confianza, y le invité a pasar a tomar una taza de café, pero su esposa —mujer en apariencia más joven que él—, se negó y explicó que si tomaba café le iban a dar muchos deseos de ir al baño y a su edad, y en la calle, eso era muy engorroso. Conversamos un rato.
Al poco tiempo, la esposa dijo que debían continuar su camino. Nos despedimos e insistí que si necesitaban algo, cualquier cosa, podían volver sin dudarlo. Instintivamente me acerqué a ellos, y como si fuésemos grandes amigos, nos dimos un abrazo, un fuerte abrazo. Sin más, la pareja rompió en llanto. Me miraron amablemente y con voz quebrada deslizaron un sencillo “gracias”, mientras la mujer me acariciaba el rostro. Después les vi marcharse abrazados, reanimados tras una sonrisa de satisfacción y fortaleza.
Lo que ellos jamás supieron es que el más beneficiado en este asunto fui yo, pues al abrazar a dos desconocidos algo bueno sucedió y me dejó una sensación de dicha que ni con todo el dinero del mundo hubiera siquiera pensado en comprar. La realidad es que fueron ellos quienes esa tarde me entregaron mucho más de lo que yo pude haberles dado.
El contacto físico no es sólo agradable, es necesario para nuestro bienestar psicológico, emocional y corporal; acrecienta la alegría y la salud de un individuo y de la sociedad.
En algunas culturas es raro que las personas se abracen. Para algunos significa vulnerabilidad o sensibilidad. Los efectos del abrazo, sin embargo, pueden ser curativos, mejoran nuestra autoestima y estado emocional. Una de las formas más naturales y espontáneas de demostrar afecto es a través de un abrazo.
Esto es real y comprobable. Todos funcionaríamos mejor durante el día, si abrazáramos o nos dejáramos abrazar. Si bien dar o recibir un abrazo es algo simple y cotidiano, casi todos desconocemos la dimensión de plenitud que proporciona.  Hay muchas formas de tocar, pero el abrazo, por especial, contribuye de un modo importante a la curación; puede aliviar el dolor, la ansiedad, la depresión, la tensión; acrecienta en los enfermos la voluntad de vivir y seguir adelante; ayuda a los bebés prematuros; nos cambia el panorama del entorno y de nuestra propia persona; tiene un efecto positivo en el desarrollo del lenguaje y en el coeficiente intelectual de los niños; crea lazos más estrechos entre los individuos. Este gesto se da en cualquier nivel de relación interpersonal. Todos tenemos necesidad de tocar y ser tocados, de amar y ser amados. El amor retenido puede convertirse en dolor. Al abrazar, afirmamos la capacidad de descubrir la ternura y la alegría que hay en nosotros y la riqueza interior que nos nutre.
Un abrazo…
- No cuesta nada.
- No necesitas nada más que la voluntad para recibirlo o darlo.
- Brinda seguridad, confianza en un momento difícil.
- Produce sonrisas y alegra el corazón.

Abrazos gratis en todo el mundo

La campaña de Abrazos gratis (free hugs) nació el 30 de junio de 2004 en Sydney, Australia, luego de que un hombre que se hace llamar Juan Mann salió de una depresión gracias al abrazo de una desconocida.
Según cuenta la historia, Juan llegó de Londres un día y se sintió solo. Fue a una fiesta, para pasar el rato, y una extraña se le acercó y le dio un abrazo. Así, sin más y sin pretender nada, cuenta que se sintió tan bien al recibirlo, que se le ocurrió que todo el mundo debería ser abrazado. Para animarles, para darles un poco de fuerza, de esperanza. ¡Ya está bien de sentirse solos y sin apoyo!
Con ese sentimiento, un 30 de junio tuvo la idea de ir a un centro comercial, llevar consigo un cartel que decía “Abrazos Gratis” y simplemente decidió dar abrazos a desconocidos que transitaban por Pitt Mall Street, en Sydney. Shimon Moore, líder de una banda de música australiana que trabajaba en ese centro comercial, se ofreció a grabar en video al protagonista dando abrazos. Este material lo usó para una de sus canciones y es precisamente en 2006 cuando comenzó a circular en YouTube, y llevó a convertir esa sencilla actitud en un movimiento a escala mundial conocido como “Free Hugs Campaign
La campaña es interpretada como gesto de amabilidad, de espíritu social desinteresado, gratuito y al azar con el único objetivo de hacer que otros se sientan mejor. Su autor según ha dicho en entrevistas, no lo hace con el deseo de obtener nombres, teléfonos o conquistar mujeres.
A veces un abrazo es todo lo que necesitamos. Abrazos gratis es la historia real de Juan Mann, un hombre que ante el grave problema de la deshumanización emprendió una campaña cuya misión es cruzarse en el camino de un extraño para iluminarle un poco su vida, para regalar un poco de alegría.
Nos hemos convertido en seres automáticos y hasta podría parecernos un poco extravagante que alguien venga a iluminar vidas cual Mesías, pero es una iniciativa interesante, sobre todo en estos tiempos llenos de terrorismo, maldad y noticias deprimentes.
En medio de una época caracterizada por la inconexión social y la falta de contacto humano, los efectos de esta campaña de abrazos gratis se convirtió pronto en un fenómeno mundial.
A medida que ese símbolo de esperanza se esparcía por las calles de Sydney, la policía y las autoridades ordenaron vetar la campaña Abrazos gratis. En respuesta, la población reunió diez mil firmas de apoyo y la campaña continuó.
La difusión de las imágenes ha provocado que surjan imitadores en todas partes del mundo. No se sabe con exactitud en qué lugar de América Latina se presentó por primera vez, pero ha llegado desde hace más de un año a nuestro país en diferentes ciudades como Monterrey, Distrito Federal, Guadalajara, Tijuana, Cuernavaca, Toluca, Sonora, y por supuesto Saltillo, donde la indiferencia de muchos fue opacada por el apoyo de algunos curiosos, que al final, es un hecho, recibieron más que un abrazo.
Kathleen Keating, directora de Educación de un hospital siquiátrico de California, escribió El libro de la terapia del abrazo, editado en México bajo el título de Abrázame, donde describió varios tipos de contacto. El argumento que defiende su decisión de ahondar sobre el tema fue llegar al convencimiento de que se necesitan más que pastillas para curar a una persona.
No es necesario conocer al prójimo para demostrarle afecto, especialmente en estos tiempos en que la sociedad se halla más preocupada por temas superficiales en torno a la farándula o cuando ella misma es víctima de catástrofes alrededor del mundo, causadas muchas de ellas por la torpe mano del hombre. Fuimos creados para amar, para formar, para construir… para abrazar. Sin embargo, al parecer nos hemos enfocado más en odiar y matar… en destruir.
Abrazos gratis logra que reflexionemos y podamos pensar en voz alta que el mundo está necesitado de cariño; que estamos atrapados en un entorno violento que da más golpes de los que podemos aguantar, y que necesitamos muestras de apoyo, de comprensión y de un apapacho, incluso si es de un completo extraño.
Nos hemos olvidado de los valores, de la parte humana. Los buenos deseos siempre superarán las malas intenciones. Es tiempo de detenernos a mirar lo que se yergue a nuestro alrededor, observar detenidamente y hacer un alto para brindarnos la oportunidad de vivir y ver más allá de nosotros.
Nada, nada, definitivamente, es capaz de resolver la vida como lo hace un abrazo de corazón. Es capaz de hacer olvidar por un momento cualquier carencia, dolor o problema; puedes dar tantos como lo necesites sin que tu bolsillo se vea afectado. Tampoco importan las condiciones en que te encuentres cuando lo haces para estrechar un corazón.
Este movimiento, iniciado por un hombre solitario y deprimido, al otro lado del mundo, ha trascendido por diversos países permitiendo a quien lo vive redescubrir la grandeza del contacto físico. Vale la pena dar un abrazo a un desconocido que lo necesite, dejando de lado cualquier prejuicio, sólo por las ganas de transmitir el poder de este gesto.
A todos aquellos que saben la importancia de un abrazo, infinitas gracias. A quien aún no lo ha experimentado, le invito a probar, no se va a arrepentir. Yo lo he comprobado ya.E4

 
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