|
Crónicas desde China
Un día de supermercado |
Dinora A. Ramos González |
Al menos en China, para una sola persona
es más económico comer en un restaurant
donde preparan la comida
La primera vez que fui al supermercado tardé alrededor de veinticinco minutos en encontrar la leche, en aquella ocasión compré una especie de yogurt líquido; la segunda era leche, pero de sabor manzana dulce; y la tercera acerté leche pura —de vaca, espero, porque aquí casi no se consume carne de vaca sino de borrego, y en los restaurantes coreanos puedes encontrar hasta de perro—.
La impresión inicial que te da el supermercado Vanguard es la de una tienda departamental. Cuenta con tres pisos, pero sin estacionamiento. Sobre la calle de la entrada principal se aglomeran chinos vendiendo dulces de frutas bañados en azúcar caliente, elotes o —así les llama un amigo uruguayo— choclo amarillo asado y cocido que apenas cuestan 1.5 yuanes. Resulta más barato que en México y ¡vaya que es el principal alimento de los mexicanos! Ahora lo exportamos para hacer biocombustible a costa de la hambruna nacional (hmmm ¡que cosas!). También venden papas asadas, aunque lo interesante de estas es que, de igual manera, existe una versión dulce muy parecida a la que nosotros conocemos, si bien alargada y de un color rosado.
En la mayoría de las puertas de edificios y tiendas se usan franjas de plástico colgadas para evitar que el frío aire se cuele. Son pesadas y bastante mugrientas. En una que otra tienda, en lugar de estas franjas utilizan cobijas. En el VSM(*) percibes un olor entre comida y plástico difícil de describir, pero es un olor muy particular y, en lo personal, no agradable al olfato. Por suerte, ya estando ahí te acostumbras. Muy interesante es la posibilidad de contar con un área para guardar objetos personales de manera automática y sin costo. Es muy sencillo de usar: 1) presionas un botón para obtener un ticket con un código de barras; 2) lo pasas por el lector rojo; 3) se abre la compuerta y colocas tus cosas; 4) guardas el código. A la salida funciona igual, vuelves a pasar el código por el lector y se abre el compartimiento.
En el primer piso encuentras un pequeño espacio con libros, electrodomésticos, detergentes, cosméticos, productos de higiene en general. En el segundo: ropa, zapatos, bebidas como vinos, jugos y refrescos de soda, además de utensilios para el hogar y una que otra chuchería curiosa. En el tercer piso: los lácteos, galletas, panadería, frutas y verduras, la dulcería y los abarrotes. En la parte de verduras permanecen mujeres gritando —me imagino que “pásele, llévele, barato”—. La mayoría de los clientes utilizan las canastillas porque los carritos a pesar de que son mucho más pequeños que los de México, ocupan espacio y cuesta trabajo moverse. Para subir un piso utilizan una especie de rampa eléctrica. El espacio es muy reducido y la gente se arrejunta tanto que puedes percibir su aliento o sentir su respiración en tu oído. No se respetan las filas y te empujan como si no existieras… para ellos es normal.
No comen queso. Sólo lo encuentro en paquetes de seis rebanadas a un costo de 18.45 yuanes y es queso para sándwich, nada de panela, manchego, oaxaca o gouda. Todos los productos llevan su nombre en chino. Incluso las galletas oreo, excepto los chocolates snikers pues su empaque es el original. Algunos de los productos no ostentan dibujos y tampoco son trasparentes, lo cual imposibilita adivinar su contenido. Lo importante es que exhiban el signo “S” y un logotipo semejante a un cuadrado en azul con letras en blanco. Ello asevera su aval y confiabilidad. Particularmente me baso mucho en aquellos que tienen el logotipo de las olimpiadas. También suelen ser seguros.
Con vistas a las próximas olimpiadas, un país con la capacidad organizativa y disciplinaria que históricamente ha desplegado China, debiera comenzar por atender detalles tan simples como el idioma o la diversificación de alimentos en aras de lograr que esta nación se convierta en un verdadero oasis para turistas y extranjeros que están obligados a interactuar con la sociedad y sus costumbres por asuntos de trabajo, negocios o cualquier otro interés común. De poco servirá que organice magnos eventos deportivos si la base deja mucho que desear.
*VSM: Varguard supermercado 
|