EDITORIAL SOCIEDAD POLÍTICA ELECCIONES 2008 REPORTAJE EL PEZ CONTACTO
1 de enero de 2008


NÚMEROS ANTERIORES

316 - 315 - 314

Después de las presidenciales, la ciudadanía le vuelve
la espalda a la izquierda; la derecha se afianza
y el PRI recupera terreno: mitofsky

El PRD, prendido de alfileres;
2008, crucial

Gerardo Moyano

La actitud de López Obrador, tras su fracaso electoral, hunde
a la izquierda. Su futuro depende ahora de una redefinición partidaria y de la distancia que tome del ex candidato
socialista hasta ahora más votado

El Partido de la Revolución Democrática enfrenta uno de los momentos más difíciles en sus dieciocho años de existencia. A pesar de haberse convertido en la segunda fuerza política nacional, el perredismo no ha sabido consolidarse como tal y atraviesa serios problemas al encarar un súbito retroceso en las posiciones alcanzadas en 2006 y en las preferencias de los ciudadanos.
Este partido, que junto a sus aliados en los diferentes procesos electorales es ubicado por los ciudadanos como la representación de la izquierda en México, ha cedido terreno frente al avance de la derecha encarnada en el Partido Acción Nacional y la recuperación del Revolucionario Institucional que se mueve en el centro junto al Verde Ecologista.
Así lo demuestra una encuesta de Consulta Mitofsky sobre la geometría de los partidos, la cual si bien aclara la inutilidad de la caracterización de los partidos y las políticas públicas en términos de izquierdas y derechas, hace un recuento de la opinión de los ciudadanos acerca de cómo posicionan a la ideología de los partidos. Los resultados reflejan además que la ciudadanía se ubica más cerca de la derecha.
Otro estudio de la consultora demuestra que a excepción del PAN, el resto de los partidos políticos en México está reprobado por la ciudadanía, con el PRD como el peor calificado.
Si a esto se agrega la debacle electoral del perredismo y sus aliados en los procesos electorales de 2007 en Yucatán, Durango, Chihuahua, Zacatecas, Baja California, Veracruz, Tlaxcala, Puebla y Tamaulipas, la situación se complica para la izquierda, aun con los buenos resultados que le permitieron retener la gubernatura en Michoacán.
Un proceso similar al que parece atravesar la política europea con el resurgimiento de la derecha encabezada por la presidencia del francés Nicolas Sarkozy, quien se consolida como uno de los líderes más fuertes al otro lado del Atlántico.
Por último, las disputas por la renovación de la dirigencia nacional del PRD, dejan ver la fractura interna del partido, la cual acentúa las diferencias entre aquellos que aun creen en “gobierno legítimo” de López Obrador y aquellos que se decidieron por una renovación partidaria.
El PRD deberá hacer un reacomodo de fuerzas para capitalizar las posiciones alcanzadas en 2006 y detener la sangría de votos, la cual le devuelve al PRI buena parte la preferencia electoral que había logrado arrebatarle en los últimos años.
Si no lo logra, la izquierda pagará el costo de la inmadurez política que la llevará de la gloria al abismo a más de un año de haber obtenido los mejores resultados de su historia.

De derechas e izquierdas


Cardenismo activo.
Cota, contra la voluntad de AMLO

La encuesta de Mitosfky revela que de los ocho partidos con registro nacional, el ciudadano ubica al PAN más a la derecha con un valor promedio de 4 en una escala de 1 a 5. Este partido prácticamente es el único a la derecha del espectro, ya que los siguientes pueden considerarse en el centro, PRI con 3.3 y PVEM con 2.8 (cuando el centro esta en el 3). En la izquierda, al extremo, se ubica el PRD con 2, seguido del Partido del Trabajo con 2.3.
Destaca el hecho de que el ciudadano se ubica a sí mismo cerca del PAN. El diecisiete por ciento se declara de izquierda y el sesenta y tres por ciento se ubica en la derecha.
Más de la tercera parte de los ciudadanos se califican en una posición idéntica a la que ven en el PAN, es decir, en términos del espectro izquierda-derecha, se ubican en total coincidencia. Una cuarta parte se colocó a sí misma a la derecha del PAN y el treinta y nueve por ciento a la
izquierda.
En el caso del PRI, tres de cada diez mexicanos se identifican con ese partido; cuarenta y dos por ciento se ubican a la derecha y veintiocho por ciento a la izquierda, es decir, a este partido le sería más rentable moverse a la derecha, donde competiría directamente con el único partido instalado ahí, el PAN.
Sólo veintidós por ciento de los ciudadanos se califican a sí mismos en la posición del PRD, mientras que el sesenta y nueve por ciento se ve a la derecha de ese partido. En el caso de los perredistas, el cincuenta y seis por ciento de ellos (mismo valor que se encontró en panistas y priístas) coincide con su partido, no lo ven tan a la izquierda (2.4 cuando el centro es 3) y son más los que se ubican a la derecha que a su izquierda (veintisiente contra diecisiete por ciento).
En otro sondeo de la misma empresa, que muestra la aprobación de los partidos, se puede ver que el PAN obtuvo un 37.4 por ciento de opiniones positivas contra 19.7 negativas. En contraparte, el PRD fue calificado positivamente por 17.9 por ciento de los entrevistados frente a un 42.1 por ciento de opiniones adversas. El PRI registró un ligero equilibrio con 27 por ciento a favor y 30.2 en contra.
Después del PAN y el PRI, el PVEM registra el menor déficit de opiniones, aunque con saldo a la baja, con 10.2 por ciento a favor y 18.4 en contra.
El PT recibió también el castigo de los entrevistados, con 8.8 por ciento de consideraciones a favor y 19 en contra. Convergencia logró apenas 4.6 por ciento de opiniones positivas frente a 12.8 negativas. Estos últimos y el PRD conforman el llamado Frente Amplio Profesita (FAP), que en conjunto resulta el peor evaluado por los
mexicanos.
En los rubros de identidad partidista y preferencia electoral, también el PAN se ubica a la cabeza con veintiséis por ciento de los partidos que generan más identificación y treinta y dos por ciento de preferencias entre los posibles electores.
Un factor determinante es la escolaridad de los encuestados que favorece claramente al panismo, al igual que el nivel socioeconómico.

La ruina electoral


Tres pistas. Monreal, el operador de Maquiavelo

A pesar de que el PRD logró recuperar terreno desde el año 2000 en los comicios federales, su preferencia electoral está paralizada. Los resultados históricos obtenidos en 2006, que lo ubicaron como la segunda fuerza política nacional con 35.33 por ciento de los votos a favor de la Coalición Por el Bien de Todos, contrastan con las elecciones realizados desde entonces y los más recientes sondeos de opinión.
Sumido en un debate ideológico entre “moderados” y “radicales”, quienes se niegan a reconocer a López Obrador como nuevo líder moral, el partido fundado por Cuauhtémoc Cárdenas enfrenta una de las peores crisis. Según un reporte de Ipsos-Bimsa, apenas 16.7 por ciento de los electores darían su voto al PRD en las próximas elecciones federales.
Después de los comicios de 2006, el PRD ha caído en picada. Estatalmente sólo obtuvo triunfos en Chiapas, con el ex priísta Juan Sabines, y en Michoacán con Leonel Godoy. El PRI capta los votos que hasta hace poco favorecían a la izquierda.
En Tabasco, el perredista César Raúl Ojeda quedó diez puntos abajo del priísta Andrés Granier y en Yucatán el PRD obtuvo tres por ciento de los votos, cuando el 2 de julio de 2006 había alcanzado dieciséis por ciento. En Chihuahua cayó al cuatro por ciento de la votación y en Durango logró sólo un cinco por ciento de los votos, menos de la mitad de su promedio histórico en la entidad.
Pero el mejor ejemplo de su retroceso es lo sucedido en las elecciones zacatecanas, en las cuales el PRD sólo pudo mantener diecisiete de los treinta y un ayuntamientos en su poder. Además de haber perdido la capital y Fresnillo a manos del PAN y el PT, mientras que veintiséis municipios quedaron en manos del PRI, lo que le da el control de la mitad del estado.
La derrota fue del Frente Amplio Progresista, que en principio integraron el PRD, el PT y Convergencia. El FAP acudió fracturado a las elecciones, una vez que el Partido del Trabajo decidió presentarse solo.
Además de los treinta y un ayuntamientos, el PRD zacatecano tenía en su poder quince de los treinta diputados locales, lo que en términos generales le daba cincuenta por ciento del control político de la entidad, pero también perdió terreno en el Congreso, aunque aun sigue siendo la primera fuerza.
Estos resultados ponen al partido en la posibilidad de peder la gubernatura en 2010 y echar por la borda el terreno ganado durante el idilio monrealista y la victoria de Amalia García.
En las elecciones de 2006, el PRD zacatecano perdió casi veinte por ciento de las preferencias electorales, a pesar de la fuerte influencia que mostró el candidato presidencial del partido en otras entidades. Consiguió doscientos treinta y cuatro mil votos en 2004, en la elección que llevó a Amalia García al gobierno estatal, pero dos años después, en la presidencial, sólo alcanzó ciento ochenta y siete mil votos.
En las últimas elecciones, la escisión del FAP impidió que la izquierda mantuviera el control político en Zacatecas. La suma de los votos obtenidos por la coalición PRD-Convergencia y PT los hubiera hecho ganar en treinta y dos de los cincuenta y nueve municipios y en doce de los dieciocho distritos de la entidad.
A pesar de que la alianza PRD-Convergencia se quedó con treinta y dos por ciento de la votación estatal, su dominio es frágil, sobre todo si se toman en cuenta los triunfos del PAN. Si el FAP hubiese nominado candidatos conjuntamente, habría ganado en esos municipios y se habría llevado el carro completo: con cuarenta y siete por ciento de la votación estatal, prácticamente la misma con la que García llegó a la gubernatura.
La principal causa de la derrota se atribuye al pleito entre el ex gobernador Ricardo Monreal y Amalia García, pero la ruptura se dio en realidad cuando la gobernadora y su grupo impusieron a sus candidatos a través de consultas abiertas. De hecho, un noventa y cinco por ciento de los candidatos perredistas en el estado pertenecían al Foro Nuevo Sol, la corriente de Amalia.
El factor de división siempre es el mismo: López Obrador, al grado de que estuvo a punto de costarle al PRD la gubernatura de Michoacán, donde finalmente fue vencido por los Cárdenas.
López Obrador ha generado conflictos en los estados, apoyando a perredistas opuestos a los gobernadores. En Guerrero, el mandatario Zeferino Torreblanca tiene diferencias con el alcalde de Acapulco, Félix Salgado Macedonio, por ese motivo.
Si por las mismas causas pierde el PRD Zacatecas en 2010, la izquierda quedaría descubierta en el centro norte.
En Tlaxcala, si bien el mapa de los ayuntamientos quedó equiparado entre las principales fuerzas políticas (PAN 19, PRI-PVEM 18 y PRD 17), los perredistas sólo pudieron obtener cinco diputaciones, las otras catorce fueron para el PAN y nada se llevaron los demás partidos.
En Puebla, la tierra del “gober precioso” Mario Marín, el PRD prácticamente no existe. En alianza con Convergencia sólo pudo obtener doce ayuntamientos, mientras que el PRI y el Partido Verde arrasaron con ciento cuarenta y cinco municipios, incluida la capital. El PAN obtuvo cincuenta y uno. En el Congreso, el PRI se llevó veinticinco de las veintiséis diputaciones, dejando una al PAN y nada para al PRD.
En Tamaulipas, bastión del PRI, el PRD quedó fuera del reparto del poder. El PRI triunfó en treinta y cuatro de las cuarenta y tres alcaldías; el PAN retuvo ocho demarcaciones pequeñas ubicadas en el medio rural y el PRD sólo conservó el municipio de Jaumave. Mientras que en la contienda para elegir diputados locales, el tricolor ganó en los diecinueve distritos.
Michoacán representó la excepción de la regla. Si bien obtuvo menos municipios que los priístas (PRI 49, PRD 41 y PAN 18), quienes recuperaron la capital Morelia, el PRD retuvo la gubernatura y se llevó once distritos electorales.
Sin embargo, las elecciones estuvieron viciadas por reformas que enrarecieron el ambiente. Las primeras habían sido pospuestas para 2009, según acuerdo entre el gobierno y los partidos, con el fin de empatar los comicios estatales y federales. De esta manera, el gobernador sería electo el 6 de julio de 2009, en coincidencia con las elecciones federales legislativas y tomaría posesión el 10 de septiembre de ese año. Mientras tanto se nombraría un gobernador provisional.
Pero en octubre de 2006, el PRD y Convergencia interpusieron ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación un recurso de inconstitucionalidad. La SCJN solicitó la intervención del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, el cual declaró improcedente la reforma.
El enero de 2007, el PRD acordó negociar con el PAN y el PRI que la reforma constitucional fijara dos períodos consecutivos de cuatro años para los dos gobiernos siguientes. De esta manera, las elecciones estatales y federales concurrirían en 2015. Por lo tanto, Leonel Godoy tomará posesión el 15 de febrero de este año y concluirá el 14 de febrero de 2012; su sucesor asumirá el 15 de febrero de 2012 y concluirá el 30 de septiembre de 2015.
A partir del 1 de octubre de 2015, los períodos volverán a ser de seis años. La misma reforma establece que los ayuntamientos y la nueva legislatura del Congreso también sean electos por períodos de cuatro años.

Negro panorama


Amalia García. A un paso de perder el gobierno

A la debacle electoral del PRD se suman las pugnas internas entre sus tribus que alcanzaron su punto máximo con la suspensión de los derechos como militante de Ricardo Monreal Ávila por haber sido encontrado culpable de participar en la campaña del PT en las elecciones de Zacatecas y propiciar así la derrota del perredismo.
Aunque el también ex priista Monreal impugnó la decisión del Comisión Nacional de Garantías y Vigilancia, la resolución afecta sus aspiraciones a la presidencia nacional del partido y, por ende, limita el poder de su amigo López Obrador.
Monreal es clave para López Obrador por su papel dentro de la fracción parlamentaria del PRD en el Senado, desde donde puede bloquear las iniciativas del presidente Felipe Calderón. La confianza del candidato presidencial derrotado en 2006 en el zacatecano es ciega, pues lo tiene al frente del programa de credencialización del “gobierno legítimo”.
Acusado en varios medios de “enriquecimiento ilícito”, Monreal actúa en varias pistas. Podría regresar al PRI, donde “tiene las puertas abiertas”; aliarse al PT, para no alejarse de la izquierda; convertirse en candidato independiente; o incluso ser el brazo de López Obrador en una posible nueva organización partidaria.
El panorama para el PRD se presenta cada vez más negro. Las corrientes anti-lopezobradoristas pactan alianzas para sacudirse de una vez por todas del lastre que representa el ex candidato presidencial y así lograr la renovación del partido que permita recuperar las posiciones perdidas en el último año.
La corriente Foro Nuevo Sol, encabezada por Amalia García, y Nueva Izquierda, dirigida por el ex senador Jesús Ortega Martínez, se han unido para mermar el poder de López Obrador, tal como lo demostraron con la oposición a la candidatura del ex jefe de Gobierno del DF, Alejandro Encinas, a la presidencia nacional del partido.
El rechazo se refleja también en las decisiones del X Congreso Nacional Extraordinario del PRD, entre las cuales se acordó no “autoexcluirse” de un diálogo con el poder gobernante, en contra de la voluntad de López Obrador.
Los colaboradores de Andrés Manuel sostienen que el alejamiento de algunas corrientes de izquierda y su confrontación con los gobernadores se deben a que el trabajo se ha enfocado a consolidar la resistencia ante el “gobierno espurio” y posicionar al ex candidato presidencial como “el verdadero líder de la oposición en México”.
Si bien la crisis del PRD favorece la recuperación priísta y la consolidación panista, no significa que el centro y la derecha tengan cheque en blanco.
El PAN ha tardado en asimilar su papel de partido gobernante y caído en errores que le resultan bastante caros. El corporativismo (reflejado en las negociaciones con el magisterio de Elba Esther Gordillo), la entrega a ciertos intereses económicos (como la aprobación de la ley Televisa) y la abierta cercanía al clero (que representan un regreso al conservadurismo), despiertan sospechas sobre un posible acercamiento a los esquemas tradicionales de la derecha radical.
En cuanto al PRI, si bien se ha consolidado en el interior del país, no ha podido recuperarse de la pérdida del poder y se ha sumergido en una fragmentación que se caracteriza por cacicazgos locales y gobernadores que aspiran a la presidencia, administrando los estados según sus propios intereses. Esta situación le permite moverse del centro a la izquierda o la derecha según lo ameriten las circunstancias, pero no lo deja consolidarse como un verdadero balance entre las dos principales fuerzas políticas del país.
Si pretende mantener su posición como segundo partido, el PRD deberá definirse y decidir si quiere representar una izquierda moderna al estilo español, cuyo líder fue descalificado por la izquierda perredista, o como la de Michelle Bachelet en Chile, quien ha logrado que el país obtenga uno de los mayores índices de crecimiento en Latinoamérica con la adopción de medidas económicas calificadas de neoliberales por la izquierda mexicana.
Mientras esa redefinición se prolongue, la izquierda de México seguirá encarcelada por el afán de un personaje que no supera el hecho de que pudo haber tenido el país en sus manos y lo dejó ir porque su ambición personal superó sus aptitudes políticas. Algo que la izquierda intelectual mexicana nunca le perdonará. E4

 
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