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1 de enero de 2008


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México vive un proceso que terminará por abrir las fronteras
con los Estados Unidos y Canadá: Padua

Los talentos también emigran

Luis Mac Gregor Arroyo
Ciudad de México

Analistas calculan que treinta por ciento de los doctores
mexicanos labora en EU y advierten que el país debe crecer
cinco por ciento anual para empezar a revertir este fenómeno

 


Jorge Padua. Redefinición de migraciones

Los espacios laborales en el país no crecen en proporción a la demanda poblacional. Analistas afirman que para satisfacer los requerimientos actuales de trabajo, el país necesita crecer cinco por ciento anualmente; otros lo elevan al siete. En cualquier caso, México debe emprender cambios urgentes para conseguir cualquiera de esos porcentajes.
De acuerdo con datos del Centro de las Finanzas Públicas de la Cámara de Diputados, de 2001 a 2006 el país creció 2.3 por ciento en promedio. Con Fox, el supuesto “gobierno del cambio” fue de los peores en materia económica y, por lo que se observa  el de Felipe Calderón no será muy diferente en cuanto a generación de empleos, señala el especialista Salvador Kalifa en el número cuarenta y tres de la revista de Internet Índigo.
La falta de ofertas de empleos y espacios laborales bien remunerados han sido las causas principales para que mano de obra calificada se vaya del país en busca de mejores oportunidades a las naciones desarrolladas, de las que destaca, por mucho, Estados Unidos, al ser de los países que ofrecen mayores posibilidades de desarrollo a las mentes
brillantes.
Conforme el listado académico de las principales universidades del mundo, realizado por el Instituto de Altos Estudios de la Universidad de Shangai Jiao Tong en 2003, de las cinco mejores universidades del planeta las primeras cuatro estaban en Estados Unidos y la quinta en el Reino Unido.
En 2006, el rotativo británico The Times dio a conocer que en el ranking de las mejores universidades dominaban las de Estados Unidos e Inglaterra. Las cinco principales de acuerdo con su importancia resultaron: Harvard, Cambridge, Oxford, Massachussets y Yale.
Por esas razones, a lo que se suma la cercanía, Estados Unidos es el destino predilecto de los mexicanos decididos a estudiar en el extranjero y de quienes deciden quedarse ahí a desarrollarse profesionalmente dando cauce a la llamada “fuga de cerebros”.

Las cifras

José Antonio de la Peña, director adjunto de Desarrollo Científico y Académico del Conacyt, indica que actualmente el cinco por ciento de los estudiantes de postgrado en el extranjero no regresan de inmediato a México. Algunos se quedan fuera del país varios años, consiguen empleos en universidades o empresas y después regresan.
Desde la perspectiva del especialista esto no es grave, y han existido épocas en la historia del país donde es mayor el número de personas que deciden desarrollarse laboralmente en el extranjero.
Sin embargo, el acumulado con los años es preocupante y bastante significativo, se estima —enfatiza De la Peña— que cerca del treinta por ciento de todos los doctores mexicanos en ciencias trabajan en Estados Unidos.
Y la situación actual puede empeorar si no se encuentran las condiciones adecuadas de crecimiento para las instituciones académicas del país y la manera de crear empleo de alto nivel en la industria, donde se requiera de gente especializada con doctorados en ingeniería, ciencias y demás.
La industria en México no ha tenido visión de desarrollar innovaciones propias para hacer más competitivos sus productos; tiende más a importar tecnología y, por ende, la mano de obra de alta calidad
, indica.

Mundo cambiante


Juan Artola. Cruce de experiencias

Jorge A. Padua, profesor e investigador del Centro de Estudios Sociológicos de El Colegio de México, explica que el fenómeno de traer mano de obra de fuera no es tan ajeno a los mexicanos como pudiera pensarse. Arguye que hoy mismo, personas que estudian en el exterior consiguen empleo en transnacionales y salen de la clasificación de cerebros fugados para volverse representantes de sus empresas en Estados Unidos o en cualquier lugar del mundo; eventualmente regresan a México, aunque después podrían volver a salir a otro destino conforme las necesidades de la compañía.
Ya no lo veo en términos de fuga de cerebros, sino como una redefinición de las migraciones. Es parte de un proceso histórico mundial donde se están intensificando éstas, indica el especialista.
Otra de las causas que intensifican la emigración de mexicanos a Estados Unidos es que la población universitaria de ese país se ha visto reducida y necesita reclutar estudiantes extranjeros. No sólo eso, ahora abandonan el país personas con estudios terminados y son contratados en la Unión Americana para trabajar en sus respectivas áreas, ya no en cualquier ocupación.
Juan Artola, jefe de la Misión México de la Organización Internacional para las Migraciones, afirma que gran parte de los migrantes es gente que laboraba en su país de origen, es decir, se fue abandonando un trabajo. Además, cada vez es mayor el porcentaje de mexicanos calificados en Estados Unidos, ya sea con secundaria completa o estudios universitarios; tienen un promedio mayor que la media estadounidense. Pero la emigración también es impulsada por la política desarrollada actualmente por las empresas de Estados Unidos, consistente en reclutar gente calificada, no solamente en México, sino en todo el mundo. Entonces hay múltiples mecanismos para personal técnico de la rama de la salud, para maestros que sean bilingües, etcétera.

Subvención oculta

Según el investigador de El Colegio de México, el hecho de que la gente se prepare con dinero mexicano y termine por laborar en las naciones del primer mundo se puede considerar una subvención a los países desarrollados, pero resultaría más costoso no hacerlo, se complicaría mucho la vida política de este país en el corto y mediano plazo porque quiebras expectativas. Por un lado, la educación privada es muy cara, y por el otro, a la gente con talento no le quitas así nada más las carreras y porque no tienen recursos migra o se vuelve criminal.
De la Peña señala que no podemos negarnos a tener gente de alta preparación, sería renunciar a la posibilidad de elevar el nivel del país en materia educativa, cultural y científica. Es cierto que no ha habido una planeación homogenea de la nación para formar estudiantes de licenciatura y postgrados, y poderles brindar posibilidades de empleo en las compañías actuales o con el nacimiento de empresas en áreas estratégicas, la creación de centros de innovación e investigación por parte del gobierno, o como parte del personal de las propias instituciones educativas.

Alternativas modestas


De la peña.
El Gobierno y la IP fallan

Para el funcionario del Conacyt en México todo debería llevar una lógica coherente, pero tanto el sector privado, el gubernamental y el educativo, crecen ignorando a los otros. Entonces, en efecto, existe un problema de planeación. Hay intentos por coordinar los esfuerzos, pero en muchas ocasiones se quedan un tanto en el papel, como sucede con el actual Plan Nacional de Desarrollo y con los de otros sexenios.
Son documentos bien estructurados y pensados, que siguen una lógica coherente de desarrollo para el país; pero faltan acciones concretas para poner en marcha esos esfuerzos de planeación, de eso ha habido muy poco.
En vez de quejarnos por la cantidad de gente de alto nivel en el extranjero, debe tratarse de aprovecharla: crear lazos académicos y de trabajo. Muchas de esas personas se sentirían contentas de colaborar con los mexicanos si se les buscara. Es necesario cambiar de mentalidad un poquito. Se han realizado pocos esfuerzos en esa dirección, pero el Conacyt está por iniciar la evaluación académica de investigadores mexicanos en el extranjero, con el propósito de vincularlos con México, que nos ayuden a evaluar proyectos, que se les pueda pedir consultas para opinar acerca de temas estratégicos importantes. La Secretaría de Relaciones Exteriores inició también un programa a través del Instituto de Mexicanos en el Extranjero, que tiene el propósito de vincular a la comunidad mexicana de ciertos sectores académicos con los mismos sectores en Estados Unidos… Entonces, se están iniciando algunos esfuerzos en esa dirección.

Al respecto Juan Artola indica que es posible realizar proyectos con profesionistas mexicanos en el exterior mediante Internet o traerlos para impartir cursos a sus connacionales, sin que ello interfiera con sus responsabilidades laborales en el país donde se
desempeñen.
Vamos a poner un ejemplo, si alguien que trabajaba en una fábrica en Coahuila se va a Estados Unidos a laborar dentro del mismo ramo, se capacita y aprende más cosas en ese país. En un momento dado se pueden poner en contacto con él sus antiguos patrones para que imparta un curso por unos tres días en México, para apoyar a dicha empresa nacional, eso sí se puede hacer. Además, a raíz de que ya trabajó ahí con anterioridad, conoce a la perfección cómo funciona toda la maquinaría del
inmueble.

Un mundo globalizado

La antes llamada fuga de cerebros es para Jorge A. Padua el inicio de un proceso que terminará por abrir las fronteras con Estados Unidos y Canadá, así como se ha llevado a cabo entre los países de la Unión Europea.
Europa homogeniza los sistemas: los de Italia con los de España y estos con los de Polonia. Se deben configurar de manera que un ingeniero polaco pueda migrar a Francia porque ya no hay barreras… lo mismo va a suceder aquí; aunque ahora sólo existen tratados económicos con Estados Unidos; pero ello está cambiando, cada vez más los organismos internacionales son quienes regulan.
Respecto a la inversión que se hace en el sector público y privado en materia de investigación en México, De la Peña dice: El apoyo a la investigación en México ha disminuido con relación a la economía. Los recursos invertidos en ciencia y tecnología cada año han crecido en pesos y centavos; lo que decrece es la inversión relativa al incremento del PIB, ahí no se ha mantenido el crecimiento y estamos bastante por debajo de los indicadores internacionales. Se está fallando por los dos lados, tanto en el sector gubernamental como en el privado.
El no incremento de recursos en este rubro se ha originado a partir del hecho de que la sociedad no ha tenido visión sobre la necesidad de que la ciencia sea una prioridad nacional. Si la sociedad estuviera más convencida a través de sus representantes, las cosas cambiarían. Hay ejemplos en el ámbito internacional donde es claro que los países con mayor inversión en ciencia y tecnología llegan más rápidamente a tener una economía sana.

Actualmente en México se destina 0.35 por ciento del PIB a ciencia, tecnología e innovación; el año pasado era 0.37 por ciento y en 2000 fue de 0.42 por ciento. Se trata de índices poco alentadores, sobre todo cuando la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos y el Banco Mundial sugieren invertir entre uno y 1.5 por ciento del PIB en la materia.E4

 
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