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Un mal que marca a la sociedad moderna:
“Se vende lo que se ve”… desde artículos hasta políticos

¿Adiós al Gran Hermano? |
Themis Sánchez |
Tras el retiro de la imagen del gobernador y de los alcaldes
de la propaganda oficial comienzan a revelarse nuevas estrategias publicitarias. Como era de esperarse, ni los medios electrónicos ni los mandatarios se cruzan de brazos ante la reforma
La reforma electoral ha traído, como era de esperarse, reacciones múltiples. La cuestionable y repentina aniquilación de los integrantes en turno del Instituto Federal Electoral, quienes van siendo sustituidos por otros, supuestamente, más capaces y comprometidos con las nuevas facultades otorgadas a este organismo, levantó no pocas voces de protesta. Tampoco ha quedado muy clara la anunciada imparcialidad que el IFE debe ostentar, a partir de que sus miembros, ahora con mayor poder y autonomía, lógicamente siempre estarán ligados, de manera directa o indirecta, a sus principios partidarios. Otra vez, el factor humano es capaz de poner en riesgo los lineamientos establecidos para una institución.
No obstante, la regulación de los tiempos electorales, la repartición equitativa de los mismos en aras de igualar las posibilidades de los candidatos en sus precampañas, el control de los recursos asignados y, muy especialmente, la prohibición de divulgar imágenes de los mandatarios cual si se trataran de estrellas del espectáculo —ello, por supuesto, solventado con el erario público— para abrirse desde muy temprano un camino que los lleve a escaños superiores en la esfera política, viene a representar la estocada final para las aspiraciones de muchos dirigentes. Ahora, la pregunta es ¿dicha estocada, además de final, podría ser mortal?
A juicio del intelectual norteamericano, Noam Chomsky, la primera operación moderna de propaganda llevada a cabo por un gobierno se remonta mucho tiempo atrás, bajo el mandato de Woodrow Wilson, quien fuera elegido presidente de los Estados Unidos en tiempos de la Primera Guerra Mundial. Los ciudadanos bajo su mandato eran pacíficos y no veía ninguna razón para involucrarse en una guerra europea; sin embargo, la administración creó una comisión de propaganda gubernamental, conocida con el nombre de Comisión Creel que, en apenas medio año, logró convertir una población tranquila en otra histérica y belicista que ansiaba participar en la guerra.
Desde entonces el control de los medios y la intención sempiterna de acapararlos han resultado decisivos para el quehacer político, y no es secreto que las mayores inversiones de un partido van dirigidas a cumplimentar cabalmente dichos objetivos. Específicamente en el estado de Coahuila sus señas más relevantes (al menos dentro de la historia reciente) se remontan a los tiempos de Montemayor, quien empezó a fomentar su presencia de manera evidente con la ayuda de frases y carteles. En el sexenio subsiguiente, Enrique Martínez y Martínez echó mano de este recurso elevándolo a niveles abusivos y que, ciertamente, parecían imposibles de superar. No obstante, las actuales administraciones, no sólo estatal, sino también municipales, trascendieron por amplio margen cualquier límite anteriormente impuesto.
En una sociedad donde impera la máxima cuasi inquebrantable de “aquello que no se anuncia, no se vende”, es realmente lamentable no contar con una administración autárquica, capaz de mantenerse en vilo sin necesidad de recurrir a leyes propias del marketing. Donde sus líderes y ejecuciones no se comporten cual productos de mercado.
Por estos rumbos ya no se trataba sólo de vallas y carteles. Estas manifestaciones incluían automóviles, periódicos, revistas, folletos, almanaques, agendas, convocatorias, ¿alguien recuerda las “profecarpetas”? y hasta jarras para tomar café, claro está, con sabor político. En tales menesteres, la imaginación expuesta por parte los encargados de cada gabinete alcanzaba ribetes psicosomáticos.
Y es que la omnipresencia de los mandatarios en Latinoamérica no es un fenómeno reciente y va muy ligado al caudillismo que por muchos años laceró esta parte del continente… o sea, laceró y aún campea por sus fueros en algunos países. En el caso de México, específicamente del estado de Coahuila, dicho portento ha adquirido matices que se avienen a las características del sistema sociopolítico imperante. Los sexenios no dan mucho margen de subsistencia para quienes aspiran a continuar una carrera exitosa y, por tal motivo, resultaba trascendental aprovecharlos mientras duraran para generar todo tipo de promociones.
Supuestamente, los poderes y la autonomía sin precedente que le fueron otorgados al IFE a raíz de la reforma electoral, debe servir para limitar la incidencia abierta de los políticos en los medios de comunicación. En teoría, al menos, los mandatarios deberán lucir sus resultados y no sus sonrisas. Cierto viejo refrán reza: “más vale una acción que mil palabras”. ¿Por qué entonces había que opacar el significado de las obras consumadas o proyectadas con la verbosidad hirsuta y endeble de unos espectaculares que, a fuerza de multiplicarlos, perdían ostensiblemente su eficacia? En ocasiones, lejos de alentar, generaban malestar a quienes se sentían manipulados.
Chomsky, nuevamente, puede ayudarnos a encontrar la respuesta adecuada. A su juicio la población, la ciudadanía, los votantes… no importa el término en que los encasillemos… la masa en general, suele comportarse dentro de su colectividad como un rebaño sin amo. Y este rebaño desconcertado es un problema. Hay que evitar que brame y pisotee, y para ello se necesita distraerlo. Mostrarle el camino a seguir, pero no desde su propia perspectiva y razonamiento, sino, invitándolo a conocer la “realidad” que fácilmente multiplicamos antes sus ojos. Desafortunadamente es una verdad ya probada. El ciudadano común rara vez se toma el trabajo de comprobar cuanto le dicen y, sin percatarse siquiera, da por hecho todo lo que ve.
George Orwell nos presenta en su insigne novela 1984 un ser abominable, testigo de cuanto sucede y dictaminador de cuanto ha de regirse. Le llama el Gran Hermano y su imagen, muchas veces simbolizada por un ojo, a todos sigue en cada paso de la vida diaria. Los personajes de la obra se sienten acosados, vigilados y, básicamente, hastiados, por la recurrencia opresiva de esta especie de sombra a quien muy pocos han visto en carne y hueso, pero que todos conocen a causa de sus consignas, efigies y presuntos cumplimientos cívicos. Las similitudes emergen solas. Aquel, literario y dictatorial, intentaba someter. La estrategia moderna, basada en una democracia ficticia, tiende no a convencer, sino a vencer a la opinión ciudadana con los pretendidos valores de un dirigente político cualquiera. Para ello nada mejor que abrumar cada rincón viable con lemas, cifras y rostros capaces de opacar a la posible competencia o hasta a la mismísima y personal incompetencia.
Pero retomemos la pregunta ¿es esa estocada, lanzada por la reforma, mortal para medios y políticos? No lo creo. La herida es profunda y muchos tardarán en sanar, es verdad. Sin embargo, incluso antes de que comenzara a cumplirse con la orden de retirar la publicidad de alcaldes y gobernadores, no pocos ya habían ideado tácticas que llenaran un poco el vacío en que los dejaban. Por ejemplo, Moreira tuvo tiempo de lanzar con pensada anticipación su propuesta de almanaque para el año 2008, así su sempiterna sonrisa estará asegurada en casa de algunas familias por los siguientes trescientos sesenta y cinco días. RCG, otro caso a mencionar desde la perspectiva complementaria, empieza también a trazar subterfugios. No afecta cuán banal sea la noticia, lo importante es repetirla tantas veces como sea conveniente siempre que la imagen del político aparezca en la pantalla de televisión. No se salvan, tampoco, los subordinados de la “tarea” de ensalzar a su jefe. Sino que lo diga el alcalde Fernando de la Fuentes quien tuvo que dedicar la mitad de la reciente ceremonia de entrega de su Segundo informe de resultados a alabar el trabajo del gobernador coahuilense. Ya no nos bombardearán con rostros, sino con presuntos logros y resultados, algunos capaces de rivalizar con las predicciones del mismísimo Nostradamus, como la valla que anuncia, sobre el bulevar Fundadores, que un millón de árboles fueron plantados entre mayo de 2007 y ¡mayo de 2008! Todo es valido en aras de no ceder espacios. Incluso acudir a frases subliminales (pensadas para evitar nombres explícitos), no olvidemos, verbigracia, que el profe nos cuida.
Evidentemente, al Gran Profe, al Gran Gobernador, al Gran Alcalde o, de la forma más sencilla, al Gran Hermano, aún le falta mucho para decirnos adiós. Será responsabilidad del IFE, enfrascado en su nueva y rigurosa tarea, darle seguimiento a toda artimaña ideada y, en caso de considerarlo pertinente, cortarla de tajo antes que se convierta en moda y uso de otros políticos. El fin de los semblantes sonrientes no significa el fin de la propaganda manipuladora. Apenas es el principio. Sólo resta trabajar entonces. E4 
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