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El compositor Guillermo Diego adornó la noche con sus últimas
creaciones para guitarra
Con Spirito contemporáneo
y muy latino |
Edgar London |
Cuestionado por la salud de la mal llamada música clásica
el artista no duda en afirmar que sigue habiendo poca interpretación de la misma, los apoyos son escasos y la entrada
a las disqueras grandes es prácticamente nula
Era el Museo de las Aves, sin embargo, los trinos melódicos no salían de volátil alguno sino de las cuerdas de una guitarra. Frente a un público que llenó por completo la sala que sirvió de auditorio, el maestro Guillermo Diego lanzó su último disco Con Spirito, especie de homenaje innovador a la música y los artistas que ha albergado nuestra geografía.
De una manera desenfadada, que se alejaba mucho y satisfactoriamente del clásico esquema público-concertista, el guitarrista dialogó con los allí presentes en torno a su trabajo e intercambió opiniones con algunos de sus invitados, entre los que destacaban Ramón Shade, director de la Camerata de Coahuila, el maestro Jaime Hinojosa, director de la Compañía de Danza Mezquite y el guitarrista Armando Martínez “Cuty”.
Interesante y llamativo resultó, casi al final de la presentación, la interacción que se logró con los asistentes cuando éstos declamaron versos que acompañaban de forma admirable el sonido de las cuerdas.
Así también se podrían calificar las declaraciones que para Espacio 4 el maestro nos regalara:
Empecemos por el motivo de tu concierto aquí en Saltillo, Con Spirito, tu más reciente disco, ¿qué nos presentas en él?
Con Spirito es un disco en el que exhibo parte de lo último que he escrito para guitarra sola. Si bien en otras ocasiones he compuesto obras para varios instrumentos, paralelamente a este trabajo orquestal he desarrollado piezas para guitarra únicamente. El público entonces va a escuchar material reciente y, como dato significativo, dicho material lo he escrito completamente aquí en Coahuila.
Si lo compararas con el álbum De Relato y Fantasía, el cual también incluye obras de tu autoría ¿qué podrías decirnos?
Con Spirito es un disco que da continuidad a De Relato y Fantasía pues a mí como compositor me interesa abordar también la parte del concertismo y plasmar un testimonio de la interpretación de mis piezas, lo cual resulta una parte importante y necesaria para un músico. De cierto modo esto permite contar con la versión del autor sobre su propia obra.
En comparación con los trabajos que le anteceden, he pretendido que figuren coincidencias y diferencias. En primer lugar, he diseñado estos discos de tal manera que el escucha pueda cambiar de atmósfera musical rápidamente entre un tema y otro. Es conducido lo mismo por tracks modernistas que naturalistas o ser sorprendidos por una suite dedicada a la música de México. Con toda intención lo he armado siguiendo esta tendencia porque soy de la opinión que, de tal forma, se propone a la audición un cambio de ritmo bastante interesante.
Sin embargo, en este disco, y es un rasgo que le es intrínseco, se siente mucho más la sonoridad latinoamericana. Casi todo lo que se presenta tiene sus raíces en la música de nuestro continente o de México.
¿No temes que alguien critique el hecho de que no sigas una línea definida alternando entre tantos ritmos y, como sucede con algunos plásticos, pierdas el sentido de tu propia creación?
n Creo que las composiciones que presento realmente siguen una línea, solo que las temáticas son diferentes. Navego por la música sudamericana de Argentina o Venezuela para, más adelante, adentrarme en las sonoridades de Villa-Lobos o en una serie de nocturnos, pero en todas las piezas es posible percibir un lenguaje común, de tal manera que no se siente en el disco que las obras pertenecen a diferentes autores. Considero incluso que me resulta útil como compositor esta alternancia.
Afirmas que este disco, tomado de conjunto, suena a Latinoamérica. ¿Es tu intención mantenerte en esta musicalidad latina o mañana podemos esperar de ti algo completamente distinto?
n En general, mi obra está marcada esencialmente por mi interés por la música mexicana, desde luego, donde hay una gran riqueza, lo mismo que en Latinoamérica o en el mundo. Ahora, en mi caso, quizás por pertenecer a esta geografía, a este país, he sentido la necesidad de estudiar y aproximarme a la música que tiene que ver con mi cultura sin que esto quiera decir que desarrolle un trabajo folclorista.
Lo que hago es investigar, documentarme, alrededor de estos géneros porque estoy convencido de que a partir de ellos es posible crear una propuesta de música contemporánea. Estas melodías que nos llegan desde la tradición conforman una fuente que nos enriquece constantemente.
Reconozco que esta preocupación ha influido en gran parte de mi obra, sin embargo no estoy cerrado a que en una siguiente grabación, como ya lo he hecho, aborde colores de otros lugares.
En tu sitio web aseguras que con la música pretendes dar a conocer el vasto manantial de México bajo una óptica contemporánea. ¿Cuánto de personal e innovador así como cuánto de clásico y conservador, prevalece en tus composiciones e
interpretaciones?
Cada pieza tiene su propio rumbo. Hay algunas que utilizan un lenguaje un tanto más novedoso, tal es el caso de “El Enigma del Hombre-Síntesis” que ha corrido con muy buena estrella y ha llamado la atención de la comunidad guitarrística por integrar elementos que reflejan la esencia de una nueva época con el uso de la percusión, efectos en las cuerdas, y aun cuando en su momento se consideraron, por algunos, un poco escandalosos, hoy se asumen como un lenguaje de la guitarra
contemporánea.
Existen, en cambio otras piezas más textuales. Por ejemplo, incluido en el disco Con Spirito, hay un tema que es un bolero, especie de homenaje al sentido romántico y que pretende rescatar los recursos de la elaboradísima y complejísima guitarra que tocan los tríos, pero desde luego, dándole otro tratamiento y otra elaboración para convertirla en música de concierto.
O sea que, en general, lo que hago es integrar a mi propuesta elementos de la música contemporánea sin alejarme totalmente de los recursos propios de la música en que está inspirada.
Entre tus obras, hay una que me llama especialmente la atención. Se trata de Paisaje Cubano con Brouwer. ¿Le ha valido alguna opinión de los conocedores de Brouwer o quizás del propio maestro?
Eso fue un proyecto que constituyó un gran reto. Leo Brouwer es un icono de la guitarra contemporánea y un gran innovador que ha influido sobre varias generaciones desde los años setenta. La idea de la pieza fue hacer un trabajo a partir de otro que él ya había ejecutado en torno a la música popular cubana. De ahí, entonces, era necesario componer algo que tuviera la intensidad brouweriana por llamarlo de la mejor manera, compilando todo este material e integrándole una propuesta personal.
Yo estoy muy contento con el resultado pues se trata de una obra que está siendo muy bien aceptada, a tal grado que se tocó el año pasado en Italia, en el Festival Caruso y fue motivo para que se me hiciera un homenaje a causa de los muchos retos que representa para la orquesta y para el guitarrista. Por otra parte, gracias a ella he recibido elogios de conocedores de la música del maestro y, en igual sentido, comentarios favorecedores por parte de la propia comunidad cubana en México.
Brouwer conoce este trabajo y está en la mejor disposición de que sea interpretado en su presencia, lo cual, tratándose de una figura como él, significa mucho para cualquier artista.
Con más de treinta años de trayectoria artística, ¿cuál considerarías tu mayor logro hasta el momento?
n Que tanto mis trabajos para orquesta como para guitarra sola, hayan sido bien valorados. Es algo que me interesa mucho y con el tiempo me ha servido para percatarme de que llama mucho la atención la manera en que logro combinar el lenguaje de la guitarra rodeado de toda una complejidad orquestal.
En un mundo donde la discografía suele ser utilizada para medir el desarrollo de un músico, podría resultar significativo que sólo hayas grabado seis discos en más de tres décadas y, de ellos, los últimos cuatro a partir de 2003. ¿Alguna razón en particular?
En realidad hay varias. Desde que acabé mis estudios en el Conservatorio siempre tuve la necesidad de buscar propuestas diferentes, quizás alejado de los esquemas tradicionales. A raíz de esto hice una agrupación, Ensamble Guillermo Diego, el cual se dedicaba a interpretar música de cámara en un formato que no era tan común.
Posteriormente me dediqué a implementar distintos trabajos en torno a la cultura. Tuve a mi cargo el proyecto de un teatro que pretendía llevar obras a una comunidad de la ciudad de México, lo que resultó algo sumamente interesante, pero también muy absorbente.
Asimismo, durante cerca de veinte años estuve enfrascado en trabajos para niños, tratando de contribuir con mi granito de arena en el mejoramiento del paisaje desolador que prevalece en la creación de música de concierto orientada a los más pequeños. A partir de eso, lógicamente, se me dificultaba mucho el componer y tanto más el grabar algún disco.
Fue en el año 1996, aproximadamente, que se me otorgó una beca de creación en Estados Unidos y esta prendió la chispa que desató mis deseos de componer e interpretar lo que ya venía incubando. Básicamente ahí se puede decir que empezó una labor ininterrumpida de creación que daría por frutos esta serie de discos.
Si tuvieras que escoger entre compositor o intérprete, ¿con cuál te quedarías?
n Compositor. Sin lugar a dudas, a mí la parte del concertismo me interesa mucho, pero al final, pienso que mi trabajo se enfoca cada vez más hacia la composición.
¿Cómo te sientes más cómodo, interpretando temas de otros o los tuyos propios?
n Creo que con los míos. Dentro de mi conformación concertista he interpretado a muchos otros. Sin embargo, mi propia dinámica de creación me lleva a presentar obras propias frente a un auditorio.
No es un secreto para nadie que, en la actualidad, la música instrumental, así sea con un formato de gran orquesta, no enardece a las multitudes como lo pudiera hacer quizás el pop más ligero. ¿En qué estado consideras que se encuentra hoy la llamada música de concierto, en México?
n Veo dos escenarios. El llamado hit parade de la música clásica que aunque muchos lo ignoran sí existe. La novena de Beethoven, el concierto de Aranjuez, el réquiem de Mozart son piezas muy probadas que, definitivamente, son obras maravillosas y siempre van a levantar pasiones en el público. Desgraciadamente el mercado se ha encargado de posicionar este tipo de repertorio a tal grado que casi descalifica lo otro que se haga. Este vendría a ser el segundo escenario, lo cual es muy peligroso. Sigue habiendo poca interpretación de la música de concierto, los apoyos son escasos, la entrada a las disqueras grandes es prácticamente nula. Por lo tanto, la situación en México es verdaderamente preocupante.
¿Planes inmediatos y mediatos?
Estoy preparando un nuevo disco con obras para guitarra pues es una línea que pretendo mantener. Tengo material para hacer varios de estos y pienso sacarlos adelante. También otras obras para orquesta y festivales, entre ellos el de Tijuana. Y desde luego, seguir trabajando aquí. De hecho hay un acercamiento a la Camerata de Coahuila con la que espero producir algo positivo.
Si pudieras ver tu vida desde el primero hasta el último de tus días, ¿cuál considerarías que habría de ser tu mayor ambición?
Pues es una pregunta difícil porque mis ambiciones son varias, sobre todo espirituales. Un amor pleno, ver a mis hijos, a mis padres, a nuestro país bien. Ver un mundo mejor, que anda ahora tan caótico, plagado de violencia, hambrunas… cosas absurdas, y claro, aunado a todo esto el objetivo perenne de lograr una expresión artística que sea fiel a mis intenciones.
Pudieran ser esas sus últimas palabras de aquella noche, pero no por ello se daría paso al silencio. Guillermo Diego nos aventaja con su arte porque, como diría Wagner: justo ahí, donde terminan las palabras, comienza la
música. E4 
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