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Los entresijos del estadio Un secretario de la administración de Humberto Moreira comentó en un desayuno reciente que cualquiera que haya sido el costo cubierto por el gobierno de Óscar Flores Tapia para instalar la primera fábrica de General Motors en el corredor industrial Saltillo-Ramos Arizpe, se pagó con creces. Un senador del PAN y ex alcalde de Ramos Arizpe terció: aun si hubiese regalado los terrenos y construido la planta con cargo al erario. Sin embargo, el entonces gobernador y alcalde de la capital al mismo tiempo daba su propia versión: después de una entrevista en Palacio le informé al representante de la empresa que él permanecería secuestrado en mi despacho hasta que Detroit autorizara la inversión en Coahuila.
Como promotor, el gobierno del estado acumula experiencias exitosas. Pero como empresario, sus fracasos han sido rotundos. Los ejemplos más visibles son el Autódromo del Norte, financiado por la administración de Eliseo Mendoza en sociedad con empresarios de Saltillo, y Transportes Aéreos de Coahuila, la cual se transformó en Servicios Aéreos Ejecutivos de La Laguna en el gobierno de Rogelio Montemayor, con la participación de políticos y empresarios vinculados con el poder de turno.
El autódromo quebró y pasó al control de un banco. Enrique Martínez lo rescató, sólo para donar parte de sus terrenos al municipio de Ramos Arizpe y el resto a una fábrica de electrodomésticos. Servicios Aéreos tuvo un final dramático: el accidente de uno de sus aviones, antes de aterrizar en el aeropuerto de Piedras Negras, provocó el cierre de la aerolínea y descubrió una compleja red de complicidades y negocios entre los poderes público y privado. Nada nuevo en México.
Hoy el gobierno del estado decide invertir ciento cincuenta millones de pesos en el nuevo estadio del equipo Santos Laguna, cuya propietaria es la cervecería con mayores ganancias del país (Grupo Modelo) y socia desde hace catorce años de la transnacional Anheuser-Busch Cos. Inc., una de las fabricantes de bebidas más rica y con mayor poder e influencia en el mundo. Lo hace en cumplimiento a una promesa de campaña, pero acaso también forzado por las circunstancias: corresponder al Grupo Modelo por la segunda planta que construye en Coahuila.
Moreira sabe que será criticado por gastar dinero para un estadio —cuya construcción y entrega ocurrirá entre las elecciones de diputados y alcaldes de 2008 y 2009—, frente a necesidades apremiantes en seguridad, educación, salud e infraestructura. Sin embargo, la competencia por inversiones privadas, que significan empleo y bienestar, ha llegado a extremos demasiado onerosos para los gobiernos estatales y nacionales que convendría regular en el futuro. Los empresarios imponen condiciones y buscan el máximo de ventajas. Finalmente, el tiempo dirá si Moreira con el Grupo Moderlo, como Flores Tapia con la GM, tomó las mejores decisiones. |