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20 de noviembre de 2007

Dicen salir del infierno, pero hacen su música en Saltillo

LOS DIABLOS DEL ROCK

LA MAGIA DE LOS SESENTA EN PLENO SIGLO XXI

Edgar London

¿Qué es el rock?
Jesús Rubalcaba: La máxima expresión musical.

¿Y la música en general?
Cecilio Rodríguez: Absolutamente todo.

¿Un sueño por cumplir?
José Gaytán: El próximo disco.

¿Tema favorito?
Hugo Medina: “Olvídalo”, de Alberto Vázquez

¿Grupo Favorito?
Carlos Frausto: Todos los de los sesenta.

Del uno al diez. ¿Cómo calificas a Los Diablos del Rock?
José Eusebio Molina: Diez

Cariño que nació de la nada, si el cariño que siento es cariño inmortal... La gente aplaudía y bailaba al ritmo del antológico tema que popularizara Los Baby’s por allá, por la lejana década de los años sesenta. La multitud, en esta ocasión, parecía haber olvidado las canas y los kilos de más acumulados desde la última vez en que se movieran al compás de esta canción. En medio de los cuerpos que, con las manos en alto seguían la melodía, se hallaba el empresario Isaac Pelayo, viejo conocedor y promotor de la música rock. Su rostro, más que atención, denotaba estupor. No pasaría mucho tiempo para que tomara un avión hacia el DF y fuera directamente a encontrarse con Los Baby´s. Tengan cuidado, les dijo sin mayores rodeos, porque en Saltillo hay un grupo que toca “Cariño” mejor que ustedes.
Fue así que conoció a Los Diablos del Rock, y también, de igual manera, que protagonizara la anécdota que posteriormente serviría de excusa para darle nombre al primer álbum grabado por esta banda. Fundada desde hace aproximadamente cuatro años por un grupo de entusiastas seguidores de la música que tiempo atrás los hiciera bailar a ellos y a sus actuales seguidores, hoy la agrupación ya cuenta con sus propios fanáticos que los siguen adonde quiera que ellos se presentan, así como centros habituales donde suelen estar. Tal es el caso de “El apenitas” y “La posada del recuerdo”, locales que le dieron la oportunidad de tocar una vez y, desde entonces, los mantienen en calidad de verdadero plato fuerte cada fin de semana.
Curiosamente sus integrantes (Jesús Rubalcaba, cantante; José Gaytán, cantante; Cecilio Rodríguez, teclados y coro; José Eusebio Molina, guitarra; Hugo Medina, batería; y Carlos Frausto, bajo) no son músicos profesionales, a excepción quizás de Cecilio Rodríguez que se dedica a dar clase de música. Empleado uno, diseñador gráfico otro, ingeniero textil, un par de arquitectos, todos combinan sus labores diarias con el interés que les despierta la música para poder llevar adelante sus ensayos y proyectos.
Algunos de ellos ya se habían reunido bajo el nombre de Las Sombras, pero fue con este nuevo formato, muy similar al que usaban las bandas de rock clásico en español de los sesenta, que se inicia el verdadero despegue de su trayectoria artística con la solidez y calidad que actualmente ostentan.
Los temas interpretados suelen ser, fundamentalmente por gusto del público, aquellos que antaño alcanzaron cierta notoriedad combinados con otros que, tal vez por el exceso de composiciones en esa etapa no resultaron del todo favorecidos, pero que Los Diablos del Rock intentan imprimirle aires frescos con arreglos modernos y así proponerlos a los aficionados de este género. De tal manera, entre éxitos pasados y títulos desempolvados, han logrado trazarse una línea a seguir que ya les ha reparado no pocas alegrías.
Aunque no por ello debe pensarse que todo es color de rosa. Jamás han recibido apoyo de ningún tipo por parte de alguna institución en cuanto a financiamiento, compra de equipos, becas, ni siquiera promoción. La relación con cualquier entidad cultural se ha limitado, hasta el momento, al acuerdo de contratos para sus presentaciones o una invitación a eventos, conjuntamente con otras bandas, según los planes inherentes a dicha entidad. Nada más. Con motivo de esta —su realidad y la de otros muchos— agradecen la existencia de programas radiales como “Los que hicieron época” o “Dimensión sesenta”, aún cuando a este último apenas se le concede una hora (10:00 PM a 11:00 PM), cada jueves, por Radio Concierto, pero que se encarga de mantener vivos los ritmos que causaron furor en épocas pasadas.
Sin embargo, la mera satisfacción de comprobar la presencia de jóvenes mezclados con aquellos que ya no lo son tanto, les basta para seguir bogando en pro de sus sueños. Y es que, a pesar de que su música viene a ser disfrutada, principal y lógicamente, por quienes son tentados en nombre de la añoranza y los muchos recuerdos, cada vez más se nota la asistencia de adolescentes y veinteañeros capaces de competir con los mayores a la hora de corear sus canciones.
A la pregunta de cuál consideran la mayor dicha conquistada por los integrantes de Los Diablos de Rock, les es difícil ponerse de acuerdo. Por un lado pesa la realización de un disco. Sin lugar a dudas, meta primigenia de todo músico y verdadero motivo de placer para la banda. Por el otro, en cambio, sobresale la posibilidad de haber participado en un festival con las grandes agrupaciones originales que alguna vez ellos mismos admiraron siendo niños. Y no es para menos pues han podido alternar con los mismísimos Locos del Ritmo, a juicio de muchos entendidos, el mejor grupo en la historia del rock en español, al igual que han compartido el escenario con Los Reno, Los Rockin Devils, Los Rebeldes del Rock o acompañado a Diego de Cossio, Leda Moreno y Jonhy Dynamo, por citar sólo algunos ejemplos.
La otra cara de la moneda la representa la desaparición del Festival Rocknibus, evento que anualmente, en el mes de mayo, reunía a exponentes de distintas tendencias del rock, con los cuales se armaba una especie de maratón musical y que dejó de existir abruptamente a raíz del último ciclo gubernamental. Este repentino stop, en palabras de la agrupación, truncó a toda la gente que tiene gusto por esa música pues los nuevos dirigentes culturales trajeron otras propuestas, otras ideas... y lamentamos que no se haya dado continuidad al programa porque, verdaderamente, era un foro espectacular que a nivel estatal dio mucho, para bien, de qué hablar. Un suceso, vale advertir, que se inició con carácter local y alcanzó ribetes nacionales. Constancia de ello dejaron las revistas Vibraciones del RockLengua, Mosca, Los portales o Paso a desnivel, defensoras a ultranzas del género.
Una de las emociones más fuertes recibidas y anécdota que nunca olvidarán acaeció, justamente, en una de esas ediciones cuando Los Diablos del Rock, en medio de una presentación, divisaron entre los espectadores a los integrantes de Los Reno. Yo estaba muy nervioso, asegura el guitarrista José Eusebio, no era fácil tenerlos allí al frente. Habían asistido para verlos y al final terminaron aplaudiéndoles. Eso fue genial, aseguran entre risas y a coro.
La evolución inevitable que ha sufrido y seguirá sufriendo la música y, muy especialmente, el rock, no los inquieta en lo absoluto. Se sabe que los cambios han sido bastantes y significativos. Están conscientes de que su propuesta se distancia sobremanera de un heavy metal o un trash, y quizás sus presentaciones no atraigan a la mayoría de los jóvenes actuales, pero recuerdan que en su época de muchachos sucedía lo mismo con otros ritmos y tendencias.  No hay de qué preocuparse. Siempre hay un público para todo y, afortunadamente, en su caso, los jóvenes, sin importar el número, lejos de ser excluidos, se suman por afición, placer o porque conocieron esos temas gracias a las ocasiones en que sus padres los escuchaban y ahora ellos también los siguen.
Uno de los retos que se ha propuesto superar la banda es, sin perder la armonía y ritmo que caracteriza su estilo y la forma de tocar de los sesenta, incorporar canciones propias al repertorio, hacer arreglos originales e incluso adaptar al español temas conocidos únicamente en inglés. Algo que debe evidenciarse en su próximo álbum, el cual, a diferencia del anterior, podrá ofrecer una sonoridad más personal de Los Diablos del Rock, incluyendo, de ser posible, y por primera vez, un tema alegórico a la banda.
Conscientes de la necesidad de fomentar la divulgación del grupo piensan incrementar el número de actuaciones del mismo, no abandonar la grabación de otros discos y participar en nuevos eventos. Tal oportunidad les ha sido proporcionada, recientemente, al ser convidados a abrir, en febrero próximo, una extraordinaria fiesta del rock que se celebrará en el DF, donde se darán cita otros muchos exponentes del género.
Por supuesto, los saltillenses, y admiradores en general de la banda, siempre podrán disfrutar de su música acompañándolos en sus presentaciones habituales. Ni para ellos, ni para los integrantes del grupo, la magia de los sesenta ha muerto. Todo lo contrario, prevalece en el nuevo milenio y, por si no bastara, aún suma fanáticos, aplausos y sonrisas.

 
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