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20 de noviembre de 2007

Tres presidentes, tres tragedias, tres modos de actuar: entre la solidaridad y el oportunismo político y mediático

De Los Pinos a la zona de desastre: Tabasco
pone a prueba el liderazgo de Felipe Calderón

Gerardo Moyano lacios

La presencia del Ejecutivo en Tabasco y Chiapas exorcizó
los fantasmas que condenaron a De la Madrid y a Bush por
los terremotos de 1985 y el hucarán Katrina en 2005. Calderón
se legitima en los hechos. Sin embargo, la reactivación
y reconstrucción de las zonas afectadas será lo que al final califique a su gobierno

Desastres naturales, catástrofes, accidentes, atentados, vidas que se van para siempre. Las cicatrices de estos fenómenos, que repentinamente afectan a cualquier comunidad, quedan marcadas con sangre en la historia de los pueblos. Y junto a ellas, la imagen del gobierno, la respuesta de las autoridades.
Resulta difícil saber cuánto de estrategia política y cuánto de verdadera solidaridad existe en la presencia de los mandatarios en las zonas de desastre, ya sea para encabezar las tareas de rescate o supervisar la distribución de la ayuda. Lo que sí puede conocerse con certeza es el efecto devastador que sobre la imagen de un gobierno tiene la falta de respuesta, la desorganización para implementar planes de rescate, evacuación o de reconstrucción.
Ejemplos sobran. El súper poderoso presidente de Estados Unidos, George Bush, quien logró salir bien librado de los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y Washington, gracias a una campaña de miedo, tuvo que pagar un alto costo político por la negligencia de su administración en las inundaciones que arrasaron Nueva Orleáns en 2005. A un año de finalizar su segundo período presidencial, su imagen sigue por los suelos y los estados de Luisiana y Missi-ssippi continúan sumidos en la desolación por los efectos del huracán Katrina. Su presencia en California, donde se fotografió con víctimas de los incendios en San Diego y Santa Bárbara, no borra su pésima reacción en los estados de la costa este hace tres años.
Y no hace falta cruzar fronteras. La ineficiencia del gobierno de Miguel de la Madrid en los terremotos de 1985, cuyas acciones fueron rebasadas por la sociedad civil, provocó la derrota al PRI en 1988, aunque, fraude de por medio, Salinas logró hacerse con el poder.
Consciente quizás de estos fenómenos históricos, el presidente Felipe Calderón decidió tomar el toro por las astas en el problema de Tabasco. No sólo se hizo presente en el lugar para supervisar las labores de ayuda, sino que actuó rápidamente para implementar el rescate financiero de los negocios afectados, medida que secundaron la iniciativa privada y el pueblo de México. Por la emergencia, Calderón suspendió su participación en la Cumbre Iberoamericana de Santiago de Chile.
Es probable que con la tecnología moderna, la logística de un plan nacional de rescate se pueda desarrollar desde el cómodo sillón de una residencia presidencial. Con videoteléfono en mano, computadora portátil y una legión de secretarios, es seguro que las acciones de cualquier jefe de estado puedan ser tan o más efectivas que las tomadas frente a las cámaras en el lugar de los hechos. Pero es un riesgo que los políticos no pueden elegir, sobre todo conociendo el poder de los medios audiovisuales y los antecedentes en la materia.
Más allá de las intenciones y los réditos políticos, el rescate de vidas y la puesta en marcha de un método de reactivación económica eficaz son los factores que inclinarán la balanza a favor o en contra del gobierno federal. Por ahora, la administración de Calderón ha demostrado eficacia para actuar, y si esas acciones pesan al final por sobre la falta de previsión para fenómenos de este tipo, las inundaciones de Tabasco y Chiapas sentarán un precedente de cómo actuarse en el futuro.
Mientras tanto, la reconstrucción sigue pendiente y serán los afectados quienes al final califiquen a las autoridades.

Gobiernos paralelos

Al igual que Calderón, el presidente Bush hijo llegó al gobierno de manera cuestionada en 2000. Y al igual que en las elecciones de 2006 en México, la última palabra sobre el resultado de las elecciones la tuvo la justicia.
La diferencia estriba en que mientras la decisión de la Corte de Estados Unidos, de detener el conteo manual de los votos en Florida, donde Bush finalmente obtuvo la victoria, fue respetada por el perdedor, Al Gore, en México el derrotado López Obrador no sólo desdeñó la resolución del Trife en su contra, sino que se autoproclamó “presidente legítimo”, con un alto costo para su partido a más de un año del proceso.
El cuestionado arribo al gobierno del mandatario estadounidense, a quien los analistas le pronosticaban una corta carrera presidencial, pudo ser superada tras los atentados del 11-S, ante los cuales los ciudadanos prefirieron refugiarse en la mano dura del cowboy de Texas que vivir en la incertidumbre de un nuevo ataque terrorista.
Atrás quedaron las denuncias de un golpe de estado judicial (fue la primera vez en la historia del país que la máxima autoridad de justicia intervino en la conclusión de los comicios), los debates sobre la tan cuestionada 14 enmienda constitucional, el favoritismo de los jueces conservadores y demócratas, todo quedó sepultado en aras de la seguridad nacional y Bush elevó su imagen tan alto que volvió a ganar las elecciones en 2004 ante su principal retador, John Kerry.
Pero tampoco esas elecciones pudieron escapar a las sospechas de fraude, ya que reconocidos periodistas como Andrew Gumbel y Amy Goodman denunciaron que George W. pudo ganar los comicios gracias a un “fabuloso fraude tecnológico de las corporaciones que fabrican las máquinas electrónicas de votación”, que son las mismas que “proveen al gobierno, a través del Pentágono, con lucrativos materiales y equipos para su guerra en Irak”. Goodman es una conocida periodista estadounidense que dirige la organización Democracy Now! y Gumbel trabaja para el diario británico The Independent.
Según un artículo censurado por varios medios de comunicación y difundido por el “Proyecto Censurado” de la Universidad Sonoma State de Santa Cruz, en California, las computadoras están habilitadas para elegir ellas en vez de los ciudadanos, en una doble jugada en favor de las ganancias corporativas y el poder político.
Election Systems & Software (ES&S), Diebold y Sequoia son las compañías involucradas en el funcionamiento de las nuevas tecnologías de votación en EU y las tres tienen fuertes relaciones con el gobierno de Bush y otros líderes republicanos. Todas, por cierto, con un pasado ligado a escándalos financieros y políticos.
Aun así Bush salió adelante y continuó con su cacería de brujas en Medio Oriente, para lo cual necesitó multiplicar el presupuesto de su ejército en detrimento de planes sociales y de emergencia como los de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA).

Katrina , Tabasco… Cuba

Pero la buena imagen de Bush se la llevó el viento, uno de los más fuertes que azotó al país.
El hecho de que la devastación causada por Katrina en buena parte del sudeste de Estados Unidos en 2005 pudo haber sido evitada (incluso fue pronosticada), si no hubiera sido porque los altos gastos de la guerra y la disminución de los impuestos a los sectores ricos dejaron casi vacías las arcas destinadas a impedir un desastre de ese tipo, tiró por el suelo la credibilidad del presidente, convirtiéndolo en una víctima más de la catástrofe.
Los peligros de estos recortes a los fondos de emergencia en una región castigada por la obstinación de la naturaleza ya habían sido advertidos por un periódico local, el The Times-Picayune, en una serie de artículos publicados entre 2004 y 2005. Pero el gobierno, aturdido por la pérdida de soldados en la tierra de Sadam Hussein, hizo oídos sordos.
En abril de 2002, la agencia federal encargada de prevenir y enfrentar emergencias ya había recibido la orden de economizar y de privatizar. En marzo de 2003, fue transferida al ministerio de Seguridad Interna, cuya principal tarea es luchar contra el terrorismo.
Las costas del Mississippi debían haber sido restauradas mucho tiempo atrás. La suma estimada del trabajo era de catorce mil millones de dólares, pero Bush la rebajó a mil doscientos millones. En junio de 2004, el presupuesto previsto para la construcción de diques en torno a Nueva Orleáns fue reducido en setenta y un millones de dólares, es decir, la mitad.
Pero no sólo la reducción de los fondos de FEMA, que ya había demostrado su eficacia para enfrentar desastres naturales durante la década anterior, fue decisiva en la falta de organización que cundió durante las tareas de rescate, sino también la ausencia de una tercera parte de las tropas de la Guardia Nacional en Luisiana y Mississippi, la cual se encontraba desplegada en Irak.
Ante los constantes reclamos de que la situación había superado al gobierno federal y denuncias de que se estaba dejando morir a la población de Nueva Orleáns por el solo hecho de ser en su mayoría negra, el presidente decide hacer un acto de aparición y sobrevuela la zona por algunas horas.
Los medios, los líderes de opinión, políticos de ambos bandos, todos cayeron sobre la yugular del desvalido mandatario y lo crucificaron. Incluso el mismo alcalde de Nueva Orleáns lo acusó de abandono.
La imagen de Bush se fue a lo más bajo de su carrera y un Comité de Supervivientes está pidiendo la conformación de un Tribunal Internacional para juzgarlo por lo que consideran “crímenes contra la humanidad” y “violaciones a los derechos humanos”.
A unos mil kilómetros de la zona devastada por Katrina se encuentra la pequeña isla de Cuba, y más allá de la simpatía o el desacuerdo con su gobierno, no se puede evitar reconocer sus planes para enfrentar la amenaza de los constantes huracanes que la acechan cada año.
Unos meses antes del desastre de Luisiana y Mississippi, en julio de 2005, el huracán Dennis, un ciclón de nivel 4, al igual que Katrina, cayó sobre la nación caribeña, pero sólo se tuvieron que lamentar unas pocas pérdidas fatales (si se compara con las mil cuatrocientas muertes en Luisiana y los miles de desaparecidos), ya que las autoridades desarrollaron un proyecto de evacuación que permitió trasladar a tiempo y en orden a más de un millón y medio de personas.
Lo mismo ocurrió con Iván, el quinto ciclón más potente que ha afectado al Caribe. En esa ocasión los evacuados alcanzaron los dos millones de personas, cien mil durante las tres primeras horas.
La eficacia para enfrentar estas catástrofes no sólo reside en su efectivo sistema de prevención, sino en el número de personas que participan en las tareas de evacuación, el ejército, protección civil y una decena de organizaciones sociales: sindicatos, comités de barrio, cooperativas.
Jan Engeland, subsecretario general de Naciones Unidas para las Cuestiones Humanitarias, calificó el sistema de prevención de catástrofes naturales del gobierno de Fidel Castro como un ejemplo para todos los países de la zona.
Hoy Bush ha llamado a su homólogo mexicano para solidarizarse con las víctimas en Tabasco y ofrecer una ayuda financiera de trescientos mil dólares, pero la mejor ayuda que le ha dado a Felipe Calderón es el ejemplo que no debe seguir.
Tal como lo ha hecho en la lucha contra el narcotráfico (que de paso Bush aprovechó para elogiar en la misma llamada), Calderón ha actuado con firmeza y premura, pero si bien las primeras horas son determinantes, los réditos políticos de su presencia en la zona no serán tan altos si la reactivación de la región se hace esperar.
El presidente mexicano no sólo conformó fondos de emergencia con doscientos millones de pesos en créditos del Fondo Pyme, de la Secretaría de Economía, y del dinero que los estados iban a recibir por este concepto, sino que anunció la creación de un Fondo de Reconstrucción que contará con recursos por siete mil millones de pesos constituido en un principio con los ahorros obtenidos en el gasto del gobierno en este año.
Sé que no es suficiente, pero es el comienzo, los recursos de este fondo, como he dicho, provendrán de ingresos excedentes en este año, indicó Calderón en su cuarta visita a Tabasco desde que comenzó la emergencia por las inundaciones que dejaron más de un millón de damnificados y el setenta por ciento del estado de Tabasco
afectado.
En materia fiscal anunció diversos apoyos a los tabasqueños, la exención de pago provisional del Impuesto Sobre la Renta (ISR) en este año y el primer semestre de 2008 y facilidades para que lo paguen en parcialidades. También se eximió a empresarios de Tabasco y Chiapas del pago provisional del Impuesto Empresarial a Tasa Única correspondiente al primer semestre del año próximo. Las empresas de las zonas afectadas quedarán exentas del pago del Impuesto al Activo y se permitirá la deducción del cien por ciento de las inversiones en activo fijo hasta el primer semestre de 2008.
Mientras el presidente Calderón realizaba talacha en la tierra de sus rivales tabasqueños, Roberto Madrazo y López Obrador, éste en su calidad de “presidente legítimo”, hacían mutis.
En su caso, el gobierno federal de EU prometió veinte mil millones de dólares para ayudar a los damnificados de Katrina, pero dos años después esos fondos siguen atorados en una telaraña burocrática y muchos equipos trasladados a la zona han resultado inadecuados o no llegaron. Por otro lado, sólo se ha reabierto la mitad de las escuelas de la región. El 31 de julio, en una visita a Saltillo para presentar la conferencia “Una verdad incómoda”, Al Gore criticó la negligencia de Bush. Sin embargo, tampoco Clinton, ni él en calidad de ambientalista y vice presidente, hicieron nada para proteger a la población de Luisiana y Mississippi de futuras contingencias.
Las palabras de Bush se las llevó el viento, las de Calderón podría llevárselas el agua. Al tiempo. E4

 
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