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Amarillismo e ignorancia en el caso del “Caníbal de la Guerrero”
Una pequeña
locura,
una esquizofrenia o algo así |
Renata Chapa |
De nuevo, el agradecimiento al Maestro Martín Barrón por su disposición informativa y solidaridad sincera.
Para una sociedad empachada de dilemas políticos, indigesta de broncas económicas, una noticia como la del “poeta caníbal” es laxante mediático de brutal eficacia. La dosis de morbo que contiene un caso como el de José Luis Calva Zepeda pareciera recetada al dedillo. Y es que cómo pasar inadvertida la narración del modus operandi de un hombre que, según declaraciones publicadas en más de una centena de periódicos, combinó su apetito por las letras y la carne humana. La evidencia recopilada hasta hoy indica, según las fuentes policiales, que cercenó el cuerpo de su pareja sentimental, Alejandra Galeana Garavito, cocinó algunas de las partes mutiladas y luego las comió. Es éste el referente común sobre el caso del también tildado “Caníbal de la Guerrero”.
Minutos antes de que Calva rindiera su primera declaración, su abogado Humberto Guerrero Platas fue cercado por la prensa nacional afuera del Reclusorio Preventivo Oriente de la Ciudad de México. Guerrero declaró que la acusación sobre el canibalismo de su cliente es amarillismo mediáticamente puro. Quién sabe, entonces, cuál sería el color de sus fines al ocurrírsele comunicarse con su cliente vía celular —de frente y a merced de los medios— para pedirle algunas declaraciones.
A través del altavoz del teléfono, puede escucharse a Calva Zepeda aceptar su culpabilidad, y antes de que aclarara el haber cometido el crimen influenciado por las drogas, el alcohol y algunos problemas sicológicos, su abogado emite una frase reveladora. En protagónico ardid de leguleyo redentor, el abogado Guerrero tranquiliza a Calva y le dice que va a pasar a hablar con él para ver si manejan “una pequeña locura, una esquizofrenia o algo así”. (TV en vivo y a la carta)
Las palabras de Guerrero Platas son un diáfano reflejo del enturbiado actuar de tantos abogados en México. El montaje de la escena del teléfono frente a cámaras y micrófonos dónde nadie sabe si realmente se tratara de Calva quien estuviera contestando la llamada (¿cómo tuvo el indiciado el acceso a la llamada de su defensor?); la frívola y seudosabihonda manera con que despacha la confesión de aceptación de asesinato recién escuchada de su cliente; la ignorante arbitrariedad con la que dispone de terminología siquiátrica para “manejar” sus negociaciones legales son algunas de las reflexiones para considerar a este otro protagonista del caso.
Para ponderar el desparpajo académico de la expresión del licenciado del “caníbal”, una voz autorizada debe marcar pauta. Claros puntos de comparación son necesarios. Martín Gabriel Barrón Cruz, criminólogo del Instituo Nacional de Ciencias Penales, respondió en la pasada edición de Espacio 4 una entrevista con motivo del caso “Mataviejitas”. De nueva cuenta, el maestro Barrón comparte dos análisis ensayísticos desarrollados en torno al caso de antropofagia aquí abordado. El primero puede ser consultado en la página virtual del Inacipe dentro de la sección correspondiente a las investigaciones recientes y el segundo es parte del material expuesto por Barrón Cruz en la mesa redonda “Canibalismo en México” presentada gracias al Inacipe y la Procuraduría General de la República (24/10/2007). Con la anuencia y afabilidad del autor son enumerados de ambos textos algunos contenidos que, por toneladas, ofrecen precisiones del asunto que van más allá de una “pequeña locura o esquizofrenia”:
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José Calva, hombre de 38 años de edad (1969), dijo ser periodista, poeta, novelista y dramaturgo. Cuenta con más de ochocientas poesías en su haber y ha publicado Réquiem para un alma en pena; Krish, el aprendiz de mago; Instintos caníbales; Antigua y, finalmente, Prostituyendo mi alma, así como las obras La noche anterior y Caminando ando, de la cual, a decir de una nota en su portada, se han realizado más de diez mil ejemplares. Señala en la dedicatoria de esta última obra a su madre Elia y a sus cinco hermanos de nombre Lupe, Jorge, Paty, Claudia y Hellen, en ese orden.
Valdría la pena saber cuál es el lugar que ocupa José Luis entre los hijos. Y a la vez la obra está dedicada a Lidia Sánchez, “como parte del esfuerzo y mis sueños, a ti que me regalas la magia de amar y me vuelves a germinar desde tu cordón umbilical”. Esta persona es la editora y correctora de estilo de la obra que fue publicada por Ediciones The Orion.
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En la obra arriba citada comenta: Soy José Zepeda. Tengo pulmones enfermizos, corazón grande, huesos frágiles, nariz profunda hacia fuera al igual que mis recuerdos, boca amplia que alberga diez mil palabras y un clamor, manos marcadas en la fragua de la desesperación y el dolor, endurecido de los pies, imberbe de la piel y ágil de dedos; (…) gastrónomo de afición no de degustación, sino de elaboración (…) Por niñez tengo un bello recuerdo que nunca viví, sexual desde mi juventud y aún en mi tardía madurez, sentimientos probos y admirador de la belleza de la mujer (…).
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Calva Zepeda mutiló parte del brazo y pierna derecha de su víctima; del primero cortó con un cutter por la línea media del codo hasta la mano y extrajo el hueso (radio y cubito) y la carne del mismo. Posteriormente, lo puso en una sartén y lo frió para proceder a comérselo. La mano y la pierna se colocaron por separado en una bolsa de plástico color negro y las colocó en el refrigerador. El resto del cuerpo fue escondido en el clóset de la habitación principal. El cadáver tenía varios días ya que presentaba los primeros signos de descomposición, tal como la llamada “mancha verde”. Además, la pierna derecha y parte del rostro ya se encontraban de color negro.
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Dicho estado provocó olores fétidos los cuales fueron denunciados por los vecinos a la policía. Ésta acudió para saber qué provocaba dicho malestar. La sorpresa fue mayúscula al ingresar a la vivienda y descubrir que en el clóset se encontraba el cuerpo de una mujer. En el interior de dicho domicilio estaba su inquilino y logró darse a la fuga, pero la suerte estaba en su contra ya que fue arrollado por un vehículo, lo que provocó que quedara en la vía pública y la policía lograra su detención.
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Se indicó que Calva es un multihomicida (homicida múltiple). Este razonamiento básico y primario (…) es cierto sólo a medias. La razón de tal afirmación parte de que en la clasificación de asesino múltiple (multihomicida u homicida múltiple), es necesario distinguir a quienes causan la muerte en un sólo evento (“Homicida en masa”), o bien, al llamado Spree killer (“Excursionista”) y al Serial killer (“Asesino en serie”) (Stote y Standing).
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Según el FBI, el “homicida en masa” comete dos o varios asesinatos en un mismo lugar. El prototipo de sujeto que perpetra estos actos, generalmente, presenta un desorden mental. A las víctimas, por lo regular, las conoce (puede existir una relación o no directa entre ambos). A ellas les atribuye sus problemas; por lo tanto, se presume como un acto de venganza para resolver su situación. Considera que tiene la verdad, puede sufrir delirios o inicios de una psicosis, en dos facetas, una endógena (esquizofrenia) y otra exógena (drogas u otro tipo de sustancias).
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Sobre el “Excursionista”, el FBI afirma que los homicidios se realizan en diferentes lugares y en un período de tiempo breve. El sujeto puede presentar una forma de esquizofrenia. Los asesinatos son resultado del desencadenamiento de impulsos que suelen durar cierto tiempo y estarán en función de los fines del criminal.
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“Asesino en serie” es el término acuñado presumiblemente por Robert Ressler, [también] dentro del FBI, en la década de los setenta, para indicar a los individuos que realizan tres o más homicidios en períodos que van desde días a semanas, meses e incluso años. Estos hechos constituyen una cadena que contiene patrones o pautas determinadas, mismos que se perfeccionan conforme pasa el tiempo, o bien, en función del lugar y tipo de víctima. Para Ressler el asesino en serie está obsesionado con una fantasía y tiene lo que llamaríamos “experiencias por satisfacer”, que pasa a formar parte de la fantasía y le empujan a cometer el próximo asesinato. La razón es que el homicidio no ha sido tan perfecto como en su fantasía [ya que] tras cada crimen, el asesino en serie piensa en cosas que podía haber hecho para que el asesinato hubiera sido más satisfactorio. Éste, según el autor, es el verdadero significado del término que acuñó.
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El FBI estableció dos parámetros para analizar a los asesinos en serie: organizado (legalmente responsable) y desorganizado (inimputable). Las características generales de la escena del delito son:
A su vez existen características particulares de los individuos. Éstas son:
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Este modelo tripartita del FBI se convirtió en el modelo clásico para la elaboración de los perfiles criminales en muchos países.
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Sin embargo, señala V. Garrido al criticar dicho modelo, con el tiempo se dieron cuenta que muchos casos no se correspondían ni con el tipo organizado ni con el desorganizado lo que supone que no porque un homicida no presente todas y cada una de las características completamente signifique que no sea un homicida en serie. E incluso tampoco homicida múltiple.
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M. Godwin también criticó al modelo del FBI al sostener que la propuesta es muy básica y elemental; además, señala: olvídense de El silencio de los corderos. Los asesinos en serie con el encanto de Hannibal Lecter no existen. Tampoco existen en el FBI expertos en la elaboración de perfiles como Clarice Starling. Todo eso es obra del novelista Thomas Harris. Incluso E. Leytton, secunda esta opinión al indicar que el principal disparate es la persistente descripción de los criminales como personas enormemente inteligentes, interesantes, cosmopolitas, cultas, físicamente fuertes, y sexualmente bien dotadas.
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Ya no se puede hablar tan sólo del perfil del FBI, sino que hay varios tipos. Algunos se emplean fundamentalmente en Estados Unidos, Canadá, Francia, España, Australia y Gran Bretaña. El abanico de perfiles incluye, por mencionar algunos, el de la personalidad criminal; el análisis de la investigación criminal; el geográfico; el del ofensor; sicogeográfico; victimológico; de la “mancha caliente” (cartografía geográfica), entre otros.
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A lo largo de la historia, han existido otros asesinos en serie que han realizado diversos actos de canibalismo: Albert Fish (Hombre lobo); Andrei R. Chikatilo (Carnicero de Rostov); Peter Kurten (Vampiro de Dusseldorf); Fritz Harmman (Carnicero de Hannover). Cada uno de ellos con diferencias muy marcadas en la comisión de sus ilícitos.
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El caso de José Calva puede compararse con el de Jeffry Dahmer (1960-1994), conocido como el Carnicero de Milwaukee quien entre 1978 y 1991 privó de la vida a diecisiete hombres aproximadamente y pasó a la inmortalidad al ser representada una parte de sus acciones en la película El silencio de los inocentes. Además de que sobre él se han escrito varios libros.
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Dahmer contemplaba satisfecho la decoración del departamento donde vivía. En el refrigerador había varias cabezas de seres humanos en “buen estado”, una de ellas había sido hervida previamente y estaba lista para su degustación. En el congelador había partes del cuerpo humano perfectamente ordenadas junto los cubos de hielo que Dahmer utilizaba para preparar un whisky. En otra parte de la vivienda había un gran barril de plástico azul en cuyo interior yacían brazos, piernas, manos en formol. Quizá valdrá la pena preguntar sobre la decoración que pudiera existir en el departamento donde vivía Calva Zepeda a fin analizar los símbolos que en ella pudieran existir. O bien si sus víctimas sólo servían para “adornar” su casa vacía. Por otra parte, habría que cuestionar en, el caso de Calva, cuál era el significado que tenían sus víctimas. ¿Eran un estorbo o, como en el caso de los caníbales Dahmer y Nielsen, una recompensa? O bien, si con los homicidios quería reconocimiento.
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Dahmer se sentó tranquilamente en el sofá del departamento mientras la policía inspeccionaba y se horrorizaba por el dantesco espectáculo al que asistía. Jamás se asustó por la llegada de las autoridades policiales, las cuales tuvieron que solicitar ayuda a otras corporaciones para poder llevarse los restos humanos esparcidos por el departamento. En cambio, Calva Zepeda intentó una fugaz huída por el balcón del departamento que habitaba. El mismo balcón al que le dedicó parte de un poema y mediante el cual veía la ciudad y siento que… soy dueño de ella. Salgo y devoro las calles en mi auto, voy como centella (…) corto de tajo el aire y entonces, ni ángeles ni demonios, soy el amo de la noche.
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Las características comunes entre Dahmer y Calva se pueden resumir de la siguiente manera: realizaron actos de canibalismo; alcohólicos; antisociales; con pensamientos y fantasías de muerte; homosexuales; con fantasías sexuales; intolerantes al abandono; mantenían el cadáver varios días en sus habitaciones bien para actos de necrofilia o canibalismo, éstos últimos para que la víctima formara parte de ellos; acusados de abuso sexual y robo; desmembraron cadáveres y los colocaron en el refrigerador; admiración por la muerte.
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Es importante establecer si Calva tenía una desviación que lo llevó a matar (eliminar como misión) a las mujeres y con ello “olvidar” o erradicar alguna experiencia negativa en el ámbito familiar o personal. Además, los homicidios contra las mujeres por parte de algunos asesinos en serie se deben a la inseguridad en los aspectos culturales o personales vinculados a la masculinidad, es decir mientras más sádico sea el homicidio lograran destruir el lado femenino que existe en su personalidad. Una muestra de lo anterior son las siguientes líneas que escribió Calva en “Quiero embarazarme de ti”, el cual dice textualmente esta noche, en la cama juntos tú y yo. Enredados en las sábanas; alborotadas, las de seda, las que esperan. Quiero sentir como crece mi vientre y como se abulta mi corazón. Sin embargo más adelante señala Algunas veces creo que no se va a poder ¿Será por mi naturaleza? ¿Será porque yo soy hombre y tú eres mujer?
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En el primer caso de homicidio en Chimalhuacan, Calva mostró una enorme furia ya que desmembró totalmente el cuerpo y luego lo arrojó en la vía pública, incluso se sabe que mutiló los senos (asociados a la maternidad) de la mujer, lo cual implica que tiene problemas con su lado femenino o bien con la figura de autoridad femenina. En este evento retomo parte de la entrevista que Ressler realizó a Dahmer sobre uno de los homicidios que cometió: Le corto un brazo. Luego todo el cuerpo en pedazos. Meto cada trozo en una bolsa y después todo en tres bolsas grandes de plástico para la basura. Pongo las bolsas en la parte trasera del coche y me voy a tirar los restos a un barranco, a quince kilómetros de mi casa.
Martín Barrón comparte que en lo referente a perfiles criminológicos, aún falta demasiado por avanzar en los penales y procuradurías de nuestro país. Señala diversas deficiencias entre las que se encuentra la rudimentaria manera en que muchos de los exámenes criminológicos son diseñados, aplicados e interpretados. Ineficiencia que, como es posible intuir después de la exposición de sólo algunas de las muchas aportaciones de Barrón Cruz, también puede ser olfateada en el área jurídica; así quedó estampado con aquello de “una pequeña locura, una esquizofrenia o algo así”. Pronto continúa esta historia de innegable punch massmediático. Veremos en qué deriva. E4 
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