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La postergación para finalizar cualquier obra pública es también una forma de abuso: Vera
En las entrañas de
la violencia
institucional y económica |
Emma Hayde Rodríguez Palacios |
El obispo de la diócesis de Saltillo advierte
sobre la indefensión de la sociedad ante
las agresiones generadas por las entidades
de gobierno. La emigración es consecuencia
de un modelo económico excluyente:
José María González
La falta de concepción y respeto de los derechos humanos y de la dignidad que le resulta intrínseca, es causa suficiente para que surja un brote de violencia. Podemos ser víctimas de este hecho en cualquier condición o etapa de nuestras vidas. Se trata de un fenómeno tan recurrente que ya lo tenemos catalogado: violencia física, verbal, psicológica, sexual, incluso estructural, la cual consiste en la agresión a un grupo de personas desde una estructura política o económica.
De la violencia que generan las instituciones gubernamentales, la falta de ética de los funcionarios públicos y la sociedad, incluso de la que el mismo sistema capitalista que rige a México genera, hablaron el obispo de la diócesis de Saltillo, Raúl Vera López, y el economista José María González Lara durante el seminario “La Violencia”, el 9 de noviembre por la Escuela de Psicología y la Facultad de Trabajo Social de la Universidad Autónoma de Coahuila.
Para el controvertido obispo Raúl Vera López, los dramas que vive nuestro país obedecen a causas naturales porque, como dice el chiste, lo natural es lo corrupto y lo negligente.
En nuestro país prevalece una situación violenta hacia los obreros, los campesinos, la gente común. A modo de ejemplo, afirma Vera, basta con mirar el salario mínimo que ronda los cuarenta y siete pesos diarios y las condiciones de las casas de interés social, donde el espacio libre necesario para habitar no es suficiente.
Desde tiempos inmemoriales, el abuso de poder, la irresponsabilidad y la falta de ética han generado violencia y acarreado desgracias a México y a Coahuila.
Se puede empezar por recordar el terremoto de 1985 en la Ciudad de México. Cientos de edificios habitacionales se colapsaron a causa de un temblor de 8.5 grados en la escala de Richter, ya que la mayoría no cumplía con los requerimientos para la construcción.
En segundo lugar cabría enumerar el “accidente” ocurrido en San Juan de Sabinas, en febrero de 2006. Una explosión provocada por la acumulación de gas grisú, comprobadas negligencias, falta de seguridad, incumplimientos, omisiones y complicidades de la Secretaría de Trabajo y Previsión Social, conjuntamente con Industrial Minera México, cortaron la vida de sesenta y cinco mineros que laboraban en la unidad Pasta de Conchos.
En tercer lugar se ha de mencionar la tragedia de Sacramento, del pasado 10 de septiembre. Un tráiler que transportaba veinticinco toneladas de explosivos chocó con una camioneta y se volcó, provocando un saldo de treinta personas muertas, cien heridos, vehículos dañados y un hoyo en la carretera Monclova-Cuatrociénegas. Por miedo a que les robaran el cargamento, dijo la empresa Explosivos Mexicanos, el camión transitaba por carretera sin ningún señalamiento o signo de que movía material peligroso.
En cuarto lugar se posiciona la reciente tragedia del estado de Tabasco. Una de las peores inundaciones, que incluso sobrepasa las de huracán Katrina. Las irregularidades cometidas desviaron los recursos para la canalización de agua en caso de contingencia, afectando a más del cincuenta por ciento de la población.
En estos, como en muchos otros casos, sentenció Vera, hay una violencia estructural institucionalizada que se burla y engaña. Hay una falta de ética, una ausencia del sentido que debemos tener el uno por el otro y de valores fundamentales.
Violencia rural y urbana
Los seres humanos tenemos una dignidad y unos derechos que deberían ser inviolables, porque son derechos que no los otorga ninguna ley, sino que emanan de la misma constitución humana, comentó Vera cuando en el marco de su ponencia se refirió a la experiencia que adquiriera con los pueblos indígenas de México.
De 1987 a 1995, Raúl Vera fue obispo de Ciudad Altamirano en el estado de Guerrero. Al llegar, ahí había una situación de violencia tremenda. Hicimos un estudio para el Plan Pastoral hablando con la gente y llegamos a la conclusión de que ellos eran violentos porque nadie les hacía caso, porque sentían que a nadie le importaban, estaban completamente abandonados, relata.
Lo mismo sucedía en Chiapas en 1995, en medio de la guerra zapatista, a la llegada de don Raúl como coadjutor en la diócesis de San Cristóbal de las Casas.
Con el dictamen de la ley agraria los campesinos se organizaron para exigir sus tierras, la respuesta fue la represión y la violencia por parte del ejército mexicano, el asesinato de sus líderes. A los campesinos los hacían firmar la cesión de sus tierras y aunque lo hicieron a mi me tocó ver a los paramilitares matándolos a granel y echándolos de sus casas. La violencia de una institución contra ellos.
Los guerrerenses y los zapatistas chiapanecos, reconoció Vera, levantaron sus voces porque ya vivían una violencia estructural proveniente de los sectores públicos, del descuido y de la manera cómo los trataban.
Quienes habitan zonas urbanas no están exentos de ser violentados por disposiciones gubernamentales o institucionales. La postergación para finalizar cualquier obra pública provoca serias molestias en la vialidad y es también una forma de abuso.
El tráfico que por largas horas alberga el Periférico Luis Echeverría y las vías alternas (las calles Mariano Abasolo y Francisco de Urdiñola) a causa de la construcción de puentes vehiculares que parecen ser infinitos e interminables, y que incluso, en muchos de estos, la construcción se encuentra parada a medias, altera la vialidad y la paz del automovilista que transita por ahí para llegar a casa.
La idea de realizar puentes es buena, lo que no se justifica son las tardes, los sábados y domingos desperdiciados en los que no se labora y que “macroalargan” el tiempo de construcción.
El malhumor impera en el volante, pero los saltillenses seguimos siendo pasivos, guardándonos el coraje para nosotros mismos, o desahogándonos con una serie prolongada de maldiciones al automovilista de a un lado.
La violencia del modelo
Para el economista José María González Lara, el modelo económico actual en México y en muchos países es el modelo neoclásico. Este modelo se aplicó desde la época regida por De la Madrid, después de la crisis que heredamos de López Portillo y nos rige desde entonces.
Aunque nuestro modelo económico se sintetiza en complejas ecuaciones matemáticas, no podemos dejar pasar por alto que privilegia las fuerzas del mercado que se establecen bajo premisas de comportamiento tales como el egoísmo y la avaricia. Y es que todos queremos ganar en este sistema capitalista. Del deseo de triunfo resulta la competencia.
Esta, necesariamente, genera un vencedor y un derrotado. Gana uno, pierde el otro. El que pierde, dice la economía neoclásica, buscará un nuevo espacio y se dedicará a alguna actividad en donde pueda ganar.
Otra de las condiciones de dicho modelo es la menor participación del estado en la economía y en las políticas industriales y agropecuarias, además de la desregulación para que la competencia no tenga tantas “trabas”.
Se caracteriza también por abrir las fronteras a productos de menor precio, lo cual implica que las empresas mexicanas no puedan competir y, consecuentemente, se genere desempleo, explicó González Lara durante su conferencia.
La falta de trabajo, también provocada por la reducción de costos, la sustitución de la mano de obra por la tecnología, y mercados duales competitivos (productos similares para distintos niveles de ingresos) genera pobreza y un fenómeno que al mismo tiempo es una forma de violencia: la migración.
Solamente durante el sexenio de Vicente Fox emigraron cuatrocientas mil personas al año. Se van porque fueron los que perdieron en la competencia del modelo económico y buscaron otro espacio en donde pudieran ganar… y lo hacen a causa de que la agricultura de Estados Unidos la sustentan los mexicanos y son mejores pagados que los agricultores en México. Ganaron ilegalmente, pero ganaron. Este es un tipo de violencia generada por el modelo económico, aseguró el economista.
Desde la perspectiva del bienestar, comenta el coordinador de extensión universitaria de la UA de C, nuestro modelo económico se vuelve violento.
El bienestar de un individuo y de la sociedad se define como la satisfacción integral de las necesidades que, además de salud, educación, vivienda, recreación y servicios primarios, incluyen ingresos necesarios, estabilidad y seguridad laboral y expectativa positiva de futuro.
De la población económicamente activa el treinta y siete por ciento recibe un salario o dos salarios mínimos, pero muchos no. De esa población económicamente activa el cuarenta por ciento es eventual, es decir, no tiene estabilidad laboral ni expectativa positiva de futuro, y eso ya tensiona y violenta, aseveró.
La triste realidad en el país es que la clase media, media-baja y baja tienen una expectativa de futuro poco halagadora y eso también es una de las causas de la competitividad.
Sin embargo si hablamos de empresas nacionales, no podemos decir que exista una verdadera competitividad. El sistema de corrupción en el que vive México las ha convertido en monopolios. Se buscó privatizar Pemex y la CFE. Lo extraño es que habiendo monopolios haya pérdidas. Hay un mal manejo. ¿Cómo puede ser posible que vendas electricidad y tengas pérdidas? Pemex no se queda atrás con tanta dádiva al sindicato” comentó el ponente.
Los cinco multimillonarios mexicanos entre los que se encuentran Carlos Slim y Emilio Azcárraga, suman en conjunto una fortuna por el “módico” monto de sesenta y dos mil millones de dólares, mientras que el país es hogar de cincuenta millones de pobres.
La distribución de la riqueza bajo nuestro modelo económico definitivamente no es la adecuada, pero no estamos en contra de que haya empresas, el asunto es de qué manera se distribuye el patrimonio y el capital, explicó González. Hay otras posibilidades que requieren de la participación social y política de la gente. Hay otros modelos, los están demostrando los países de Sudamérica.
Entonces tenemos que generar la conciencia ética de la que hablaba el obispo para que toda la sociedad: el sector educativo, la sociedad civil, las iglesias, el gobierno y las cámaras empresariales trabajemos en función no sólo de Teletones, sino para transformar nuestra realidad social y económica, concluyó. E4 
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