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No obstante
que fue criticado hasta el hartazgo en su gestión como presidente,
la figura de Ernesto Zedillo se agiganta conforme pasa el
tiempo. Lo mismo se le ve en foros internacionales de economía,
que en paneles de desarrollo y estructuras latinoamericanas;
lo mismo participa en congresos globales que en conferencias
sobre el futuro de México y la región.
Estratega de una verdadera transición de “terciopelo”, cuando
el PAN llegó a la Presidencia con Vicente Fox, de ser criticado
como figura casi “invisible”, en contraposición con el avasallante
Carlos Salinas, Zedillo puntualiza de vez en vez la ruta que
a México le hace falta para consolidar eso que se llama democracia.
Y en un estado democrático, la justicia debe imponerse en
todo tiempo. Ernesto Zedillo, director del Centro de Estudios
para la Globalización de la Universidad de Yale, pronunció
el mes pasado un discurso en la XXV Reunión del Consejo del
Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey.
Una vez más, dio en el blanco: “El único monopolio que debe
haber es el del estado de derecho”.
Al tiempo que reconoció la labor del presidente Felipe Calderón
en materia económica, Zedillo advirtió “el único monopolio
que debe existir en México es el monopolio de la violencia
legítima, el del estado de derecho, porque es el único que
debe tener el control de las políticas del Estado”. Al tocar
el siempre espinoso y polémico tema del narcotráfico, el ex
presidente lamentó —ante una audiencia de poco más de quinientos
empresarios, convocados por la Escuela de Graduados en Alta
Dirección de Empresas (EGADE) del ITESM— que mientras Estados
Unidos pone los consumidores y las armas, a Latinoamérica
le toca aportar “la corrupción y los muertos”. Y si hay muertos
entonces hay culpables, pero no siempre son sancionados y
menos detenidos. Zedillo, principal ausente en el debate sobre
la inseguridad en México, se refiere a la ausencia de estado
de derecho. El siguiente es un recuento de la impunidad en
el área.
Pasta de Conchos:
complicidad y engaño
Sesenta y cinco
obreros mueren el 19 de febrero de 2006 por una explosión
causada por la acumulación de gas grisú en la unidad “Pasta
de Conchos”, propiedad de Industrial Minera México (IMMSA),
enclavada en San Juan de Sabinas, a 250 kilómetros de Saltillo.
El accidente ocurrió a 160 metros de profundidad. Al día de
hoy, familiares y viudas de los mineros siguen solicitando
el rescate de los cuerpos al gobierno federal y manifestando
su descontento por la negligencia de las autoridades.
Ríos de tinta han corrido desde entonces por una tragedia
que conmocionó al país. Para el primer aniversario, el secretario
del Trabajo, Javier Lozano Alarcón, atribuyó a IMMSA la mayor
parte de la responsabilidad, porque estaba “obligada por ley
a cumplir con condiciones de seguridad”. Afirmó que no solaparía
a ningún servidor público que pudiera estar involucrado, ni
“tapará a ningún personaje, por más importante que sea”. Esto
fue en el 2007. A cuatro años de la tragedia, las palabras
se las llevó el viento.
El 31 de enero de 2008, cinco funcionarios de la Secretaría
del Trabajo, que debieron clausurar “parcial o totalmente”
la mina desde el 12 de julio de 2004, cuando una revisión
arrojó evidencias de riesgo para la seguridad de los trabajadores,
fueron inhabilitados por la Secretaría de la Función Pública
(SFP). El grupo denunció un “manejo político del caso”. Los
deudos de los mineros no quedaron conformes con el castigo
ni con el nivel de los sancionados.
Pedro Isaac Camarillo Adame, delegado de la STPS en el estado
al momento de la explosión, fue suspendido un año por “negligencia
administrativa”. El mismo castigo se aplicó a Luis Raúl Sarmiento
Villegas, director jurídico; en su caso, por violación a leyes
y normatividad presupuestal. Sarmiento se defendió con los
siguientes argumentos: “Es muy triste y lamentable que una
situación de carácter político haya venido a tomar las dimensiones
de la presente situación (…) esta situación prevalece derivado
de un lamentable accidente y quiero recalcar también la escasez
de personal asignado a las áreas que coordino, que son la
jurídica, la inspección y de seguridad y salud en el trabajo”.
También fueron inhabilitados para “desempeñar empleos, cargos
o comisiones en el servicio público por un año”, los inspectores
Mario Alberto Fraga y Jesús Reynaldo Menchaca. Rogelio Fernando
Aguirre Tovalín, jefe de la Oficina Federal del Trabajo en
Sabinas, fue suspendido y destituido de su cargo.
María del Carmen Martínez Sánchez, quien fungía como subdirectora
de Inspección y Seguridad e Higiene, declaró que no había
personal suficiente, lo que la imposibilitó a responder a
las grandes cargas de trabajo. Además consideró “hasta cierto
punto una injusticia que por alguna situación ajena o política
se vea dañado o perjudicado mi trabajo”.
Al conocer las sanciones, la agrupación “Familia Pasta de
Conchos”, asesorada por centros de derechos humanos y organismos
no gubernamentales, publicó un comunicado con firma de Cristina
Auerbach, donde denuncia: “La investigación que inició la
SFP obedece a la recomendación hecha por la CNDH número 26/2006,
que data de julio del año 2006. Tardó un año y siete meses,
utilizó una barbaridad de recursos materiales y humanos, y
hoy nos presenta un resultado por demás cuestionable”. Lacónico,
el boletín remata: “Se trata de sanciones menores para funcionarios
menores, que resultan ofensivas…”.
Los involucrados, funcionarios de baja estofa y menor rango,
alegan manejo político. La SFP castiga con destitución e inhabilitación
para ocupar puestos públicos en áreas del gobierno por un
año. Hubo sesenta y cinco mineros muertos. Esto fue todo.
Guardería ABC:
caos general
La tragedia
no sólo conmocionó al país, enlutó al mundo. Cuarenta y nueve
niños murieron en una guardería de Hermosillo, el 5 de junio
de 2009. Actualmente nadie se encuentra detenido o encarcelado.
Más de veinte indiciados enfrentan los procesos en libertad
o se ampararon. La Corte señala responsables: Juan Molinar,
ex director del IMSS, Eduardo Bours, ex gobernador de Sonora
y a una docena más, pero nadie cree que sean castigados.
La guardería estaba concesionada a particulares por el Seguro
Social. Se comprobó que la ubicación y las instalaciones no
eran adecuadas. Tampoco se contaba con extinguidores, salidas
de emergencia, capacitación a maestras y educadoras.
A raíz de las lentas investigaciones, los padres de los niños
formaron el “Movimiento por la Justicia 5 de junio” y llevaron
el caso a la Corte de Justicia. El caso quedó en manos de
los magistrados Carlos Ronzón Sevilla y María del Rosario
Mota Cienfuegos. El vocero de la organización, Julio César
Márquez, dijo el 11 de febrero: “Lo fundamental será determinar
si se violaron garantías individuales de los niños y las familias.
Se va a comprender este evento como un hecho aislado o como
producto de una serie de irregularidades, un desorden generalizado
en el sistema de subrogaciones del IMSS”.
Lacónico, sin esperanza alguna en esta maraña jurídica que
es el sistema de justicia en México, Márquez acusó: “Hay ex
funcionarios con responsabilidad que no han sido ni mencionados…”.
Cuarenta y nueve niños muertos y decenas de quemados en diversos
hospitales de México y el extranjero. Al día de hoy, tampoco
hay culpables.
Lobohombo y News
Diven: el ridículo
La
tercera ciudad más poblada del planeta, México, lo tiene todo.
Su oferta cultural es amplia y variada, sus edificios señoriales
y coloniales conviven con los vestigios y templos del pasado
indígena. Sus amplias y populosas avenidas hablan de una ciudad
cosmopolita que jamás descansa. El Distrito federal lo tiene
todo… incluyendo tragedias jamás castigadas por sus últimos
jefes de gobierno: Andrés Manuel López Obrador y Marcelo Ebrard.
En 2000, iniciando milenio, un incendio en la discoteca “Lobohombo”
atrapó a decenas de jóvenes que se arremolinaron en sus salidas.
No había suficientes puertas de emergencia. La mayoría de
los asistentes quedó atrapada. El saldo fue de veintidós muertos.
Alonso Rojas, subdirector Jurídico y de Gobierno de la Delegación
Cuauhtémoc, donde se ubicaba el salón, espetó: “Es una triste
historia, sí efectivamente es una consecuencia de lo que pasa
cuando las medidas de protección civil no son respetadas por
los establecimientos mercantiles”.
Las tragedias jamás llegan solas y, como dice el padre de
la historia, Herodoto, estamos a condenados eternamente a
repetirla, a repetir los mismos errores. Las autoridades del
Distrito Federal lo hacen a propósito, o bien su incapacidad
es manifiesta. El 20 de junio de 2008, la policía capitalina,
al mando de Guillermo Zayas, efectuó un operativo en otra
discoteca, la “News Divine”, presuntamente para verificar
denuncias de tráfico de drogas y venta de alcohol a menores
de edad. Cuando los jóvenes huían en estampida, la policía
taponó la entrada. El saldo, doce jóvenes muertos y decenas
de heridos.
En el primer caso, jamás se pudo castigar al culpable. Alejandro
Iglesias Rebollo, dueño de la discoteca, está libre. Guillermo
Zayas, ex jefe de la UNIPOL de la Delegación Gustavo A. Madero,
entró y salió de prisión, mientras el proceso continúa. Es
decir, no hay culpables.
Con el nerviosismo de la tragedia a cuestas, el Gobierno del
Distrito Federal se apuró a expropiar la discoteca “Lobohombo”.
El dueño se amparó y no sólo ganó el juicio, sino también
una indemnización por 13.1 millones de pesos. Más leña al
fuego: el 26 de diciembre de 2006 prescribió la acción penal
contra Iglesias Rebollo, según datos del Juzgado Penal Número
49. El caso quedó impune. El dueño del antro jamás fue sentenciado
ni obligado a reparar el daño a los familiares de las veintidós
víctimas.
En el segundo caso, donde murieron doce personas, el Tribunal
Superior de Justicia del Distrito Federal ha dicho que será
hasta finales de marzo cuando se conozcan las primeras sentencias
relacionadas con el proceso penal en contra de treinta y cinco
funcionarios. Hasta ahora se han desahogado más de mil 800
elementos de prueba.
El 4 de febrero, el magistrado presidente del TSJDF, Edgar
Elías Azar, dijo que el tema es “complejo”. “El juzgado está
paralizado, atendiendo nada más este asunto e incluso ya se
ha tenido que asignar personal especial porque varios de los
procesados han estado ofreciendo más y más pruebas y no se
les puede limitar ese derecho”. A casi dos años de un torpe
y fallido operativo policiaco, aún no hay sentencias ni condenas.
Es decir, no hay culpables, sólo una certeza: doce jóvenes
murieron. Marcelo Ebrarad sólo suspendió de sus cargos a Rodolfo
Félix Cárdenas, en ese tiempo procurador capitalino, y a Joel
Ortega, secretario de Seguridad Pública.
Creel, Chihuahua:
“Dios no existe”
El 16 de agosto
de 2008, un comando asesinó a trece personas en esta población
serrana. Las víctimas fueron: Édgar Arnoldo Loya Encinas,
de 1 año; René Lozano González, de 17; Luis Daniel Armendáriz
Galdeán, de 18; Fernando Adán Córdova Galdeán, de 19; Óscar
Felipe Lozano Lozano, de 19; Daniel Alejandro Parra Mendoza,
de 20; Juan Carlos Loya Molina, de 21; Kristian Loya Ortiz,
de 22; Alberto Villalobos Chávez, de 28; Luis Javier Montañez
Carrasco, de 29; Édgar Alfredo Loya Ochoa, de 33; Fredy Horacio
Aguirre Orpinel, de 34; y Alfredo Caro Mendoza, de 36.
Más pesadilla e infierno que vida humana fue aquello. Las
crónicas hablan de escenas dantescas. El sacerdote jesuita
Javier Ávila, quien llegó al lugar a los pocos minutos, lo
describe así: “Perdí la razón: Dicen que me arañé, que grité
que Dios no existía”. El sacerdote narra lo que hizo en las
más de tres horas en las que ningún oficial o funcionario
se hizo presente. De entrada, llamó al secretario de Gobierno
de Chihuahua, Sergio Granados, quien no creía lo que el jesuita
le contaba hasta que él mismo escuchó por el celular del religioso
el escándalo, los alaridos. Tarde, muy tarde llegarían las
autoridades. Todo se volvería historia.
Apenas el 4 de enero se dictó sentencia a uno de los asesinos
de Creel, Luis Raúl Pérez Alvarado: ochenta y dos años de
cárcel. El gobernador de Chihuahua, Reyes Baeza Terrazas,
declaró: “Se hizo justicia parcialmente porque no es el único
responsable, hay otros responsables detenidos y otros que
faltan por detener que tienen una participación material o
directa”.
Coda
El 19 de julio de 2009, en el marco de la celebración del
“Día del Abogado”, el secretario de Gobernación, Fernando
Gómez Mont, dijo: “La justicia dolorosamente se ha burocratizado…
donde el hombre se ve sometido a las instituciones”. Nada
más cierto. Nada más demoledor. Esta y no otra, es la justicia
que impera en México. E4
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