Edición 371
26 de enero al 8 de febrero de 2010
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

El País destaca que podría tratarse de un aviso contra
el fiscal del estado, amigo de la víctima

El asesinato del periodista Valentín Valdés
pone a México y a Coahuila en el candelero

Mesa de redacción

En menos de cuatro años, Zócalo pierde a dos de sus reporteros; Rafael Ortiz desapareció el 8 de julio de 2006. El obispo Raúl Vera pide construir otro tipo de sociedad y llama a respetar la vida: “Tenemos que ser cristianos valientes”

El asesinato de Valentín Valdés Espinosa, reportero de Zócalo Saltillo, el 8 de enero, marcó el inicio del año en Coahuila. En 2006 fue la explosión de Pasta de Conchos, donde murieron sesenta y cinco mineros. Es el segundo periodista que el Grupo Zócalo pierde en tres años y medio, presuntamente a manos del crimen organizado. Hasta ahora, la empresa para la que Valdés laboraba no ha exigido el esclarecimiento del atentado.

De tez morena, espigado, cabello corto bien cuidado, lentes ovalados sobre su nariz y apenas 28 años sobre su enjuta humanidad, Valdés Espinosa, no obstante su corta edad, había laborado cuatro años en el extinto diario Palabra, de Saltillo, filial del Grupo Reforma que edita El Norte de Monterrey Mural de Guadalajara y Reforma de la Ciudad de México.

Fundador de Zócalo Saltillo, que empezó a circular el 13 de junio de 2008 y forma parte del grupo con periódicos en Piedras Negras, Ciudad Acuña, Monclova y Sabinas, Valdés Espinosa fue “levantado” el jueves 7 de enero a las 23:00 horas junto con otro reportero, según un comunicado de la Fiscalía General del Estado, cuando circulaba sobre el bulevar Venustiano Carranza, a la altura de la Colonia República.

A las 00:50 del viernes 8, menos de dos horas después de su secuestro por un grupo armado, y luego de haberse reportado disparos al servicio de emergencia 066, su cuerpo fue localizado al oriente de la ciudad con huellas de tortura, atado de pies y manos. En el lugar se recogieron cinco casquillos, cuatro de calibre .38 súper y uno 22. El reportero recibió cinco disparos, uno de ellos en el corazón. La desgracia estaba completa. Al día de hoy, los ecos, réplicas y aristas insospechadas del crimen siguen en los medios a escala nacional e internacional.

Valdés Espinosa es recordado por su mesura, diálogo, atención y afabilidad en el trato cotidiano. En Zócalo Saltillo cubría información relacionada con la problemática urbana y los dimes y diretes de diversos personajes del ajedrez político estatal. De ahí entonces que su muerte, por presuntos miembros del crimen organizado, haya sido vista con estupor, suspicacia y extrañamiento por observadores y analistas locales. Al reportero se le vinculaba poco o nada con el narcotráfico o bandas afincadas en la región.

Las últimas notas de Valdés Espinosa en Zócalo Saltillo son las siguientes: el viernes 8 —día de su muerte— anunciaba la entrada con fuerza de una “tormenta invernal”. Sección Local, página1C, nota principal. El domingo 10 de enero apareció un reportaje post mórten de Valentín titulado “Pequeñas máquinas mortales”, relacionado con ataques de insectos que pueden ser fatales. El texto aparece desplegado a todo color en las páginas 8 y 9 C de la Sección Local.

El día de su muerte y en nota principal (8 de enero), Zócalo presenta a Valdés como un reportero al cual lo “caracterizaban su profesionalismo, su dedicación y la pasión por su trabajo, así como una fuerte entrega hacia el periodismo”. El Norte de Monterrey describía el 9 de enero el entorno que su muerte había provocado en la capital: “El homicidio de Valdés Espinosa cimbró ayer a la sociedad de Saltillo, donde era conocido por todos los reporteros de medios impresos y electrónicos…”.

El reportero no sólo era conocido, sino querido y respetado. En la misa de cuerpo presente que se realizó para despedirlo, el obispo de Saltillo, fray Raúl Vera López —incansable, con el verbo ardiente a flor de piel y el señalamiento con índice de fuego—, dijo: “Respetamos la vida, no la muerte. No venimos aquí a ver una derrota. Tenemos que ser cristianos valientes, porque hemos sido hechos personas para construir el mundo como Dios lo quiere, como seguramente era el proyecto de este muchacho”.

“Desde Valentín vemos que tenemos que construir otro tipo de sociedad”, señaló el obispo Vera ante familiares, amigos y compañeros del medio periodístico, quienes acudieron a la homilía de cuerpo presente del periodista en la Parroquia del Perpetuo Socorro al sur de Saltillo.

Tan pronto se supo de su muerte, el repudio y la condena nacional e internacional no se hizo esperar (ver recuadro). A las autoridades y a nadie más les corresponde investigar, señalar a los culpables, descubrir el móvil del crimen y emitir la sentencia del caso. Pero rápido, especulaciones y cavilaciones de todo tipo se empezaron a escuchar como rumor en los medios periodísticos y oficiales. Uno de ellos: Valentín Valdés habría sido ejecutado para mandarle un mensaje al fiscal Jesús Torres Charles. Lo anterior, por el operativo del pasado 30 de diciembre en hoteles y moteles de paso de Saltillo, donde fue detenido un presunto operador de negocios ilíticos vinculado al cartel de Cárdenas Guillén, con presencia en San Luis Potosí, Zacatecas y Aguascalientes. Luego de su detención se descubrió que también tenía fuerte presencia en Saltillo y Coahuila en general.

¿Teoría descabellada? Al parecer, se trata de una arista que merece ser explorada. El influyente diario español El País publicó el 9 de enero en su sección Internacional, página 5, el siguiente titular: “Un periodista es secuestrado y asesinado en el norte de México”. En el cuerpo de la nota se lee: “Sobre el pecho del cadáver fue hallado una cartulina con un mensaje cuyo contenido no ha sido revelado. Sin embargo, medios locales afirman que se trataba de una amenaza contra Torres (Charles)…”.
La hipótesis se refuerza al saberse que el fiscal de Coahuila y el periodista eran buenos amigos. Torres Charles, en declaración para el diario Vanguardia, con fecha 9 de enero, afirmaba: “Valentín era mi amigo, lo estimaba y era una persona extraordinaria”. El vendaval apenas empezaba y al día de hoy, no tiene fin.

Caso raro y extraño: la casa editora de Valentín Valdés jamás publicó ni exigió a las autoridades competentes dar con los responsables. Nada. Ni una línea de repudio y de condena. Nada.

Valdés está muerto, hoy es una cifra más, un dato en el largo rosario de periodistas asesinados en México. E4

 

DAÑOS COLATERALES

La muerte —ejecución— del periodista Valentín Valdés, de Zócalo Saltillo, provocó daños colaterales difíciles de cuantificar. Por enésima ocasión, el gobernador Humberto Moreira se enfrentó con la federación, en específico con el presidente Felipe Calderón, en una guerra verbal y mediática que al parecer no tiene fin.

Como un sino, el gobernador ha defendido la autonomía y el federalismo a ultranza, sistema que bajo el régimen de más de setenta años de gobiernos priistas jamás fue cuestionado. Todo el mundo sabía que el aparato policíaco estaba podrido. Ahora nos damos cuenta de que el sistema político también. Y quien en teoría está mejor enterado, el presidente Felipe Calderón, ha dado una orden tajante: el gobierno federal trabaja solo. No puede confiar los operativos y el avances de las investigaciones contra el crimen organizado a los gobiernos locales. Lo mismo en Michoacán, Coahuila, Baja California, Nuevo León.

Las palabras acusadoras del presidente Calderón, pronunciadas en 2009, resultaron proféticas. Pocos recuerdan que en febrero de ese año, en una comida con gobernadores priistas y su líder Beatriz Paredes, Calderón les soltó a boca de jarro “me están dejando solo”. Luego les enderezaría que si el gobierno federal no ganaba la batalla contra el narcotráfico, lo más probable era que pronto se sentarían a platicar con un “presidente narcotraficante.” La perorata se cumple casi al pie de la letra.

Las crónicas de aquellos días —que hoy pocos recuerdan— dicen que los gobernadores priistas se enfrascaron en una álgida discusión con el presidente, quien los habría atajado así: “… el Ejército está hasta la madre de que no se les dé apoyo en algunos estados”. Los mariachis callaron por un rato, sólo para volver luego a la carga.

En aquel mes, según las crónicas, Moreira reclamaría al presidente que escogiera mejor a sus asesores debido que a Calderón le habían programado una gira de trabajo por Coahuila justo en el aniversario de la explosión de la mina “Pasta de Conchos”. La respuesta presidencial habría sido: “Gobernador Moreira, Coahuila también es México, y ya van dos veces que usted evita que vaya de gira por su entidad”.

En esta guerra de encuentros y desencuentros, ¿quién gana?, ¿quién pierde? Vayamos por partes: el gobierno federal no quiso “pactar”, por ejemplo, con la “Familia michoacana.” ¿Hubo entonces gobernadores que sí hablaban con la delincuencia y de allí se derivaba la paz que ahora varios de ellos presumen?

Todo el mundo recuerda que cuando era presidente, Salinas de Gortari defenestró a líderes sindicales y a gobernadores a su antojo. Calderón tiene ahora la palabra y el mando. ¿Piensa decapitar a algún gobernador?

En este nuevo enfrentamiento, el gobernador Moreira lanzó desde Torreón un “Ya basta, presidente”, ahora con motivo del asesinato de Valentín Valdés. Felipe Calderón respondió a las horas: “hay entidades del país que solicitan la intervención de las fuerzas federales y después dicen ‘No, aquí hay violencia porque intervino el gobierno’. No, no es así”.

La Secretaría de Gobernación terció para calificar de inadmisibles las críticas enderezadas por el gobernador de Coahuila contra de la estrategia anticrimen del gobierno de Calderón. El diario que mayor seguimiento le ha dado al tema es El Norte de Monterrey.

Mientras los dimes y diretes se multiplican y las acusaciones mutuas nutren las páginas de los diarios nacionales, la ejecución de nuestro compañero Valentín Valdés resta vida a todos un poco: periodistas, lectores, sociedad. Su voz era parte de la nuestra. El silencio será la peor respuesta. E4

 

 

"Patrón de violencia sin precedentes":
CPJ

La muerte de Valentín Valdés Espinosa, de apenas 28 años de edad, encendió los focos rojos a escala nacional e internacional apenas iniciando 2010. La Comisión Nacional de Derechos Humanos inició de oficio un expediente de queja para dar seguimiento a las investigaciones ministeriales relacionadas con el homicidio del periodista coahuilense.

En su posición oficial, la CNDH deploró la violencia contra los periodistas en México y demandó a las autoridades una indagatoria eficaz en el caso de Valdés Espinosa, “con cuyo homicidio se eleva a 58 el número de periodistas que han perdido la vida en nuestro país del año 2000 a la fecha”, precisa en un boletín.

Desde Nueva York, el Comité para la Protección de Periodistas (CPJ) se pronunció inmediatamente: “El asesinato de Valdés Espinosa sigue un patrón de violencia sin precedentes contra los medios en México que ha costado dos vidas y la desaparición de un comunicador en un periodo de tres semanas”, asegura Carlos Lauría, coordinador del CPJ para América.

El presidente de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) y subdirector del Diario de las Américas, de Miami, Alejandro Aguirre, elaboró un diagnóstico lacónico sobre la situación del ejercicio periodístico en México, luego de conocer el asesinato de Valdés Espinosa en Saltillo, Coahuila: “Iniciamos en México nuevamente este año con el flagelo de la violencia contra los periodistas. Hacemos un llamado a las autoridades mexicanas para atender de manera urgente este serio problema que afecta al ejercicio libre del periodismo y genera autocensura para evitar represalias”. Aguirre menciona que tan sólo el año pasado, catorce comunicadores fueron asesinados en nuestro país.

La Relatoría Especial para la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), con sede en Washington, exhortó a las autoridades mexicanas a fortalecer de forma urgente los cuerpos de investigación y de reacción rápida para esclarecer esta clase de crímenes. La Relatoría, que preside Catalina Botero, pidió a México apegarse al artículo 9 de la Declaración de Principios sobre la Libertad de Expresión de la CIDH, la cual establece el deber de los Estados para prevenir e investigar las agresiones a periodistas, “sancionar a los autores y asegurar a las víctimas una reparación adecuada”.

La organización Reporteros Sin Fronteras expresó: “Esperamos que la investigación, efectuada a nivel federal como exige la implicación de un grupo armado en el crimen, permita identificar rápidamente a los culpables…”.
La Fundación para Libertad de Expresión (Fundalex) exigió a las autoridades de Coahuila “una investigación acuciosa y expedita para encontrar a los asesinos del periodista Valentín Valdés… el Estado mexicano (gobiernos federales y estatales) en su labor de investigación en el caso de las muertes de periodistas ha sido de escasos resultados”.

La condena mundial es unánime. Al cierre de esta edición, nadie sabe sobre los asesinos del reportero. La impunidad sigue siendo nuestro sino y condena. E4

 
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