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El asesinato
de Valentín Valdés Espinosa, reportero de Zócalo Saltillo,
el 8 de enero, marcó el inicio del año en Coahuila. En 2006
fue la explosión de Pasta de Conchos, donde murieron sesenta
y cinco mineros. Es el segundo periodista que el Grupo Zócalo
pierde en tres años y medio, presuntamente a manos del crimen
organizado. Hasta ahora, la empresa para la que Valdés laboraba
no ha exigido el esclarecimiento del atentado.
De tez morena, espigado, cabello corto bien cuidado, lentes
ovalados sobre su nariz y apenas 28 años sobre su enjuta humanidad,
Valdés Espinosa, no obstante su corta edad, había laborado
cuatro años en el extinto diario Palabra, de Saltillo, filial
del Grupo Reforma que edita El Norte de Monterrey Mural de
Guadalajara y Reforma de la Ciudad de México.
Fundador de Zócalo Saltillo, que empezó a circular el 13 de
junio de 2008 y forma parte del grupo con periódicos en Piedras
Negras, Ciudad Acuña, Monclova y Sabinas, Valdés Espinosa
fue “levantado” el jueves 7 de enero a las 23:00 horas junto
con otro reportero, según un comunicado de la Fiscalía General
del Estado, cuando circulaba sobre el bulevar Venustiano Carranza,
a la altura de la Colonia República.
A las 00:50 del viernes 8, menos de dos horas después de su
secuestro por un grupo armado, y luego de haberse reportado
disparos al servicio de emergencia 066, su cuerpo fue localizado
al oriente de la ciudad con huellas de tortura, atado de pies
y manos. En el lugar se recogieron cinco casquillos, cuatro
de calibre .38 súper y uno 22. El reportero recibió cinco
disparos, uno de ellos en el corazón. La desgracia estaba
completa. Al día de hoy, los ecos, réplicas y aristas insospechadas
del crimen siguen en los medios a escala nacional e internacional.
Valdés Espinosa es recordado por su mesura, diálogo, atención
y afabilidad en el trato cotidiano. En Zócalo Saltillo cubría
información relacionada con la problemática urbana y los dimes
y diretes de diversos personajes del ajedrez político estatal.
De ahí entonces que su muerte, por presuntos miembros del
crimen organizado, haya sido vista con estupor, suspicacia
y extrañamiento por observadores y analistas locales. Al reportero
se le vinculaba poco o nada con el narcotráfico o bandas afincadas
en la región.
Las últimas notas de Valdés Espinosa en Zócalo Saltillo son
las siguientes: el viernes 8 —día de su muerte— anunciaba
la entrada con fuerza de una “tormenta invernal”. Sección
Local, página1C, nota principal. El domingo 10 de enero apareció
un reportaje post mórten de Valentín titulado “Pequeñas máquinas
mortales”, relacionado con ataques de insectos que pueden
ser fatales. El texto aparece desplegado a todo color en las
páginas 8 y 9 C de la Sección Local.
El día de su muerte y en nota principal (8 de enero), Zócalo
presenta a Valdés como un reportero al cual lo “caracterizaban
su profesionalismo, su dedicación y la pasión por su trabajo,
así como una fuerte entrega hacia el periodismo”. El Norte
de Monterrey describía el 9 de enero el entorno que su muerte
había provocado en la capital: “El homicidio de Valdés Espinosa
cimbró ayer a la sociedad de Saltillo, donde era conocido
por todos los reporteros de medios impresos y electrónicos…”.
El reportero no sólo era conocido, sino querido y respetado.
En la misa de cuerpo presente que se realizó para despedirlo,
el obispo de Saltillo, fray Raúl Vera López —incansable, con
el verbo ardiente a flor de piel y el señalamiento con índice
de fuego—, dijo: “Respetamos la vida, no la muerte. No venimos
aquí a ver una derrota. Tenemos que ser cristianos valientes,
porque hemos sido hechos personas para construir el mundo
como Dios lo quiere, como seguramente era el proyecto de este
muchacho”.
“Desde Valentín vemos que tenemos que construir otro tipo
de sociedad”, señaló el obispo Vera ante familiares, amigos
y compañeros del medio periodístico, quienes acudieron a la
homilía de cuerpo presente del periodista en la Parroquia
del Perpetuo Socorro al sur de Saltillo.
Tan pronto se supo de su muerte, el repudio y la condena nacional
e internacional no se hizo esperar (ver recuadro). A las autoridades
y a nadie más les corresponde investigar, señalar a los culpables,
descubrir el móvil del crimen y emitir la sentencia del caso.
Pero rápido, especulaciones y cavilaciones de todo tipo se
empezaron a escuchar como rumor en los medios periodísticos
y oficiales. Uno de ellos: Valentín Valdés habría sido ejecutado
para mandarle un mensaje al fiscal Jesús Torres Charles. Lo
anterior, por el operativo del pasado 30 de diciembre en hoteles
y moteles de paso de Saltillo, donde fue detenido un presunto
operador de negocios ilíticos vinculado al cartel de Cárdenas
Guillén, con presencia en San Luis Potosí, Zacatecas y Aguascalientes.
Luego de su detención se descubrió que también tenía fuerte
presencia en Saltillo y Coahuila en general.
¿Teoría descabellada? Al parecer, se trata de una arista que
merece ser explorada. El influyente diario español El País
publicó el 9 de enero en su sección Internacional, página
5, el siguiente titular: “Un periodista es secuestrado y asesinado
en el norte de México”. En el cuerpo de la nota se lee: “Sobre
el pecho del cadáver fue hallado una cartulina con un mensaje
cuyo contenido no ha sido revelado. Sin embargo, medios locales
afirman que se trataba de una amenaza contra Torres (Charles)…”.
La hipótesis se refuerza al saberse que el fiscal de Coahuila
y el periodista eran buenos amigos. Torres Charles, en declaración
para el diario Vanguardia, con fecha 9 de enero, afirmaba:
“Valentín era mi amigo, lo estimaba y era una persona extraordinaria”.
El vendaval apenas empezaba y al día de hoy, no tiene fin.
Caso raro y extraño: la casa editora de Valentín Valdés jamás
publicó ni exigió a las autoridades competentes dar con los
responsables. Nada. Ni una línea de repudio y de condena.
Nada.
Valdés está muerto, hoy es una cifra más, un dato en el largo
rosario de periodistas asesinados en México. E4
DAÑOS COLATERALES
La muerte —ejecución—
del periodista Valentín Valdés, de Zócalo Saltillo, provocó
daños colaterales difíciles de cuantificar. Por enésima ocasión,
el gobernador Humberto Moreira se enfrentó con la federación,
en específico con el presidente Felipe Calderón, en una guerra
verbal y mediática que al parecer no tiene fin.
Como un sino, el gobernador ha defendido la autonomía y el
federalismo a ultranza, sistema que bajo el régimen de más
de setenta años de gobiernos priistas jamás fue cuestionado.
Todo el mundo sabía que el aparato policíaco estaba podrido.
Ahora nos damos cuenta de que el sistema político también.
Y quien en teoría está mejor enterado, el presidente Felipe
Calderón, ha dado una orden tajante: el gobierno federal trabaja
solo. No puede confiar los operativos y el avances de las
investigaciones contra el crimen organizado a los gobiernos
locales. Lo mismo en Michoacán, Coahuila, Baja California,
Nuevo León.
Las palabras acusadoras del presidente Calderón, pronunciadas
en 2009, resultaron proféticas. Pocos recuerdan que en febrero
de ese año, en una comida con gobernadores priistas y su líder
Beatriz Paredes, Calderón les soltó a boca de jarro “me están
dejando solo”. Luego les enderezaría que si el gobierno federal
no ganaba la batalla contra el narcotráfico, lo más probable
era que pronto se sentarían a platicar con un “presidente
narcotraficante.” La perorata se cumple casi al pie de la
letra.
Las crónicas de aquellos días —que hoy pocos recuerdan— dicen
que los gobernadores priistas se enfrascaron en una álgida
discusión con el presidente, quien los habría atajado así:
“… el Ejército está hasta la madre de que no se les dé apoyo
en algunos estados”. Los mariachis callaron por un rato, sólo
para volver luego a la carga.
En aquel mes, según las crónicas, Moreira reclamaría al presidente
que escogiera mejor a sus asesores debido que a Calderón le
habían programado una gira de trabajo por Coahuila justo en
el aniversario de la explosión de la mina “Pasta de Conchos”.
La respuesta presidencial habría sido: “Gobernador Moreira,
Coahuila también es México, y ya van dos veces que usted evita
que vaya de gira por su entidad”.
En esta guerra de encuentros y desencuentros, ¿quién gana?,
¿quién pierde? Vayamos por partes: el gobierno federal no
quiso “pactar”, por ejemplo, con la “Familia michoacana.”
¿Hubo entonces gobernadores que sí hablaban con la delincuencia
y de allí se derivaba la paz que ahora varios de ellos presumen?
Todo el mundo recuerda que cuando era presidente, Salinas
de Gortari defenestró a líderes sindicales y a gobernadores
a su antojo. Calderón tiene ahora la palabra y el mando. ¿Piensa
decapitar a algún gobernador?
En este nuevo enfrentamiento, el gobernador Moreira lanzó
desde Torreón un “Ya basta, presidente”, ahora con motivo
del asesinato de Valentín Valdés. Felipe Calderón respondió
a las horas: “hay entidades del país que solicitan la intervención
de las fuerzas federales y después dicen ‘No, aquí hay violencia
porque intervino el gobierno’. No, no es así”.
La Secretaría de Gobernación terció para calificar de inadmisibles
las críticas enderezadas por el gobernador de Coahuila contra
de la estrategia anticrimen del gobierno de Calderón. El diario
que mayor seguimiento le ha dado al tema es El Norte de Monterrey.
Mientras los dimes y diretes se multiplican y las acusaciones
mutuas nutren las páginas de los diarios nacionales, la ejecución
de nuestro compañero Valentín Valdés resta vida a todos un
poco: periodistas, lectores, sociedad. Su voz era parte de
la nuestra. El silencio será la peor respuesta. E4
"Patrón
de violencia sin precedentes":
CPJ
La muerte de
Valentín Valdés Espinosa, de apenas 28 años de edad, encendió
los focos rojos a escala nacional e internacional apenas iniciando
2010. La Comisión Nacional de Derechos Humanos inició de oficio
un expediente de queja para dar seguimiento a las investigaciones
ministeriales relacionadas con el homicidio del periodista
coahuilense.
En su posición oficial, la CNDH deploró la violencia contra
los periodistas en México y demandó a las autoridades una
indagatoria eficaz en el caso de Valdés Espinosa, “con cuyo
homicidio se eleva a 58 el número de periodistas que han perdido
la vida en nuestro país del año 2000 a la fecha”, precisa
en un boletín.
Desde Nueva York, el Comité para la Protección de Periodistas
(CPJ) se pronunció inmediatamente: “El asesinato de Valdés
Espinosa sigue un patrón de violencia sin precedentes contra
los medios en México que ha costado dos vidas y la desaparición
de un comunicador en un periodo de tres semanas”, asegura
Carlos Lauría, coordinador del CPJ para América.
El presidente de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP)
y subdirector del Diario de las Américas, de Miami, Alejandro
Aguirre, elaboró un diagnóstico lacónico sobre la situación
del ejercicio periodístico en México, luego de conocer el
asesinato de Valdés Espinosa en Saltillo, Coahuila: “Iniciamos
en México nuevamente este año con el flagelo de la violencia
contra los periodistas. Hacemos un llamado a las autoridades
mexicanas para atender de manera urgente este serio problema
que afecta al ejercicio libre del periodismo y genera autocensura
para evitar represalias”. Aguirre menciona que tan sólo el
año pasado, catorce comunicadores fueron asesinados en nuestro
país.
La Relatoría Especial para la Libertad de Expresión de la
Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), con sede
en Washington, exhortó a las autoridades mexicanas a fortalecer
de forma urgente los cuerpos de investigación y de reacción
rápida para esclarecer esta clase de crímenes. La Relatoría,
que preside Catalina Botero, pidió a México apegarse al artículo
9 de la Declaración de Principios sobre la Libertad de Expresión
de la CIDH, la cual establece el deber de los Estados para
prevenir e investigar las agresiones a periodistas, “sancionar
a los autores y asegurar a las víctimas una reparación adecuada”.
La organización Reporteros Sin Fronteras expresó: “Esperamos
que la investigación, efectuada a nivel federal como exige
la implicación de un grupo armado en el crimen, permita identificar
rápidamente a los culpables…”.
La Fundación para Libertad de Expresión (Fundalex) exigió
a las autoridades de Coahuila “una investigación acuciosa
y expedita para encontrar a los asesinos del periodista Valentín
Valdés… el Estado mexicano (gobiernos federales y estatales)
en su labor de investigación en el caso de las muertes de
periodistas ha sido de escasos resultados”.
La condena mundial es unánime. Al cierre de esta edición,
nadie sabe sobre los asesinos del reportero. La impunidad
sigue siendo nuestro sino y condena. E4
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