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De no creerse”.
Con estas palabras fueron calificados los resultados de la
administración municipal en Medellín de 2004 a 2007 encabezada
por Sergio Fajardo. El doctor en matemáticas y actual candidato
a la presidencia de Colombia enlista varios de los principios
básicos que impulsan su lucha. Aquí, el resumen de esta parte
de su ponencia en el ITESM.
“Uno: yo dije que había que transformar la política porque
de la forma en que se llega al poder, así es como se hace
la gestión pública. El que paga para llegar, llega a pagar
y paga con los recursos públicos. Ésa es la corrupción, la
politiquería, el clientelismo; son la raíz que nos ha hecho
tanto daño. No le podemos dar la espalda a la política malhecha
diciendo ‘pues éste llegó al poder y es más o menos bueno,
no importa cómo llegó”. ¡Pero sí importa cómo llegó! Si no
miramos con todo el rigor cómo llegó una persona al poder,
cuando esté ahí, va a comportarse exactamente de la misma
manera en como llegó. Eso es muy dramático. El narcotráfico
busca la corrupción. Una de ellas es la corrupción política.
Es durísima la lucha, pero, de nuevo es importante no perder
de vista la relación del narcotráfico en el mundo de la política.
Nosotros hemos visto esa película en tres capítulos y sabemos
que los narcotraficantes no se van a rendir porque alrededor
de la política está el poder y que va de la mano del sistema
judicial, de las fuerzas armadas, militares. En Colombia hemos
visto la ‘parapolítica’: cómo negociaron unos señores con
criminales para llegar al poder y tomar decisiones sobre nosotros.
Los criminales no tenían problema en asesinar mientras que
aquellos señores llegaban muy orondos al Congreso de la República
a decirnos cómo debía ser nuestra sociedad. No pudimos aceptar
eso y actuamos.
Dos: tenemos que construir confianza. Es el capital político
mayor. Nosotros construimos confianza en la campaña y cuando
llegamos al poder la convertimos en transparencia. Yo digo
con orgullo que nos sacamos las mejores notas en el manejo
de los recursos públicos que son sagrados. No tuvimos que
negociar puestos con nadie ni darle contratos a nadie ni recursos
públicos. La plata, así, rindió mucho más y contamos con la
materia prima para hacer las transformaciones. Nuestro movimiento
tenía principios, propuesta y forma. Ésa era nuestra cancha;
el que entraba a trabajar en ella, sabía que ése es el terreno.
Y lo más importante de todo, no tener precio. ¿Y qué significa
no tener precio? Que no hay nadie que pueda decir que violamos
un principio. Ése es el poder que tenemos y lo convertimos
en transparencia que es confianza de la ciudadanía. Anunciábamos
en cada parte ‘Aquí están sus recursos’ y la gente veía los
resultados. Peso que entraba, peso que le demostrábamos a
la sociedad que se lo estábamos devolviendo. Es cierto que
sí se hacen obras; gente inteligente y honesta ha habido siempre
y en diferentes partes, pero con nosotros, el paquete entero
es fundamental.
Tres: la violencia encierra y nos divide en átomos dentro
de la sociedad. La violencia rompe todo vínculo de ciudadanía
porque empezamos a relacionarnos sólo con las personas que
se nos parecen. Las otras personas de la sociedad son, por
lo menos, ajenas; me da miedo ir con ellas. El miedo empieza
a ser parte de la sociedad y cada uno se queda en su espacio.
Nos convertimos en sobrevivientes, en individuos que van resolviendo
su problema, pero no pensamos que somos parte de una sociedad.
Nosotros tuvimos claro que debíamos volver a encontrarnos.
¿Dónde? En el espacio público. Y aplicamos el programa Cambio
de piel: en los lugares donde reinaba la violencia y la destrucción
llegamos con las obras físicas más importantes de la ciudad
con un principio: LO MÁS BELLO PARA LOS MÁS HUMILDES.
Creamos los espacios que nunca se habían soñado en el barrio
más humilde. La arquitectura aquí no sólo cumple con una función
estética, sino que es un mensaje en contra de la desigualdad.
Es el mensaje de la esperanza. Y todos los espacios que construimos
están asociados con el conocimiento.
Cuatro: la calidad de la educación comienza con la dignidad
del espacio. El niño más humilde de la ciudad de Medellín
va a ir a un colegio tan bueno como al que va el hijo de la
familia con mayores privilegios de nuestra sociedad. En el
barrio donde se estaban llevando a cabo las intervenciones
sociales logramos algo poderoso: que toda la comunidad se
sintiera orgullosa. Rompimos con eso de ‘a los pobres cualquier
cosa que les des es ganancia’. Generamos ganancia colectiva.
Nosotros bombardeamos Medellín, pero de otra manera, con oportunidades,
con esperanza, y fuimos construyendo un proyecto de transformación
social muy profunda. Esto no era un problema de conseguir
un secretario de educación muy bueno para que los colombianos
o los mexicanos mejoremos en las matemáticas porque estamos
muy mal en muchas pruebas, sino tener a la sociedad entera
girando en torno a un mismo proyecto.
Voy a empezar a darles un viaje por estos espacios educativos.
El primer concepto que creamos fue el de ‘Parques Biblioteca’
(PB). Los más humildes tienen talento y el reto es formarlos.
Los PB cuentan con salón del barrio, auditorio, salón del
emprendimiento, área de Internet y libros, espacio para la
tercera edad y ludotecas para menores de cinco años. Quienes
entran ahí, entran a la convivencia. El PB España se encuentra
en una de las partes con el índice de desarrollo más bajo.
El PB España ganó el premio Mejor Obra Iberoamericana de Arquitectura
y Diseño en el Congreso Iberoamericano de Arquitectura en
la VI Bienal Iberoamericana de Arquitectura y Urbanismo en
Portugal (2 de mayo de 2008). En otras palabras: la obra más
importante de arquitectura de Iberoamérica se encuentra en
el barrio más pobre de Medellín y donde más violencia había.
Ahí no entraba una sola alma. Hoy brilla con luz propia. Ésta
es la ruptura que nosotros decimos que sí se puede hacer.
Los niños de ese lugar salían a las calles y qué encontraron
durante tantos años: violencia enfrente. Ahora, mientras están
creciendo, se van al PB. Otros PB son el León de Greiff y
el Tomás Carrasquilla. Ambos obtuvieron el Premio Los 10 Mejores
Proyectos del Año por la revista Semanal. El PB San Javier
ganó premio especial también en la Bienal Iberoamericana.
¿Sí me entienden? Por un lado vamos quitando la violencia
y por el otro llegamos con las oportunidades y convivencia.
También construimos colegios de calidad. Nosotros estábamos
en el poder y pudimos tomar las decisiones. Para eso son los
políticos. Piensen en la niña que iba a un colegio en ruinas
y ahora asiste a uno de primer nivel. Piensen en la mamá que
dejaba a la niña en la escuela deteriorada y ahora la deja
en uno moderno. Piensen en la maestra que dictaba clases en
el otro lugar y ahora escribe en el mejor tablero electrónico
de la ciudad. Hay quienes me preguntan que a mí quién me dijo
que si el edificio es bonito mejora la calidad, y yo contesto
que por entrar a un edificio ‘muy bonito’ no me vuelvo mejor
matemático, pero la autoestima, la dignidad, la capacidad
para aprender es una transformación muy profunda y eso no
lo dan los cálculos económicos. Y es que, ¿cuánto vale la
dignidad? La dignidad no tiene precio, pero es la materia
prima que tenemos que construir para poder hacer las transformaciones.
Le dimos al espíritu un espacio de referencia física para
que se entienda.
La cultura del emprendimiento (capacidad de transformar conocimiento
de manera creativa en actividad productiva) la impulsamos
con los Centros de Desarrollo Empresarial Zonal (Cedezos)
que fueron reconocidos como el segundo proyecto exitoso por
el Departamento de la Administración Pública (10 de diciembre
de 2008). La gente los ubica y asocia con oportunidades. En
todos los PB hay Cedezos y ahora estamos trabajando en una
manzana completa del emprendimiento.
Tenemos también el Parque para la Ciencia y la Tecnología
EXPLORA que para nosotros, para mí, es un orgullo muy grande
porque soy científico y yo dije que debíamos de tener la ciencia
como parte de nuestra cultura. El sitio en donde está ahora
no tenía nada y ahora, todos los días está lleno de niños
y niñas de los colegios de esas colonias. No se necesita ser
de un estrato más alto para tener acceso al conocimiento.
Tiene cuatro espacios: el de Colombia, el de la biodiversidad,
el de la tecnología y al fondo tenemos un acuario que nos
resultó un lío porque estamos ubicados en medio de una montaña
y a mil metros sobre el nivel del mar, pero nos ayudaron mucho
a montarlo personas de Guadalajara. No damos abasto en la
ciudad para las personas que quieren entrar a verlo. Nos volvimos
a encontrar. Los que antes se quedaban un sábado en casa,
el señor tomando sus tragos y la familia encerrada, ahora
van a estos espacios. Todo esto es dignidad, estética, belleza.
Es la presencia de la sociedad diciendo ‘Aquí estamos’.
Desde la gestión pública, esto es un reto gigantesco y se
requieren condiciones especiales para hacerlo. La primera,
no robar. Pensemos en el presupuesto de Medellín en 2007,
dos billones de pesos. Un dos con doce ceros. El 10 por ciento
de esa cantidad resulta si le quitamos un cero; nos quedan
200 mil millones de pesos. Si se hubieran robado el 10 por
ciento, no habría ni un solo PB en la ciudad. Y si se hubieran
robado el 15 o el 20 por ciento ni PB, ni Parque EXPLORA,
ni jardín botánico, ni colegios. Y es que a los que les gusta
robar, se roban lo que sea y lo hacen todos los años. La corrupción
no nos deja soñar. Esto que hicimos en Medellín se puede construir
en cualquier parte e incluso de mejor manera. Pero los corruptos
nos han quitado la capacidad de soñar porque se han quedado
con los recursos públicos que son las oportunidades de los
más humildes.
Hay una razón muy poderosa detrás de todo esto y es dar ejemplo.
Si la cabeza da ejemplo y está la convicción, el conocimiento
y la pasión, y si construimos un proyecto de esa naturaleza,
sin ir detrás de los intereses particulares, la gente responde.
Me preguntan cuál es la mejor forma para luchar en contra
de la corrupción y yo les decía ‘elijan personas honestas’.
Ésa es la mejor fórmula porque, mientras los organismos de
control actúan, ya se han tragado todos los PB.
Entonces hay que tener el equipo sintonizado, pero alrededor
del ejemplo, de la convicción, mostrar que vamos produciendo
las cosas. Tenía un programa de televisión que se transmitía
directo en algún lugar de la ciudad. Nunca en un estudio.
Y en cada lugar le íbamos contando a la ciudad lo que estábamos
haciendo, por qué, hacia dónde vamos, que miraran lo bueno.
Al fin de cuentas yo soy un profesor.
¿Que si tuvimos dificultades? Siempre, pero siempre mostramos
a la gente que hay un paso para superar las dificultades.
Y como la gente empezaba a ver, y a ver, y a ver todo esto,
teníamos más confianza. Porque yo me puedo echar un discurso,
pero si la gente no toca después, nos quedamos en nada. Todo
el equipo íbamos creciendo en orgullo.
Yo nunca había tenido un puesto público en mi vida. Yo recuerdo,
a manera de insulto, que me decían que cómo un profesor iba
a ser alcalde. Que yo debía ser gerente. Ni más faltaba, yo
no soy gerente, pero teníamos un equipo muy particular con
un seguimiento muy riguroso de todas las tareas que realizábamos.
También me decían, ‘¿usted es mediático?’ y yo respondía que
los medios de comunicación son herramienta para crear una
pedagogía ciudadana. Todos los del equipo teníamos experiencia
en nuestras áreas, pero éramos novatos en lo público y veíamos
cómo iba saliendo todo y nos sentíamos orgullosos.
El poder corruptor que tiene el narcotráfico es inimaginable.
Sin duda, a todas las instituciones entra. Tiene que haber
una decisión nacional porque el alcalde es el comandante de
la policía, pero no la maneja a nivel país. La lucha del narcotráfico
está en la cabeza del señor presidente. En Colombia hemos
pasado por varias etapas. Una en la que la policía estaba
totalmente permeada. Y se fueron cerrando espacios con políticas
y ojos encima. Sí, físicamente encima. Hubo colaboración del
gobierno de Estados Unidos para desbaratar muchas de esas
redes, y así se fue depurando la policía nuestra. Aún falta
mejorar más, pero están en una condición diferente. Debo decir
algo muy emocionante: en todas estas instituciones hay gente
que está jugando a la legalidad. En todas hay gente decente
que se la juega, que ha arriesgado sus vidas, que se ha sacrificado.
Me atrevo a decir que en México debe haber una conciencia
social del problema que están enfrentando. Que no lo dejen
crecer. Uno tiende a hacer el problema al lado, a ignorarlo
y a tratar de sobrevivir. Y así es como se van para abajo
las raíces de la violencia. Como país, que haya conciencia
de lo que está ocurriendo. Que haya muchos ojos y nunca complacencia.
Hay cosas que dan miedo, naturalmente, pero no se pueden ceder
espacios o un pedazo a cambio de que nos den un alivio temporal
porque pedazo a pedazo se van quedando con todo. Piensen en
la puerta de entrada a la violencia y en todos esos jóvenes.
Leí que en Monterrey se estaban tomando unos barrios y que
los estaban bloqueando. Eso no se puede permitir, pero es
necesario saber quiénes son los jóvenes que están detrás de
eso, uno por uno. No para cogerlos a todos y meterlos a la
cárcel en primera instancia, sino para saber cuáles son las
condiciones sociales en cada esquina. Debemos tener la capacidad
de reprimir y la fuerza, pero no olviden pensar por qué están
esos muchachos allá. Porque el narcotráfico se convierte en
el mecanismo de solución de los problemas de una porción de
la sociedad. Es necesaria una exigencia muy grande a la policía
y una visibilidad permanente porque muchos responden de una
manera digna a la confianza de la ciudadanía. Pero si generalizamos
y decimos que todos son corruptos y no los miramos o si cuando
los miramos lo hacemos como si fueran inferiores, tenga la
certeza de que queda esto peor. Reconozcamos, miremos. Hay
que ver el valor que tienen y, sobre eso, construir.
Hay gente que me dice que esto es imposible, que cómo tanta
belleza; ‘pues ahí le hago el cálculo’, les contesto. Recuerdo
que una vez fui a Davos, Suiza, al Foro.
Naturalmente, un contexto extraño para mí. Y estaba sentado
ahí y una periodista me dijo que me quería hacer una entrevista.
Y yo le mostré lo que aquí acabo de explicar. Ella pensó que
yo era un narcotraficante. No podía creer que en Medellín
pudiéramos tener lo más bello del mundo. ¡Claro que tenemos!
Tenemos el talento, la capacidad, tenemos la gente. Colombia
es un país tremendo. Ha aprendido a sobrevivir en medio de
tantas dificultades. Si nosotros le quitamos violencia y abrimos
la puerta que tenemos para crear, tengan por seguro que su
capacidad será arrolladora. Y esto que acabo de demostrar
se puede hacer en cualquier lugar. Pero eso sí: no se roben
ni un solo peso.
Yo crecí con los privilegios, pero escogí un camino desde
muy temprano que fue ser matemático y cuando uno elige esa
profesión es como ser sacerdote. Y el mundo de los matemáticos
es de convicciones muy profundas, ideales, persistencia, disciplina
y de lucha a cada segundo. Como yo llegué a esto viejo, yo
no necesito que me carguen las maletas, ni que me estén poniendo
en alguna parte, sino lograrlo por convicción muy profunda.
Sé que es peligroso porque hay adulación, pero estoy muy viejo,
tengo los pies en la tierra y disfruto mucho lo que estamos
haciendo. Cuando me acuesto por las noches siempre digo gracias
por tantas cosas y digo que necesito sabiduría. Porque a mí
me van a atacar, a mí me insultan. A la confrontación a la
que vamos, mi país se va a dividir en los uribistas y en los
antiuribistas. Yo no soy ninguno de esos. Van a tratar de
destruir todo lo que hicimos en Medellín por política sucia.
Yo nunca en la vida le pegué a nadie. Hay gente que dice ‘entonces
no es tan fuerte’ porque creen que al estar en una asociación
hay que pegar, hay que agredir, hay que insultar. Respeto,
decencia, dignidad. La fortaleza está en respetar los principios
y las convicciones. Nunca en mi vida le di un golpe a alguien
o lo saqué para llegar a un lugar. Siempre era el trabajo.
Entonces yo trato de mantenerme ahí. Espero que no me desvíe
muy a menudo”. E4
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