Edición 371
26 de enero al 8 de febrero de 2010
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Revolución del miedo a la esperanza

Como se llega al poder, se gobierna: Fajardo

Renata Chapa
Parte III

El aspirante a la presidencia de Colombia que transformó la violenta y desprestigiada Medellín en una ciudad segura y libre, advierte: “El que paga para llegar, llega a pagar y paga con los recursos públicos. Esa es la corrupción, la politequería, el clientelismo... la raíz que nos ha hecho tanto daño”

De no creerse”. Con estas palabras fueron calificados los resultados de la administración municipal en Medellín de 2004 a 2007 encabezada por Sergio Fajardo. El doctor en matemáticas y actual candidato a la presidencia de Colombia enlista varios de los principios básicos que impulsan su lucha. Aquí, el resumen de esta parte de su ponencia en el ITESM.

“Uno: yo dije que había que transformar la política porque de la forma en que se llega al poder, así es como se hace la gestión pública. El que paga para llegar, llega a pagar y paga con los recursos públicos. Ésa es la corrupción, la politiquería, el clientelismo; son la raíz que nos ha hecho tanto daño. No le podemos dar la espalda a la política malhecha diciendo ‘pues éste llegó al poder y es más o menos bueno, no importa cómo llegó”. ¡Pero sí importa cómo llegó! Si no miramos con todo el rigor cómo llegó una persona al poder, cuando esté ahí, va a comportarse exactamente de la misma manera en como llegó. Eso es muy dramático. El narcotráfico busca la corrupción. Una de ellas es la corrupción política. Es durísima la lucha, pero, de nuevo es importante no perder de vista la relación del narcotráfico en el mundo de la política. Nosotros hemos visto esa película en tres capítulos y sabemos que los narcotraficantes no se van a rendir porque alrededor de la política está el poder y que va de la mano del sistema judicial, de las fuerzas armadas, militares. En Colombia hemos visto la ‘parapolítica’: cómo negociaron unos señores con criminales para llegar al poder y tomar decisiones sobre nosotros. Los criminales no tenían problema en asesinar mientras que aquellos señores llegaban muy orondos al Congreso de la República a decirnos cómo debía ser nuestra sociedad. No pudimos aceptar eso y actuamos.

Dos: tenemos que construir confianza. Es el capital político mayor. Nosotros construimos confianza en la campaña y cuando llegamos al poder la convertimos en transparencia. Yo digo con orgullo que nos sacamos las mejores notas en el manejo de los recursos públicos que son sagrados. No tuvimos que negociar puestos con nadie ni darle contratos a nadie ni recursos públicos. La plata, así, rindió mucho más y contamos con la materia prima para hacer las transformaciones. Nuestro movimiento tenía principios, propuesta y forma. Ésa era nuestra cancha; el que entraba a trabajar en ella, sabía que ése es el terreno. Y lo más importante de todo, no tener precio. ¿Y qué significa no tener precio? Que no hay nadie que pueda decir que violamos un principio. Ése es el poder que tenemos y lo convertimos en transparencia que es confianza de la ciudadanía. Anunciábamos en cada parte ‘Aquí están sus recursos’ y la gente veía los resultados. Peso que entraba, peso que le demostrábamos a la sociedad que se lo estábamos devolviendo. Es cierto que sí se hacen obras; gente inteligente y honesta ha habido siempre y en diferentes partes, pero con nosotros, el paquete entero es fundamental.

Tres: la violencia encierra y nos divide en átomos dentro de la sociedad. La violencia rompe todo vínculo de ciudadanía porque empezamos a relacionarnos sólo con las personas que se nos parecen. Las otras personas de la sociedad son, por lo menos, ajenas; me da miedo ir con ellas. El miedo empieza a ser parte de la sociedad y cada uno se queda en su espacio. Nos convertimos en sobrevivientes, en individuos que van resolviendo su problema, pero no pensamos que somos parte de una sociedad. Nosotros tuvimos claro que debíamos volver a encontrarnos. ¿Dónde? En el espacio público. Y aplicamos el programa Cambio de piel: en los lugares donde reinaba la violencia y la destrucción llegamos con las obras físicas más importantes de la ciudad con un principio: LO MÁS BELLO PARA LOS MÁS HUMILDES.
Creamos los espacios que nunca se habían soñado en el barrio más humilde. La arquitectura aquí no sólo cumple con una función estética, sino que es un mensaje en contra de la desigualdad. Es el mensaje de la esperanza. Y todos los espacios que construimos están asociados con el conocimiento.

Cuatro: la calidad de la educación comienza con la dignidad del espacio. El niño más humilde de la ciudad de Medellín va a ir a un colegio tan bueno como al que va el hijo de la familia con mayores privilegios de nuestra sociedad. En el barrio donde se estaban llevando a cabo las intervenciones sociales logramos algo poderoso: que toda la comunidad se sintiera orgullosa. Rompimos con eso de ‘a los pobres cualquier cosa que les des es ganancia’. Generamos ganancia colectiva.

Nosotros bombardeamos Medellín, pero de otra manera, con oportunidades, con esperanza, y fuimos construyendo un proyecto de transformación social muy profunda. Esto no era un problema de conseguir un secretario de educación muy bueno para que los colombianos o los mexicanos mejoremos en las matemáticas porque estamos muy mal en muchas pruebas, sino tener a la sociedad entera girando en torno a un mismo proyecto.

Voy a empezar a darles un viaje por estos espacios educativos. El primer concepto que creamos fue el de ‘Parques Biblioteca’ (PB). Los más humildes tienen talento y el reto es formarlos. Los PB cuentan con salón del barrio, auditorio, salón del emprendimiento, área de Internet y libros, espacio para la tercera edad y ludotecas para menores de cinco años. Quienes entran ahí, entran a la convivencia. El PB España se encuentra en una de las partes con el índice de desarrollo más bajo. El PB España ganó el premio Mejor Obra Iberoamericana de Arquitectura y Diseño en el Congreso Iberoamericano de Arquitectura en la VI Bienal Iberoamericana de Arquitectura y Urbanismo en Portugal (2 de mayo de 2008). En otras palabras: la obra más importante de arquitectura de Iberoamérica se encuentra en el barrio más pobre de Medellín y donde más violencia había. Ahí no entraba una sola alma. Hoy brilla con luz propia. Ésta es la ruptura que nosotros decimos que sí se puede hacer. Los niños de ese lugar salían a las calles y qué encontraron durante tantos años: violencia enfrente. Ahora, mientras están creciendo, se van al PB. Otros PB son el León de Greiff y el Tomás Carrasquilla. Ambos obtuvieron el Premio Los 10 Mejores Proyectos del Año por la revista Semanal. El PB San Javier ganó premio especial también en la Bienal Iberoamericana. ¿Sí me entienden? Por un lado vamos quitando la violencia y por el otro llegamos con las oportunidades y convivencia.

También construimos colegios de calidad. Nosotros estábamos en el poder y pudimos tomar las decisiones. Para eso son los políticos. Piensen en la niña que iba a un colegio en ruinas y ahora asiste a uno de primer nivel. Piensen en la mamá que dejaba a la niña en la escuela deteriorada y ahora la deja en uno moderno. Piensen en la maestra que dictaba clases en el otro lugar y ahora escribe en el mejor tablero electrónico de la ciudad. Hay quienes me preguntan que a mí quién me dijo que si el edificio es bonito mejora la calidad, y yo contesto que por entrar a un edificio ‘muy bonito’ no me vuelvo mejor matemático, pero la autoestima, la dignidad, la capacidad para aprender es una transformación muy profunda y eso no lo dan los cálculos económicos. Y es que, ¿cuánto vale la dignidad? La dignidad no tiene precio, pero es la materia prima que tenemos que construir para poder hacer las transformaciones. Le dimos al espíritu un espacio de referencia física para que se entienda.

La cultura del emprendimiento (capacidad de transformar conocimiento de manera creativa en actividad productiva) la impulsamos con los Centros de Desarrollo Empresarial Zonal (Cedezos) que fueron reconocidos como el segundo proyecto exitoso por el Departamento de la Administración Pública (10 de diciembre de 2008). La gente los ubica y asocia con oportunidades. En todos los PB hay Cedezos y ahora estamos trabajando en una manzana completa del emprendimiento.

Tenemos también el Parque para la Ciencia y la Tecnología EXPLORA que para nosotros, para mí, es un orgullo muy grande porque soy científico y yo dije que debíamos de tener la ciencia como parte de nuestra cultura. El sitio en donde está ahora no tenía nada y ahora, todos los días está lleno de niños y niñas de los colegios de esas colonias. No se necesita ser de un estrato más alto para tener acceso al conocimiento. Tiene cuatro espacios: el de Colombia, el de la biodiversidad, el de la tecnología y al fondo tenemos un acuario que nos resultó un lío porque estamos ubicados en medio de una montaña y a mil metros sobre el nivel del mar, pero nos ayudaron mucho a montarlo personas de Guadalajara. No damos abasto en la ciudad para las personas que quieren entrar a verlo. Nos volvimos a encontrar. Los que antes se quedaban un sábado en casa, el señor tomando sus tragos y la familia encerrada, ahora van a estos espacios. Todo esto es dignidad, estética, belleza. Es la presencia de la sociedad diciendo ‘Aquí estamos’.

Desde la gestión pública, esto es un reto gigantesco y se requieren condiciones especiales para hacerlo. La primera, no robar. Pensemos en el presupuesto de Medellín en 2007, dos billones de pesos. Un dos con doce ceros. El 10 por ciento de esa cantidad resulta si le quitamos un cero; nos quedan 200 mil millones de pesos. Si se hubieran robado el 10 por ciento, no habría ni un solo PB en la ciudad. Y si se hubieran robado el 15 o el 20 por ciento ni PB, ni Parque EXPLORA, ni jardín botánico, ni colegios. Y es que a los que les gusta robar, se roban lo que sea y lo hacen todos los años. La corrupción no nos deja soñar. Esto que hicimos en Medellín se puede construir en cualquier parte e incluso de mejor manera. Pero los corruptos nos han quitado la capacidad de soñar porque se han quedado con los recursos públicos que son las oportunidades de los más humildes.

Hay una razón muy poderosa detrás de todo esto y es dar ejemplo. Si la cabeza da ejemplo y está la convicción, el conocimiento y la pasión, y si construimos un proyecto de esa naturaleza, sin ir detrás de los intereses particulares, la gente responde. Me preguntan cuál es la mejor forma para luchar en contra de la corrupción y yo les decía ‘elijan personas honestas’. Ésa es la mejor fórmula porque, mientras los organismos de control actúan, ya se han tragado todos los PB.
Entonces hay que tener el equipo sintonizado, pero alrededor del ejemplo, de la convicción, mostrar que vamos produciendo las cosas. Tenía un programa de televisión que se transmitía directo en algún lugar de la ciudad. Nunca en un estudio.
Y en cada lugar le íbamos contando a la ciudad lo que estábamos haciendo, por qué, hacia dónde vamos, que miraran lo bueno. Al fin de cuentas yo soy un profesor.
¿Que si tuvimos dificultades? Siempre, pero siempre mostramos a la gente que hay un paso para superar las dificultades. Y como la gente empezaba a ver, y a ver, y a ver todo esto, teníamos más confianza. Porque yo me puedo echar un discurso, pero si la gente no toca después, nos quedamos en nada. Todo el equipo íbamos creciendo en orgullo.

Yo nunca había tenido un puesto público en mi vida. Yo recuerdo, a manera de insulto, que me decían que cómo un profesor iba a ser alcalde. Que yo debía ser gerente. Ni más faltaba, yo no soy gerente, pero teníamos un equipo muy particular con un seguimiento muy riguroso de todas las tareas que realizábamos. También me decían, ‘¿usted es mediático?’ y yo respondía que los medios de comunicación son herramienta para crear una pedagogía ciudadana. Todos los del equipo teníamos experiencia en nuestras áreas, pero éramos novatos en lo público y veíamos cómo iba saliendo todo y nos sentíamos orgullosos.

El poder corruptor que tiene el narcotráfico es inimaginable. Sin duda, a todas las instituciones entra. Tiene que haber una decisión nacional porque el alcalde es el comandante de la policía, pero no la maneja a nivel país. La lucha del narcotráfico está en la cabeza del señor presidente. En Colombia hemos pasado por varias etapas. Una en la que la policía estaba totalmente permeada. Y se fueron cerrando espacios con políticas y ojos encima. Sí, físicamente encima. Hubo colaboración del gobierno de Estados Unidos para desbaratar muchas de esas redes, y así se fue depurando la policía nuestra. Aún falta mejorar más, pero están en una condición diferente. Debo decir algo muy emocionante: en todas estas instituciones hay gente que está jugando a la legalidad. En todas hay gente decente que se la juega, que ha arriesgado sus vidas, que se ha sacrificado. Me atrevo a decir que en México debe haber una conciencia social del problema que están enfrentando. Que no lo dejen crecer. Uno tiende a hacer el problema al lado, a ignorarlo y a tratar de sobrevivir. Y así es como se van para abajo las raíces de la violencia. Como país, que haya conciencia de lo que está ocurriendo. Que haya muchos ojos y nunca complacencia.
Hay cosas que dan miedo, naturalmente, pero no se pueden ceder espacios o un pedazo a cambio de que nos den un alivio temporal porque pedazo a pedazo se van quedando con todo. Piensen en la puerta de entrada a la violencia y en todos esos jóvenes. Leí que en Monterrey se estaban tomando unos barrios y que los estaban bloqueando. Eso no se puede permitir, pero es necesario saber quiénes son los jóvenes que están detrás de eso, uno por uno. No para cogerlos a todos y meterlos a la cárcel en primera instancia, sino para saber cuáles son las condiciones sociales en cada esquina. Debemos tener la capacidad de reprimir y la fuerza, pero no olviden pensar por qué están esos muchachos allá. Porque el narcotráfico se convierte en el mecanismo de solución de los problemas de una porción de la sociedad. Es necesaria una exigencia muy grande a la policía y una visibilidad permanente porque muchos responden de una manera digna a la confianza de la ciudadanía. Pero si generalizamos y decimos que todos son corruptos y no los miramos o si cuando los miramos lo hacemos como si fueran inferiores, tenga la certeza de que queda esto peor. Reconozcamos, miremos. Hay que ver el valor que tienen y, sobre eso, construir.

Hay gente que me dice que esto es imposible, que cómo tanta belleza; ‘pues ahí le hago el cálculo’, les contesto. Recuerdo que una vez fui a Davos, Suiza, al Foro.
Naturalmente, un contexto extraño para mí. Y estaba sentado ahí y una periodista me dijo que me quería hacer una entrevista. Y yo le mostré lo que aquí acabo de explicar. Ella pensó que yo era un narcotraficante. No podía creer que en Medellín pudiéramos tener lo más bello del mundo. ¡Claro que tenemos! Tenemos el talento, la capacidad, tenemos la gente. Colombia es un país tremendo. Ha aprendido a sobrevivir en medio de tantas dificultades. Si nosotros le quitamos violencia y abrimos la puerta que tenemos para crear, tengan por seguro que su capacidad será arrolladora. Y esto que acabo de demostrar se puede hacer en cualquier lugar. Pero eso sí: no se roben ni un solo peso.

Yo crecí con los privilegios, pero escogí un camino desde muy temprano que fue ser matemático y cuando uno elige esa profesión es como ser sacerdote. Y el mundo de los matemáticos es de convicciones muy profundas, ideales, persistencia, disciplina y de lucha a cada segundo. Como yo llegué a esto viejo, yo no necesito que me carguen las maletas, ni que me estén poniendo en alguna parte, sino lograrlo por convicción muy profunda. Sé que es peligroso porque hay adulación, pero estoy muy viejo, tengo los pies en la tierra y disfruto mucho lo que estamos haciendo. Cuando me acuesto por las noches siempre digo gracias por tantas cosas y digo que necesito sabiduría. Porque a mí me van a atacar, a mí me insultan. A la confrontación a la que vamos, mi país se va a dividir en los uribistas y en los antiuribistas. Yo no soy ninguno de esos. Van a tratar de destruir todo lo que hicimos en Medellín por política sucia. Yo nunca en la vida le pegué a nadie. Hay gente que dice ‘entonces no es tan fuerte’ porque creen que al estar en una asociación hay que pegar, hay que agredir, hay que insultar. Respeto, decencia, dignidad. La fortaleza está en respetar los principios y las convicciones. Nunca en mi vida le di un golpe a alguien o lo saqué para llegar a un lugar. Siempre era el trabajo. Entonces yo trato de mantenerme ahí. Espero que no me desvíe muy a menudo”. E4

 
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