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El problema
de México es económico y sólo se arreglará cuando tenga liderazgo
y rumbo claro. Con el presidente Calderón han sido tres años
de bandazos: hoy apunta a un lado, mañana a otro. Así, mientras
Brasil se encamina a ser la quinta potencia económica del
mundo, nuestro país retrocedió del lugar nueve al catorce.
Por otra parte, es la falta de consensos, no el Congreso,
lo que frena las reformas (fiscal, laboral, educativa y del
Estado), sostiene el diputado y presidente del PRI estatal
Rubén Moreira.
Puntualiza que en un país presidencialista —como el nuestro—
los cambios debe emprenderlos el poder predominante: el Ejecutivo.
Sin embargo, hoy los grandes cuadros del país, que en la Reforma
estuvieron con Juárez y en otros momentos delicados con Madero
y Cárdenas, no están en el gobierno federal. El PAN, afirma,
no ha estado a la altura del país que gobierna desde 2000.
El líder del PRI, hermano del gobernador Humberto Moreira
y según las encuestas hasta ahora el puntero de la sucesión
estatal del año próximo, advierte que el presidente fuerte
que algunos sectores demandan no surgirá por decreto, pues
de ser así podría incubarse un nuevo dictador. En este punto
hace un deslinde: “Eso del autoritarismo”, del PRI y sus gobiernos,
“se confunde a veces con oficio político”. El país, dice Moreira,
está paralizado porque el presidente primero propone y luego
busca de negociar.
Por lo mismo, prevé el fracaso de la reforma electoral que
Calderón envió al Congreso el mes pasado, iniciativa que juzga
de “propaganda política”. Duda que su partido acepte la segunda
vuelta en las elecciones presidenciales. La idea se lanza
cuando el PRI está en condiciones regresar a Los Pinos en
2012. Tampoco conviene en la reelección de diputados y de
senadores ni en la “eliminación” de las minorías que, sin
representación política, tomarían de nuevo las calles o se
irían a la sierra, armadas.
La declaración del escritor Mario Vargas Llosa, en el sentido
de que el retorno del PRI a la presidencia constituiría un
acto de “masoquismo colectivo”, más que preocuparle, le divierte.
“La frase es para vender libros y artículos”. Lo cierto es
que “el infierno que los mexicanos viven hoy no se vivía en
los tiempos del PRI (en la presidencia)”.
Hoy —denuncia— tenemos recesión y la inflación se encubre.
Si diesel subió cuarenta y seis por ciento, que no diga el
gobierno que la inflación es del cinco. Por otro lado, la
inseguridad se convirtió en un problema de violencia callejera.
La gente “hoy corre más riesgo de morir en las calles por
una violencia que no está necesariamente dirigida a ella”,
lo cual no tiene paralelo desde la Revolución.
Moreira es uno de los líderes más activos del PRI en los estados.
Ubicuo, lo mismo encabeza en Coahuila un movimiento contra
el alza a la gasolina y prepara a su partido para las elecciones
extraordinarias en Juárez y Progreso, que recorre los medios
de comunicación y cuida cada movimiento del PAN y del presidente
Calderón para criticarlos. En la Cámara baja, como parte de
la burbuja que coordina Francisco Rojas, ha asumido un papel
protagónico. Además preside la Comisión de Derechos Humanos.
La sucesión de Coahuila lo espera en 2011.
La percepción ciudadana es que
el Congreso frena las reformas de fondo que el país necesita
para crecer y evitar sobresaltos cada año.
»
El asunto es que no hay rumbo claro. Como presidencialista,
el énfasis está en el Poder Ejecutivo. Para instrumentar las
políticas públicas, el presidente tiene facultades casi ilimitadas
que le permiten iniciar leyes, firmar acuerdos, expedir reglamentos.
La Constitución determina que el rumbo de la economía está
en manos del Estado, cuyo jefe es el presidente de la República,
pero no lo ha fijado. En los primeros seis años de gobierno
panista se desperdició el bono democrático de Vicente Fox
y los excedentes del petróleo, que bien utilizados hubieran
significado mejores condiciones frente a otras naciones y
reservas monetarias para aplicarlas en estos momentos de crisis,
como lo hace Chile. Los tres últimos años fueron básicamente
de bandazos mediáticos por parte del presidente, una colección
de anuncios de todo tipo: un día sale con un decálogo de lo
que México necesita para progresar; luego, con una propuesta
de reforma política que en menos de un mes ya se olvidó. Lo
que no ha puesto sobre la mesa es el principal problema del
país: el económico, del cual surgen otros como la inseguridad
pública.
¿A
quién corresponde iniciar estos procesos y cómo deben darse?
» Al poder predominante, que debería ser el presidente. Recordemos
la experiencia de Salinas de Gortari. Con muchas dificultades,
sí, pero todas sus reformas legales y constitucionales las
logra con el apoyo de otros partidos, en especial de Acción
Nacional. Esto el presidente hoy no lo entiende. En la Cámara
de Diputados, ningún partido ocupa doscientos cincuenta y
un asientos para ser mayoría. El PRI tiene más, sí, sólo que
en el Senado es la tercera fuerza y por otra parte existe
el veto presidencial. Estamos en una parálisis nacional, pues
quien pudiera buscar consensos no lo hace porque piensa más
bien con fines partidistas y el resto de los actores están
atorados por la desventaja numérica. Esto no es malo por completo,
pues desde la Cámara se han evitado acciones lesivas para
la economía.
Los priistas le hemos dicho al presidente que el principal
problema es económico y que se requieren acciones para generar
crecimiento y empleo. En el último paquete fiscal, lo que
resultó fue lo menos lesivo para los mexicanos. Los diputados
de Coahuila obtuvimos cosas que otros no consiguieron, como
la disminución de impuestos en la extracción del gas metano.
Si los empresarios la aprovechan, sería uno de los pocos elementos
del paquete fiscal que generen empleos. Ahora mismo los partidos,
no sólo el PRI, cuestionan al presidente por el alza de impuestos.
Sin embargo, este será un Congreso de transición. En 2012
se decidirá si continúan estas políticas —con un presidente
del PAN— o se cambia a un presidente del PRI, que esperemos
tenga la mayoría en las cámaras para enderezar el rumbo de
la nación.
Mientras tanto, los legisladores le propondremos normas que
mejoren la circunstancia actual. ¿Cómo cuáles? Impedir los
atropellos del Infonavit, mejorar las condiciones en la franja
fronteriza, proteger la industria agropecuaria de la Laguna,
vender en la industria automotriz. Ser protagonistas le ha
permitido a los diputados de Coahuila tener un fuerte peso
específico en la Cámara de Diputados, no obstante ser un estado
con apenas el 2.6 por ciento de la población del país. E4
"El PRI
volverá al poder porque brinda estabilidad"
El dilema es quién será el candidato
La
polarización del país impide los acuerdos. La idea, hasta
ahora, es que el PRI podría regresar a Los Pinos. La pregunta
es ¿cuál PRI? ¿El de Paredes? ¿El de Beltrones? ¿El de los
gobernadores?
» El PRI regresará porque
la sociedad exige estabilidad, certeza. El PAN no las brinda
y, peor aún, el segundo de sus gobiernos se ha metido en una
espiral y muchas voces dicen que no vamos a salir, al menos
a mediano plazo. El problema de la seguridad lo mezcla con
la arenga política y en materia económica repite esquemas
que todos los países ya abandonaron. La gente voltea al PRI
por estabilidad. La gran discusión es quién va a ser nuestro
candidato. El PRI es un partido que aprende, por eso duró
setenta años en el gobierno, y cuando todo el mundo apostó
a que iba a desaparecer, resulta que sigue fuerte y gana elecciones.
2010 será buen preámbulo. El reto de los priistas será, de
ese aprendizaje, sacar un candidato de entre los que suenan
o no suenan y estar todos unidos. Para lograr esa unidad y
estar en posibilidades de ganar, será necesario que el programa
de acción conjunte todas las expresiones.
Vargas
Llosa considera que el retorno del PRI a Los Pinos sería un
acto de “masoquismo colectivo”.
» A él le gusta hacer
frases para tratar de vender libros y artículos. Pero el infierno
que los mexicanos viven hoy no se vivía en los tiempos del
PRI. Esta es la mayor crisis económica de los últimos noventa
años —hablamos de antes de la existencia del PRI— y conjuga
factores inéditos. Tenemos recesión e inflación muy encubierta
que, a diferencia del pasado, afecta el crecimiento del empleo:
el diesel ha subido cuarenta y seis por ciento, entonces no
nos digan que la inflación es del cinco. Por otro lado, la
inseguridad se traslada a un problema de violencia callejera.
La gente no es más o menos asaltada que antes, hoy corre más
riesgo de morir en las calles por una violencia que no está
necesariamente dirigida a ella, lo cual no tiene ningún ejemplo
desde la Revolución. Pudiera tener parangones con la Guerra
Cristera, cuyas causas fueron otras, incluso con cargas religiosas
y morales aceptadas, pero la violencia no tiene equivalente,
es inédita, a ningún gobierno del PRI le pasó.
Por otra parte,
no hay liderazgo. En momentos difíciles para el país, como
el final de la Guerra Cristera, estaba Lázaro Cárdenas, gobernador
de Michoacán, que en la expropiación petrolera ya era presidente.
En las grandes dificultades teníamos liderazgos, no sólo en
la presidencia, sino en quienes conducían las finanzas nacionales.
¿Que me digan si el señor Cordero (secretario de Hacienda)
llena los zapatos de Carlos Tello, David Ibarra, Pedro Aspe,
José Ángel Gurria y del mismo Francisco Gil?
Mientras en
México no hay rumbo claro, el resto de los países llaman al
sacrificio para apostarle a algo. Por ejemplo, en España y
Argentina el turismo se convirtió en política de estado. Aquí
un día nos dicen que hay que deschatarrizar y al siguiente
que hay que estar alegres porque viene el centenario y el
bicentenario. Esta falta de rumbo es lo que más agobia hoy
a los mexicanos.
En
el ensayo “Un futuro para México”, Jorge Castañeda y Aguilar
Camín proponen un presidencialismo fuerte, un Congreso acotado
y gobernadores apegados estrictamente a sus funciones.
» Lo leí y no puedo estar
en desacuerdo con todo ni de acuerdo en todo. Hay fenómenos
que se creen inéditos y propios del país, pero no, están en
muchas partes. En Venezuela, la fuerza de los gobernadores
llega a competir con la del presidente Chávez, en Argentina
salvaron al país en el peor momento de su historia reciente,
en España el poder de quienes dirigen las provincias es impresionante
en determinados momentos. Si (los gobernadores) no se convierten
en figuras nacionales, ¿de dónde va a salir ese presidente
carismático? Tiene que aparecer de alguna parte. Ser un país
federal, no centralista, presupone entidades fuertes para
tener un todo fuerte, no entidades débiles para que el todo
sea fuerte. Si creemos que se requiere un presidente fuerte
para darle rumbo al país, ¿de dónde vendrá ese líder? La historia
de México enseña que los líderes tienen características personales
para serlo. ¿Cuál es la gran figura del siglo XIX mexicano?
Benito Juárez, sin duda. Era un presidente sin país, pues
una buena parte lo tenía en sus manos el imperio. ¿Qué otro
presidente fuerte? Lázaro Cárdenas. Empezó sin serlo porque
el que mandaba era Plutarco Elías Calles. Entre las cualidades
de un líder destaca también su proyecto de nación, cómo puede
llegar a consensos y cómo toma decisiones acertadas en el
momento oportuno. No se puede crear un presidente fuerte por
ley, porque así podría convertirse en dictador.
Parte del problema
de México es que la clase política que hoy gobierna —me refiero
Acción Nacional— no está a la altura de los problemas del
país. No es una observación partidista, pues tendría que reconocer
que el PAN ha tenido líderes brillantes como Carlos Castillo
Peraza. Pero insisto, no es una cuestión partidista, es que
sencillamente los nombres actuales no nos dicen nada.
El momento más
grave de la historia se da en el siglo XIX, con la Reforma,
pues el país se pudo haber deshecho. Ya habíamos perdido la
mitad del territorio y con la invasión podíamos perder el
resto. Sí, sólo que al momento más grave correspondió también
la generación más brillante de mexicanos. Cárdenas y Madero
lo fueron en sí mismos, aunque sean cuestionables, pero como
generación el grupo más sobresaliente fue el de la Reforma.
Uno de ellos igual podía ser secretario de Hacienda que de
Relaciones Exteriores, secretario de Justicia o miembro de
la Corte; el mismo Juárez es gobernador. Todos son escritores,
periodistas, estudiados y muchos de ellos políglotas. También
combinan, como Altamirano, ser representantes de etnias indígenas;
o como Vicente Riva Palacio, militar y literato. México no
tiene hoy esa generación brillante. ¿Que me digan dónde están
los grandes cuadros? No están en el gobierno.
El país requiere
en estos momentos nacionalismo. Que me digan ellos (el PAN)
si son nacionalistas y cómo lo defienden. Sin cuadros brillantes
no hay rumbo, les podemos ofrecer todas las facultades del
mundo y aún más: darle al presidente la facultad de iniciativa
preferente que pide para que sus iniciativas lleguen y tengan
que ser discutidas. ¿Y si son malas y son votadas en contra?
¿Y si no hace los consensos? La reforma política que mandó
el señor presidente ¿es para que pase o para que no pase?
Si es lo primero, propuso cosas que no van a pasar. No porque
estén mal en sí, sino porque algunas contradicen los intereses
de los actores políticos. Estoy de acuerdo con la reelección,
pero no con que se limite a los partidos pequeños y viceversa.
¿Lanzó la iniciativa para que no pasara? Lo va a lograr, porque
no tiene consensos de nadie, no salió acompañado de nadie,
fue algo mediático. Cuando el presidente Salinas lanzó el
reto de reformar el artículo tercero (sobre educación), tenía
el consenso del Sindicato y de los gobernadores, que eran
de su propio partido. Dicen ‘el PRI es autoritario’, pero
tengo cuando menos los ejemplos del GATT y de la reforma escolar,
cuyas negociaciones duraron meses. Eso del autoritarismo se
confunde a veces con oficio político. El presidente Salinas
no salió y dijo ‘voy a transformar el sistema educativo y
a pasarlo a los estados’, sin que los gobernadores supieran.
Otros dos ejemplos:
el presidente Calderón ha anunciado cosas que nadie sabe que
van a suceder. Una es la reforma educativa. La presentó sin
ningún consenso —se supone que ya lo tenía con el Sindicato—,
pero la relación laboral con los trabajadores, según la ley,
no la tiene él, sino los estados. No digo que sea bueno o
malo lo que el presidente propuso, lo que digo es que no va
a suceder. En el caso de la reforma política, si tampoco tiene
el consenso de nadie ¿cómo va a pasar? La política es importante
porque es el único instrumento de acuerdo que tenemos. E4
La reforma de
Calderón es
Propaganda Política
El
presidente recoge en su iniciativa la exigencia ciudadana
de reducir el tamaño del Congreso y además plantea la reelección
inmediata de alcaldes y legisladores.
» Estamos de acuerdo,
pero seamos honestos. Digamos también a la gente que la medida
no resolverá los problemas económicos del país. El presupuesto
para los diputados, con o sin dispendio, no es significativo
en relación al presupuesto nacional. Hay más subsecretarios
que legisladores, pues de cuatro mil directores de área que
existían en el pasado, la cifra pasó a treinta y ocho mil.
La reducción de diputados puede hacer al Congreso más ágil,
pero no se puede permitir que se elimine a las minorías. Si
sucede, esos grupos tratarán de expresarse de otra manera,
y ¿dónde los queremos?, ¿en las calles, en la sierra, armados,
o en la Cámara de Diputados? Tan sencillo. Estoy de acuerdo
con la reelección, pero que nos diga cómo lo va a hacer y
quién va a elegir. En otros lugares, los diputados y senadores
se han convertido en expresión de los poderes fácticos. En
Estados Unidos, el índice de reelección de diputados supera
el ochenta y cinco por ciento y hay senadores que duran en
el cargo más de cuarenta años. La gente debe saber todo esto
y decidir. La segunda vuelta en las elecciones presidenciales
no es buena o mala, pero por qué ahora que el PRI puede ganar
sale con esta novedad para tratar de evitarlo. El PRI no va
a aceptar.
Algo que no se ha dicho es que en la segunda vuelta quieren
que venga la elección de diputados. Los partidos pequeños
no van a querer, porque cuando se sumen a un partido, por
decir al PRI, nadie va a votar por sus candidatos. Eso tampoco
va a pasar. Propongo un símil, no es que ese matrimonio sea
inconveniente, sino que hay que saber cómo plantearlo, pues
de lo contrario no se dará. En un país presidencialista, el
paso debe darlo necesariamente el presidente, porque los quinientos
diputados representamos intereses y partidos distintos. Ellos
dicen que en otros parlamentos funciona. Sí, en un régimen
parlamentario, pero no en el diseño mexicano.
La propuesta de reforma política es propaganda política. El
presidente juega perversamente y cuando no pase, por errores
o porque se planteó así para que no pasara, va a decir: ‘Miren,
la Cámara de Diputados no me ayuda”. Tampoco será efectivo
en la búsqueda de votos porque el gobierno abre frentes a
diario. Un día pelea con los periodistas, otro con los empresarios;
un día riñe con la sociedad, otro con los partidos; un día
enfrenta a los sindicatos, otro a los medios de comunicación,
que son distintos a los periodistas. También pelea con los
países con los cuales podría tener relación. Al final, esto
es como la liga del futbol: qué lugar ocupas. Hoy Brasil lucha
para ser la quinta potencia económica mundial. Nosotros pasamos
de la novena a la décima cuarta posición, esa es la realidad,
lo demás no interesa. El día que los mexicanos empecemos a
pensar así, nos irá mejor. Echarle ganas no cuenta, cuentan
los resultados.
En
este contexto de crisis nacional y desanimo social, ¿cómo
se ve a Coahuila y al PRI desde la Cámara de Diputados? ¿Cuál
es el contraste?
» El gobierno del profesor
Humberto Moreira es el mejor calificado del país por sus electores,
lo dicen las encuestas y lo publican los medios. Pero además
se sostiene en popularidad, mientras los demás actores suben
y bajan. Esto es importante porque brinda estabilidad, permite
proyectar a mediano y largo plazo y el ciudadano puede apalancarse
para hacer otras cosas. Es un gobierno estable, no caótico.
Somos un estado esencialmente industrial y agropecuario, y
por eso no tenemos un turismo fuerte. Pero la planta productiva
es automotriz y la crisis internacional empezó en este sector
por problemas de regulación del mercado. Veintiséis estados
del país tienen relación con la fabricación de vehículos —Coahuila
es la punta del sector—, pero falta una política nacional
que la respalde. Canadá, Estados Unidos, Alemania, Italia
y Brasil tuvieron políticas de estado muy decididas para salvar
la industria automotriz con inversiones muy fuertes y apoyo
directo a las empresas. En México, el gobierno federal no
instrumentó más que un chascarrillo que se llamó deschatarrización.
El gobernador Moreira le apostó a la industria y hoy repunta
la venta de vehículos, la contratación de personal y la confianza
del inversionista en un gobierno que lo apoya, pero falta
una política nacional y no podemos sustraernos. Otra ventaja
es la llegada de empresas que el gobernador Moreira consiguió
en su primer año y que hoy se consolidan, como la armadora
Freightliner, la cervecería Corona en el norte del estado
y otras de la región centro. Coahuila se ve como un estado
de excepción, donde la economía no se ha afectado tanto como
en el resto del país.
Obviamente, existen indicadores engañosos. El estado ha perdido
empleos, sí, pero en otros lugares no los había y entonces
no los podían perder. El mal de muchos no es consuelo de unos
pocos, pero es lo que pasa en la realidad. El presidente Calderón
apuesta a que Estados Unidos se recupere y en esa expectativa
Coahuila será uno de los primeros a los que les vaya bien.
Mientras tanto, avanza en desarrollo social y en infraestructura.
La poca bonanza que le tocó al gobierno actual, me refiero
a las participaciones federales y a todo esto, la supo aprovechar,
no se dilapidó, está en las carreteras Monclova Cuatro Ciénegas,
Acuña Piedras Negras, en caminos rurales y vialidades, lo
cual nos permitirá empezar un escalón más arriba que otras
entidades cuando empiece la recuperación. E4
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