Edición 371
26 de enero al 8 de febrero de 2010
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
La raíz del atraso
El temor de los gobiernos autoritarios y cerrados es que se les contraste con estados libres y democráticos. Mientras no exista comparación, las cosas funcionan más a menos a la medida de sus deseos, pues disponen de la fuerza para reprimir cualquier disidencia. A pesar de que México se abrió al mundo en las últimas décadas, su clase gobernante mantiene muchos de los esquemas rígidos del pasado, sobre todo en materia económica y política, lo que explica en parte su rezago aun frente a países equivalentes.

Sergio Fajardo cobró notoriedad en México —la cual le precedía ya desde Colombia— por la conferencia que dictó en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey el año pasado. Ante profesores, alumnos y empresarios, narró sus experiencias como alcalde de Medellín en el período 2004-2007. Respaldado por una gestión exitosa, ahora aspira a la Presidencia, más allá de lo que el Tribunal de Justicia decida sobre la elección de Álvaro Uribe para un tercer mandato. Colombia ha ganado respetabilidad en el mundo por el esfuerzo de su pueblo y el liderazgo de Uribe, mientras Venezuela empieza apenas a pagar la borrachera de poder del dictadorzuelo Hugo Chávez.

Fajardo es científico —doctor en matemáticas—, no político, y como tal demostró que cuando se gobierna con decisión, claridad de miras, honradez y transparencia, es posible transformar aun las comunidades más complejas. En su caso, convirtió a una de las ciudades más violentas y desprestigiadas del planeta —por efectos del narcotráfico y la corrupción de los partidos y las autoridades— en una capital segura y, aún más importante, con esperanza. Varios proyectos de su administración obtuvieron premios internacionales.

Para recuperar Medellín, Fajardo empezó por volver confiable la política, de la única manera que es posible hacerlo: con congruencia entre las palabras y los actos, entre la prédica y el ejemplo, sin negociar con crimininales ni renunciar al ejercicio del derecho. Pero tampoco sin criminalizar a los grupos que por su condición social suelen ser condenados a la marginación y no pocas veces empujados al delito. Mediante la aplicación íntegra y rigurosa del presupuesto, dotó a niños y jóvenes de instalaciones semejantes a las que sólo tenían acceso los sectores más pudientes.

Ante un público entre entusiasmado y atónito por lo que escuchaba, Fajardo identificó lo que envilece la política, aleja a los ciudadanos de las urnas e impide dar los pasos que él consiguió en Medellín: “… de la forma en que se llega al poder, así es como se hace la gestión pública. El que paga para llegar, llega a pagar y paga con los recursos públicos. Esa es la corrupción, la politiquería, el clientelismo. Son la raíz que nos ha hecho tanto daño”. En México necesitamos líderes como él y ciudadanos como los de Colombia. Cuando los tengamos y lo seamos, podremos cortar de raíz nuestros problemas más profundos. Sólo entonces.
 
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