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  Alejandro Gutiérrez, manual del perfecto ladrón
 
Edgar London
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  Fue en una película, no recuerdo cuál. Pero el argumento que un criminal exponía a otro dentro del celuloide, sí lo atesoro muy bien. El mejor atraco no es aquel donde el ejecutante escapa, sino aquel por el cual el ladrón se declara culpable y paga su falta ante la justicia. El truco consiste en lograr a toda costa que el castigo sea inferior al botín obtenido. Mientras más exagerada la diferencia, mejor el resultado. Recordemos que nadie puede ser procesado judicialmente dos veces por la misma causa.

En este sentido, Alejandro Gutiérrez Gutiérrez, exsecretario general del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y flamante exsenador por Coahuila, hizo la jugada perfecta. Como ya se conoce, el 13 de mayo este pintoresco político, colega de artimañas de otro grande de las pillerías, el exgobernador César Duarte, fue declarado culpable del delito de peculado agravado por el desvío de un millón 740 mil pesos del erario de Chihuahua en 2015.

La pena que deberá cumplir es de tres años de prisión cuando la Fiscalía General del Estado había solicitado mínimo cuatro, máximo 12. Además, habrá de cubrir una multa por el ridículo monto de 35 mil 050 pesos. Nada mal para quien se embolsó casi dos millones de pesos. O mejor dicho, para alguien a quien se le comprobó haberle regateado esa suma a las arcas del estado. ¿Quién sabe cuánto dinero permanece a las sombras? Fueron aproximadamente 250 millones los que «desaparecieron» en el llamado PRI Gate, mientras Alejandro Gutiérrez era operador financiero del tricolor Nacional. Pero no sólo eso. A ese tiempo punitivo habrá que descontarle los ocho meses que ya estuvo tras las rejas. Rejas que no volverá a ver. Al menos no por este desfalco pues los dos años y fracción restantes los pasará bajo el beneficio de la libertad condicional. En otras palabras, descansando en su casa.

No comprendo entonces por qué Javier Corral califica el resultado como una «gran victoria para hacer justicia a los y las chihuahuenses que fuimos víctimas del saqueo de recursos» (quizás se precipitó pues al momento de pronunciar esta frase, si bien los jueces ya habían declarado culpable a Gutiérrez, todavía no se pronunciaban sobre el castigo). Es más, ahora el exsecretario general del PRI es quien toma la iniciativa tras interponer una denuncia por tortura contra el propio Corral por presunta tortura psicológica mientras estuvo preso en el Centro de Readaptación Social estatal del municipio de Aquiles Serdán. De igual manera, presentó quejas ante las comisiones Nacional de Derechos Humanos e Interamericana de Derechos Humanos. ¡Cuidado Corral, no sea que se voltee la tortilla!

Ignoro, asimismo, si cuando el presidente López Obrador habla de combatir la corrupción y hacer justicia, se refiere a este tipo de soluciones porque, si Alejandro Gutiérrez personifica un ejemplo, habrá fila para la próxima ratería. Lo que sí me queda claro es que aquella película cuyo título ahora no recuerdo, el exsenador debió haberla visto. No digo que de ella aprendiera sus mañas. Esas las desarrolló en el PRI, en Chihuahua y, por supuesto, acá en Coahuila. Sólo saco la hipótesis a colación por si el señor lee esta columna y se anima a salvarme de mi propia desmemoria. Muy parecida a la amnesia colectiva con que el tiempo terminará por dejarlo navegar hacia el oportuno olvido, disfrutando de sus millones y tomando un trago en algún lugar ignoto, Las Bahamas, quizás, o Palacio de Gobierno, da igual.

 
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