Espacio 4
Ediciones:
  Facebook Twitter
Inicio Gobierno Sociedad Política Medios Luces y sombras Opinión Firmas El pez en el agua
 
 
  Edición 607
  De Yalitza Aparicio a Liam Neeson, ¿mojigatos o racistas?
 
Edgar London
Twitter: @EdgarLondonTuit
Sitio Web: www.edgarlondon.com
Email: correo@edgarlondon.com
   
  De ceros y unos está conformado el código binario con que funcionan nuestras computadoras. De blanco y negro parecen estar hechos los criterios y razonamientos que, desde esas mismas computadoras, los cibernautas publican en la red.

Ya aburre, por no decir harta, la polémica en torno a la actriz mexicana Yalitza Aparicio, dada su fisionomía —¡y no su trabajo!— en la película Roma. Lo que comenzó con opiniones aisladas, donde se le llamaba fea o la calificaban de india —con mala leche, que conste— derivó en una batalla campal en las redes sociales que, como suele ocurrir, a estas alturas ya es difícil definir motivos y trazar argumentos. Por un lado están quienes la menosprecian dada su apariencia aborigen, lo cual carece completamente de fundamento, y por el otro, se atrincheran aquellos que califican de racista a quien se atreva a poner en duda su belleza.

En similar tenor, como si no bastara, el actor británico Liam Neeson recién ha sido colocado en el centro del patíbulo, también acusado de racista, por declarar el lunes 4 de febrero al diario The Independent que ¡hace 40 años! estuvo dispuesto a matar a cualquier «negro bastardo» para vengar a una amiga que había sido violada por una persona de esa raza.

Más allá de acusaciones e improperios, destacan la obcecación y el fanatismo de defensores y detractores a nivel mundial. Es alarmante esta circunstancia porque se convierte, ipso facto, en el único eslabón que hoy emparenta a las personas más allá de su ideología: el extremismo. Me recuerda la fatídica frase (conocida por la mayoría de los cubanos) «dentro de la Revolución todo, contra la Revolución nada», pronunciada por Fidel Castro en un encuentro con intelectuales, el 30 de junio de 1961. Algo muy parecido al popular «si no estás conmigo, estás en contra mía» que ha sido estandarte de todas las dictaduras, no importa época o continente, y ha cobrado la vida de millones cuando la imponen personajes como Adolf Hitler, a propósito, uno de los nombres más socorridos, actualmente, en las publicaciones que recrean los debates en torno a Yalitza Aparicio o Liam Neeson y que no viene precisamente firmado por Marine Le Pen.

¿Sabrán quienes lo mencionan que el mayor problema de Hitler nunca consistió en que viviera convencido de la supremacía de una raza sobre otra, a partir de supuestos estudios científicos de su época que, a propósito, curiosamente fueron «avalados» por James Watson, ganador del premio Nobel en 1962 tras su descubrimiento de la estructura de doble hélice del ADN, y a quien le retiraran sus títulos honorarios después que reafirmara que los genes influyen en que prevalezca una diferencia negativa en el promedio que consiguen los negros con respecto a los blancos en pruebas de inteligencia? No. La médula del caótico y mortal proceder del Führer fue no darle espacio a esas aparentes razas inferiores. La absoluta falta de tolerancia —elemento sustantivo del racismo y la xenofobia— fue la excusa que terminó por desencadenar dos guerras mundiales y ahora pulula y se multiplica en Internet, plataforma ideal para reventar las pústulas de los caracteres más ácidos y mediocres, encubiertos bajo la inicua bondad de defender al prójimo.

No es necesario cursar una carrera de psicología para identificar, a veces entre líneas, a veces abiertamente, los traumas propios de algunos firmantes que no encuentran otro aliviadero para sus penas personales que criticar, insultar o amenazar a aquellos que no comparten su credo o comportamiento. Si en un momento de ira, Liam Neeson salió a buscar venganza de la manera más absurda, no lo convierte en racista, si acaso en un ser inmaduro o sencillamente, estúpido, —al menos en ese episodio— igual que muchas personas pueden temerle a los perros sólo porque alguna vez fueron mordidos por alguno. Si hay quienes consideran fea a Yalitza Aparicio, tampoco tienen porqué ser tildados de racistas. Miles de personas aseguran que Lyn May es físicamente caricaturesca, ¿eso los convierte en xenófobos?

Tolerancia, aceptación, integración —en ese orden— podrían acabar con este circo mediático que se alimenta de lo peor de los seres humanos y lo propaga como si fuera lo mejor de nosotros mismos.

Por suerte, las guerras en las redes son menos dramáticas y no terminarán colocando a Yalitza Aparicio en un campo de exterminio ni a Liam Neeson frente a un pelotón de fusilamiento, pero, no por eso, resultan menos hirientes a escala personal y, eso sí, son mucho más ridículas desde una perspectiva humana e intelectual.

 
Otras publicaciones
El arduo camino de la creación
Esta sufrida democracia latinoamericana
¿Periodismo local o foráneo?
Cultura, industria... realidades
La lectura como proceso creativo
De eufemismos cubanos y coyunturas peores
Escritores, personajes, ¿o todo da igual?
Palabras en jaque
Gringo mata a mexicano… mexicano mata a hondureño
Con Dios al borde del camino
Medios evolucionan, pero la literatura persiste
Maciel, Naasón… el diablo sigue de fiesta
México: dinosaurio digital
Juego de Tronos y elefantes rosados
Alejandro Gutiérrez, manual del perfecto ladrón
Carroña bolivariana
Las cenizas de Notre Dame
¡Guamazo a Moreira!
Reyes Flores, ¡hágase valer!
Comunismo a la mexicana
   
Publicidad
 
Espacio 4 © 1995-2019. Todos los derechos reservados Espacio Editorial Coahuilense, S.A. de C.V.

De no existir previa autorización, queda expresamente prohibida la publicación, retransmisión, edición y cualquier otro uso de los contenidos.

Ir arriba